Los Sin Trono

21 - Pensar en el futuro

El sol caía sobre los campos como una bendición tibia, y allí estaba Sonja, con las manos hundidas en la tierra húmeda, sembrando futuro entre hileras verdes.

Arianne la observó desde la distancia. No vio una reina. Vio a una mujer riendo.

Se acercó a un joven jornalero.

—Ha estado trabajando desde la mañana —le dijo él, señalando a la muchacha a su lado—. Le enseña a la joven.

Ambas vestían gasa blanca. El viento jugaba con las telas, y las risas brotaban con la naturalidad de un arroyo. Sonja inclinaba la cabeza hacia Isabella mientras le mostraba cómo cubrir la semilla con delicadeza.

No parecía la esposa del rey Amadeo.

Parecía una madre feliz.

Pero Arianne no olvidaba quién era.

Se acercó.

—Deberían descansar un poco —dijo, con una sonrisa que no llevaba filo.

Sonja evaluó su voz, buscó ironía en sus ojos. No la encontró. Solo una cordialidad serena.

—Isabella, ve a tomar agua —ordenó con suavidad.

La joven se alejó contenta.

—Es hermosa —comentó Arianne.

La risa de Sonja se apagó un poco.

—Siempre la han buscado hombres mayores por su apariencia. Pero es una niña. Y quiero que lo sea. Eso lo he defendido con uñas y dientes.

Arianne señaló la sombra generosa de un árbol cercano.

—Siéntate conmigo.

Sonja bebió agua antes de hablar.

—Sabes cultivar — dijo Arianne sorprendida.

—Algunas cosas nunca se olvidan —dijo — en especial cuando te las enseñaron con amor.

Hubo un silencio breve. El aire cambió.

—¿Por qué traicionar a Amadeo? —preguntó Arianne, directa—. Es el rey.

Sonja sostuvo su mirada.

—Amadeo me traicionó primero. Cuando dejó de ser el hombre amable y responsable que amaba. Ahora es solo un bruto con sed de poder. Y es una lástima… porque a veces puedes seguir amando a alguien que ya no está. Aunque respire frente a ti.

El viento agitó las hojas sobre ellas.

—Mi padre confía mucho en mí —dijo Arianne—. Pero yo no confío en ti.

—No me sorprende —respondió Sonja sin ofenderse—. Solo quiero un lugar donde mi hija y yo podamos vivir en paz. Ni siquiera la Frontera Gris podrá protegernos para siempre. Amadeo no sospecha que esté aquí… pero si lo descubre, nuestras vidas, y las de todos, estarán en riesgo.

La tensión regresó como una cuerda que vuelve a tensarse.

—¿Cómo fue el ataque a la base? —preguntó Sonja.

Arianne apartó el cabello de su nuca y mostró la herida.

—Tu hijo me hizo esto.

Sonja la examinó con atención.

—Te marcó. Así sabrá quién eres la próxima vez. Deberías cubrir esa herida. Curarla bien.

—Lucien es sanguinario.

—No —dijo Sonja con firmeza—. Es un buen chico. Solo no entiende la justicia ni el deber. Defiende ciegamente lo que su padre le pide. Cree que la familia es lo más importante.

Arianne bajó la mirada hacia la tierra sembrada.

—¿Qué pasará cuando el rey sepa que no estás?

—Seguirá con su vida. Hace años dejó de amarme. Ahora tiene a Olivia. O a Bruna. Yo soy solo una mujer de más de cuarenta que dejó de ser deseada por un rey.

Arianne arqueó una ceja.

—Sin ánimo de parecer amable… eres atractiva.

Sonja sonrió, sin vanidad.

—Lo sé. Pero no soy más atractiva que una joven de veinte como Bruna, ni una mujer de treinta y dos como Olivia. Soy una mujer madura. Y no me avergüenza. Solo no quiero seguir viviendo a los pies de nadie.

Arianne observó los cultivos que crecían rectos bajo el sol.

—Tristemente, esa es la realidad de quienes no tienen corona. Vivir a los pies del rey.

Sonja negó despacio.

Sus ojos brillaron con una convicción serena.

—Arianne… incluso con corona puedes vivir arrodillada

Sonja la miró largo rato. No con superioridad. Con experiencia.

—Te daré un consejo de mujer a mujer —dijo finalmente—. Eres fuerte. Decidida. Pero sigues siendo mujer en un mundo que finge no verlo. Si quieres defender tus tierras… necesitas un hombre.

Arianne no tardó en responder.

—No quiero eso.

Sonja esbozó una media sonrisa.

—Nadie lo quiere. Pero el querer y el necesitar rara vez duermen en la misma cama.

El viento levantó polvo entre los surcos recién sembrados.

—En el aniversario —continuó Sonja— una de mis sirvientas juró que Leonte tenía interés en ti.

Arianne frunció el ceño.




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