La noche cayó sobre la Frontera Gris. Maelhor observaba desde sus aposentos.
El lugar lo había dejado sin aliento y, al mismo tiempo, lo había llenado de esperanza. Si existían líderes como don Esteban, no todo estaba perdido.
Maelhor se sentó en un sillón blanco, derrotado. Amadeo era un hueso duro de roer, en especial cuando se trataba de sus tierras.
Sofía, en cambio, estaba sentada junto a una pequeña mesa baja, todavía con un plato entre las manos: frutas, pan recién horneado.
—Será imposible convencer a Amadeo —murmuró Maelhor, frotándose la sien—. No cederá.
Sofía masticaba con una concentración admirable.
—Mm.
Maelhor se detuvo.
—¿Me estás escuchando?
Ella tragó con calma, tomó agua y lo miró como si acabara de regresar.
—Claro que sí. Solo pídele a la reina Sonja que hable con él.
Maelhor parpadeó.
—¿A Sonja?
—Es la única capaz de hacerlo entrar en razón.
El rey dejó escapar una exhalación lenta.
—Sonja es… temperamental e intimidante.
—Sí, pero —añadió Sofía con una sonrisa torcida— es justa. Si le expones bien la situación, hablará con Amadeo.
—Bien, pero habla tú con ella. Tienen mejor relación.
El rey la observó con incredulidad mientras comía. Generalmente, y como un acto de pura vanidad, no solía comer más de tres bocados.
—¿Tienes tanta hambre?
Sofía miró el plato, luego su vientre y después a él.
—He comido tanto que no sé cómo me cabe más comida.
Le dio otro bocado, imperturbable.
—Y me he bañado tres veces.
Maelhor soltó una risa genuina.
—Yo también me di un baño —sacudió la cabeza—. Es ridículo lo bien que se siente.
Sofía suspiró, satisfecha. Luego notó algo en su expresión.
—¿Todo bien?
Maelhor desvió la mirada.
—No quiero parecer débil ante Ardent.
Sofía lo pensó un momento.
—El reino de Ardavan solo cuenta con esas tierras para el cultivo, ¿verdad?
Su esposo asintió.
—Me parece extraño lo de la plaga. Las tierras que ellos tienen usan el agua de estas regiones… ¿por qué aquí no hay plaga?
—Amadeo me dijo que el informe vino del coronel Rojas.
Sofía resopló.
—Amadeo cree ciegamente en ese hombre. El mismo que vendió a su hija y no le importa nada más que sus intereses. No creo en esa plaga. Algo más está pasando y estoy segura de que ese coronel tiene algo que ver. ¿De dónde salió la comida para el aniversario?
Ambos guardaron silencio, pensando.
—Ahora que lo mencionas, Leonte tenía su propio vino… ¿de dónde lo consiguió?
Sofía meditó.
—Las hermanas de Leonte tienen alianzas con reinos poderosos por sus matrimonios. Es normal que él tenga comida y vino.
—El reino de Leonte es el más descontento. Si ese chico tiene vino y comida, es para él, no para su pueblo.
Sofía lo miró con seriedad.
—Maelhor, si nos separamos del Vínculo… ¿qué representa eso para nosotros?
Maelhor bajó la cabeza y suspiró.
—Significa tener un enemigo inestable y poderoso.
Sofía frunció levemente el ceño, como si una idea tardía acabara de alcanzarla.
—¿Dónde está Lián?
Maelhor no respondió de inmediato. Se acomodó en el sillón, pensativo.
—Como madre… no quieres saberlo.
Sofía alzó una ceja.
—¿Y cómo reina?
Maelhor dejó escapar una leve sonrisa.
—Como reina debes saber que está conociendo más de las tierras… y de quienes viven en ellas.
Sofía lo observó unos segundos, en silencio, y luego negó con la cabeza.
—Déjame adivinar, el chico está durmiendo con alguien. Él no era así. Desde que está con Leonte se ha vuelto… promiscuo.
Maelhor soltó una risa baja.
—Promiscuo es una palabra fuerte. Además, Lián y Leonte han sido amigos desde niños, la nueva faceta de Lián no es culpa de Leonte, tiene veintidós, quiere divertirse.
—Debe casarse y sentar cabeza —continuó ella, ignorándolo.
—Vamos —replicó Maelhor con ligereza—. Es normal que quiera explorar.
Sofía lo miró con firmeza, casi cortándolo.
—No, que explore a Caius. Lián será rey. No puede darse ese tipo de… libertades.
Maelhor no pudo evitar reír esta vez, una risa más abierta, casi divertida.
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Editado: 16.04.2026