Aunque con muchas dudas, Sebastián deshizo su remolino para saltar directamente hacia Jairo. Este juntó todo el aire que pudo sobre sus manos y, entonces, lo mandó a volar en línea recta hacia el camino de destrozos y pavor que dejaba el paso errático de Arturo sobre los tejados de las viviendas del distrito 17 de la ciudad de Amil. Sus rayos todavía eran visibles por momentos, aunque mientras más se acercaba a él, su amigo aceleraba el paso y, por consiguiente, el poder bendito que brotaba de su cuerpo.
Las violentas chispas saltaban para protegerlo, o al menos ese fue su parecer. Debía detenerlo con una sola técnica antes de que el impulso de aire bendito se acabara. No podía igualarlo en velocidad, más sí en astucia. Tenía todo el campo visual a su favor.
En una jugada arriesgada, extendió los brazos para gritar:
“Técnica bendita del elemento aire: ¡Contraataque!”
Su cuerpo cayó sobre el techo de una casa de tres pisos, haciéndose grandes daños en el cuerpo. Pero, no más que Arturo, quien recibió la fuerza de su técnica duplicada sobre sí mismo como efecto del gran escudo de aire que se formó en su frente. Gritó de dolor y, de inmediato, se electrificó con violencia solo para terminar estampándose contra el suelo, emulando la caída de un meteorito.
Una nube de polvo se formó a su alrededor.
Dos halos de luz alumbraron la espalda del chico de anteojos. Eran Nadiuska y Jairo, ambos se alegraron de encontrarlo con vida. La bruja, alertada por la situación, mencionó que no había tiempo que perder, puesto que solo era cuestión de tiempo antes de que la Guardia Civil se hiciera presente. Asomaron la cabeza al suelo y, con pena, encontraron a Arturo tumbado boca arriba.
Ya sin energías, el primogénito de los Robles tuvo que ser ayudado por el greñudo para no caerse del tejado y llegar con bien a tierra firme. Jairo lo dejó reposar un momento en el suelo, en lo que, junto a Nadiuska, iban donde Céspedes para comprobar su estado, sorprendiéndose al verlo recobrar la compostura muy lentamente. Su cuerpo todavía temblaba y la hilera de sangre que goteaba de su frente nublaba por momentos su ya limitada visión.
- ¿Por qué? _preguntó, quejándose de dolor_. ¡Déjenme en paz! ¿Qué no ven que es lo mejor para todos? ¡No soy una buena persona!
Trató de atacar a su amigo con una técnica bendita, cuando la bruja sacó su varita para pronunciar:
“¡Magicius!”
Una esfera blanca salió disparada de la punta de su herramienta mágica, agrediendo al guerrero quien, ya exhausto, se dejó caer de espaldas. Jairo le preguntó qué fue lo que le hizo, a lo que la rubia respondió que era una técnica ofensiva de nivel básico, bastante práctica para combates menores ya que su daño variaba en función de las intenciones del mago o bruja.
- No quise lastimarlo _aclaró de inmediato_. Solo reducirlo.
- ¡Genial! Y ahora… ¿qué hacemos con él?
- Dejarme en paz, si saben lo que les conviene… ¡Y no involucrarse en los asuntos de Nuevo Amanecer…!
Sebastián alzó la cabeza para apreciar mejor lo que estaba pasando, encontrando a sus amigos paralizados del miedo ante la figura maquiavélica de Arturo, cuya sonrisa tétrica comenzó a desintegrarse frente a sus ojos, al igual que el resto de su cuerpo. Ninguno dio crédito a lo que vieron, pero el muchacho se transformó en un bloque de rocas que no tardaron en hacerse polvo con cada segundo que pasaba. Jairo intentó detenerlo estirando las manos, pero lo terminó atravesando con facilidad, recogiendo sus restos con indignación.
Ya no había nada que pudieran hacer.
Habían caído en una trampa.
En algún punto de la persecución, este logró camuflarse y hacerlos perseguir un clon de roca perfectamente elaborado. Algo que, hasta hace unos meses, jamás hubieran creído posible en él.
Poderosos relinchos se escucharon a unas calles de distancia. Esa era la señal para retirarse y Nadiuska así lo supo, por lo que tomó al greñudo del hombro y, con la varita en alto, sostuvo también al primogénito de los Robles para llevárselos hacia los exteriores de la academia San Felipe con su técnica de aparición. Más concretamente hablando, en los campos recreacionales ubicados frente a la parroquia del distrito. Incluso ahí, el movimiento de los vecinos se hizo notar y aún más, cuando los vieron retirarse con miradas acusadoras.
Era como si supieran que ocultaban algo.
Jairo, quien todavía ayudaba a Sebastián para que pudiera desplazarse, le preguntó que tocaba hacer ahora. A lo que este, serio, respondió que debían de entrenar para volverse más fuertes y así tener una oportunidad contra las técnicas de rayo ya no solo de Cheren, sino también de Arturo y muy posiblemente, del resto de rebeldes que conformaran Nuevo Amanecer.
Mientras los tres desfilaban con dirección a la residencia de la familia Robles, las tropas de la guardia civil desplegaron sus filas para buscar a los implicados del descontrol sucedido a horas de la tarde. Los testigos no supieron darles nombres, aunque todos coincidieron en que se trataban de adolescentes cuyas edades bordeaban los 15 a 17 años de edad. Orihuela fue uno de los primeros en enterarse de los rumores y, de inmediato, regresó a su oficina para contárselo todo a Jorge. Este, quien hasta ese momento se encontraba tomando una taza de café, suspiró enojado, luego de leer el “Reporte de Artes Benditas y Mágicas” elaborado por los guerreros sensores del caso.