Los Sobrevivientes: El amigo perdido

Capítulo 4. Nuevo Amanecer

Dos esferas de agua se arremolinaron sobre las manos de Sebastián y este, no dudó en lanzarse al ataque para defender a Luciana, quien se plantó firme en su lugar con las manos extendidas. Un brillo inusual de color verde fosforescente la envolvió, lista para defender a su amigo en caso de que las cosas se salieran de control.

El primogénito de los Robles estuvo a nada de conectar sus ataques en uno de los encapuchados, cuando su poder bendito se bloqueó de repente, dándole a su rival el tiempo suficiente para hacerse a un lado y esquivarlo con suma facilidad. La pelinegra no se dio cuenta, pero su energía también desapareció en menos de un parpadeo. Se enfocó más en ir a socorrer al adolescente, quien no dejaba de quejarse por el impacto que recibió en su frente.

- ¡Vaya modales los suyos, niños! _oyeron ambos. El encapuchado tenía voz de mujer _. ¡Definitivamente la juventud de Melendi no sabe cómo tratar a una dama! _el chico de anteojos alzó la cabeza para verla mejor, preguntándole luego quiénes eran al momento en que Luciana lo abrazó con todas sus fuerzas_. Hubieran empezado por ahí _se quitó la capucha para dejar al descubierto un rostro lozano y claro, de grandes pómulos; ojos cansinos, pero intimidades, acompañadas por ojeras no tan marcadas y labios carnosos. Su caballera oscura, larga y rizada fue su sello característico_. Soy la hermana Rita.

- Ah… Sebastián Robles… _extendió su mano en señal de respeto para estrechársela y esta lo recibió, solo para terminar ayudándolo a ponerse de pie de un leve tirón_... Discúlpenos por haberla atacado, creímos que querían robarnos.

- No pasa nada. Creo que los sorprendimos en mal momento _ambos cruzaron sus miradas, todavía sonrojados_. ¿Todo bien?

- ¡Yo me llamo Luciana Flores! _repitió el saludo_. ¡Y sí! ¡Todo en orden! ¿Podemos ayudarlos en algo?

- ¿Ustedes a nosotros? _la adulta se mofó de ambos por una breve fracción de segundo. Mientras lo hacía, el pelinegro pudo ver como el interior de las mangas de su compañero empezaban a iluminarse de un azul eléctrico parpadeante muy intenso. Esa sensación, ya la había experimentado antes dentro de la academia_. No lo creo. Más bien, diría que es al revés, jovencita. Díganme, ¿alguna vez soñaron con ser capaces de realizar todas las técnicas benditas que estén más allá de sus capacidades? _la pelinegra respondió que sí. Sebastián, en cambio, dijo que físicamente era algo imposible de lograr para un guerrero_. ¡Para nosotros no existe imposibles, niño! ¡Somos capaces de hacer realidad todos tus sueños!

- ¿Ah sí? ¿Y se puede saber quiénes son ustedes?

La desconocida confesó que no tenía permitido responder esa pregunta, más sí les recomendó que se dirijan a la única hacienda para viajeros que quedaba a las afueras del distrito 21, el último dentro del territorio de la ciudad de Amil. Solo así, podrían despejar todas sus dudas y descubrir los secretos que envolvían a su mundo.

- Un hombre vestido como nosotros los estará esperando allá. Digan que vienen de parte de la hermana Rita. Él sabrá qué hacer. ¿Qué dicen? ¿Se animan? Para mandarlos de una vez.

- ¿Cómo? _los chicos buscaron con la mirada, más nunca encontraron algún carruaje estacionado, ni siquiera caballos deambulantes_. ¿Piensan viajar a pie? Puede que no lo parezca, pero de acá hasta el distrito 21 todavía queda mucho tramo. Así que gracias, pero…

Rita achinó la mirada y, poco después, le sonrió con malicia. Luciana se dio cuenta de que estaba a punto de realizar una técnica bendita por el movimiento de sus manos, por lo que intentó sacar a su amigo de su mira en lo que éste decía “no gracias” con los ojos cerrados. Desafortunadamente, su reacción fue tardía.

“Maldición de sombras: ¡Proyección del Dios de las sombras!”

Ambos esperaron ser blancos de una técnica que jamás antes habían escuchado en sus vidas. Pero, nada más alejado de la realidad. Fueron los encapuchados quienes empezaron a ser tragados por un enorme agujero que se formó bajo sus pies. De su interior, emergieron siluetas oscuras que los arrastraron al mínimo contacto, envueltos en una ola de caos y confusión. La adulta les sonrió, triunfante, y desapareció no sin antes resaltar que los vería más tarde. Ninguno supo si lo que acababan de presenciar era real, aunque tampoco tuvieron mucho tiempo para pensar ya que, en menos de un parpadeo, tuvieron el mismo destino, aunque con mayor desesperación.

Luciana fue la primera en ser tragada por las sombras y Sebastián, pese a luchar con todas sus fuerzas en busca de su libertad, al final terminó compartiendo su destino. Ambas piernas, medio torso y parte de sus brazos ya habían sido succionados en su totalidad. No sentía nada, fue como si acabaran de mutilárselas de un corte limpio e indoloro. Lo mismo pasó con su cabeza.

No reconoció nada en su interior, todo estaba oscuro.

Y, cuando menos se dio cuenta, ya se encontraba tumbado en medio de lo que parecía ser un terreno desértico donde lo único reconocible para él fue una carretera con varias carretas y carrozas aproximándose hacia los exteriores de lo que parecía ser una granja de gran tamaño color rojo claro con franjas blancas. Sus puertas, entreabiertas, recibían a los interesados mientras que dos sujetos vestidos con grandes túnicas se encargaban de alimentar a los caballos de sus visitantes con alfalfa y paja en una pequeña edificación situada a escasos metros de distancia.

Su amiga estaba ahí, a su lado, respirando con dificultad. Ambos se abrazaron de inmediato, felices por volver a reencontrarse.




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