Apresurado, escoltó al grupo de estudiantes y bajaron juntos por las escaleras mientras que sus fuerzas eran restauradas poco a poco por una chica y un chico de aproximadamente dieciséis años. Cuando llegaron a la planta baja, encontraron los cuerpos de sus prisioneros, los cuales siguieron estáticos en el lugar donde cayeron. Algunos de los menores intentaron desahogarse con ellos, más Rodolfo se los impidió argumentando que mejor guardaran todo el poder bendito posible en caso de que lo necesitaran más adelante. Fue así, que lo terminaron guiando hacia los baños de educación básica, lugar en donde se reencontró con Emy Martínez, quien todavía vestía las túnicas y las máscaras de los seguidores de Nuevo Amanecer.
Un par de los rescatados, sobre todo los hombres, no dudaron en atacarla, pero para sorpresa del gran caballero, la mujer logró evadir todas y cada una de sus técnicas con gran agilidad, revelando así su identidad para, a continuación, llamarlo por su nombre con toda la familiaridad del mundo.
No pudo evitar comparar su situación con la de su maestro y Yanet. Quizá, así se sentía tener una “aprendiz”.
- ¿Por qué no me esperaste detrás del pabellón como te lo indiqué? ¡Me diste un gran susto! _preguntó serio, mismo papá enojado.
- Usted tampoco me dijo que atacaría a los rebeldes de la entrada. Si lo esperé, pero cuando los vi caer, supe que era mi oportunidad para venir sin ser detectada. ¡El camino estaba despejado! _lo miró a él y a los casi veinte jóvenes que lo acompañaban_. Lo suficiente como para que tampoco tuvieran problemas.
- Ok, buen punto. Pero, todavía no respondes mi pregunta. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no has rescatado a tus amigos?
- ¿Cómo quiere que haga eso? En el auditorio dijeron que tenían este lugar marcado. No me sorprendería que hubiera alguna trampa por aquí _alzó la mirada en busca de más encapuchados, pero el terreno estaba despejado. No había nadie más que ellos en los exteriores de los servicios higiénicos. El silencio interior, sin embargo, fue algo que puso nervioso a Orihuela, quien con un gesto les pidió a todos que se apartaran un poco para que pudiera apoyar la cabeza en la puerta de madera de resguardaba el baño para hombres.
Intentó concentrarse cerrando los ojos, en busca de alguna presencia que se le hiciera más o menos familiar. No hubo rastros de Rita por ninguna parte, pero sí fue capaz de identificar una gran fluctuación de energía brotando cerca de ellos.
Esa era la sensación que producían las técnicas benditas al momento de ejecutarse. Alguien los estaba esperando del otro lado.
Rápidamente, alzó ambos brazos con fuerza para crear una muralla de tierra delante suyo. Acción, que sorprendió a todos sus acompañantes, quienes no dudaron en preguntarle qué sucedía.
- ¡No hay tiempo! _respondió, desesperado_. ¡Amyllierth! ¡Necesito que te los lleves a todos cuanto antes! Vayan a los estacionamientos para carruajes. Mis compañeros los estarán esperando allá.
- ¿Qué? ¡No! ¡Mis amigos siguen adentro! ¡No me iré sin ellos!
- ¡Ya basta! ¡Si aprecias tu vida, entonces vete! ¡Obedece!
Quiso prometerle que él se encargaría de rescatarlos, que no se iría de la academia Newton sin ellos. Pero, cuando estuvo a punto de pronunciar su oración, una violenta explosión en el interior de los baños provocó que ambos salieran despedidos por el aire, cayendo de espaldas contra un suelo ya maltratado y rasposo.
Cuando Rodolfo recuperó el movimiento de sus piernas, notó como varios encapuchados salieron del interior de lo que todavía quedaba en pie de los baños de educación básica. Entre sus manos, aprisionaron con fuerza a chicas y chicos quienes rogaban porque los rescataran. Pero, el problema mayor llegó cuando, de entre los escombros, emergió la figura de una huesuda mujer con el maquillaje corrido y la mirada endemoniada.
Sus largos dedos lo apuntaron con todo el odio del mundo.
- ¡Tú! _exclamó la hermana Rita, rodeada por su sequita de rebeldes_. ¡Maldijo hijo de perra! ¡Estuviste a punto de matarme!
- ¡No sabes cómo me arrepiento de no haberlo hecho! _respondió Orihuela en el acto sin descuidar a los muchachos que todavía respondían a sus cuidados. Emy y un par de hombres del grupo se envalentonaron y no dudaron en adelantarse unos pasos para alcanzarlo_. ¡Escucha! ¡Todavía estamos a tiempo de detener esto! ¡Ignoro cuales serán tus intenciones! ¡Pero ellos no tienen la culpa de nada! ¡Déjalos ir! Si lo haces, te prometo que ordenaré que quiten el escudo que rodea la academia.
- ¿Y de qué me sirve que hagan eso? ¡Si al final, tu escuadrón se quedará sin poder mágico dentro de poco! _volvió a mofarse en su cara con descaro. Acción que provocaba en Rodolfo la más profunda rabia_. ¡Tenlo presente, caballero! ¡Yo no tengo las de perder! Tú, en cambio, estás obligado a detenerme antes del amanecer. ¿Qué? ¿Acaso creíste que fuiste el único que lo pensó? ¡Pues, te equivocas! ¡Ya he estado en esta situación centenares de veces en el pasado! Y todas las gané por el simple hecho, de que al igual que tú, todos desconocían de lo que era capaz de hacer con mi maldición.
Contó a los hombres que la escoltaban. En total, eran siete los enmascarados. Con un poco de suerte, los estudiantes que rescató podrían hacerse cargo de ellos si cooperaban con Emy y sus amigos. La situación era desfavorable para él y eso lo sabía a la perfección. Por desgracia, a esas instancias de la batalla, ya no tenía más opciones de donde escoger. Por lo que, apenado, el gran caballero le pidió a su compañera que se hiciera cargo de la situación.