Los Sobrevivientes: El atentado

Capítulo 28. Atentado a la academia San Felipe

Jairo vio a lo lejos como su amigo, Sebastián, corría para alcanzar a Yanet al pie de las escalinatas que conducían al segundo piso del pabellón “C” de educación superior. Triste, pensó en si sería un buen momento para disculparse con él por todo lo que le dijo semanas atrás por holollamada. Pensó y siguió pensando, pero cuando despertó de su trance, ya la pareja se había marchado con rumbo desconocido.

Aldo lo consoló diciendo que mañana tendrían una nueva oportunidad para buscarlo, palabras que fueron respaldadas por Nilton, quien a continuación, les preguntó si tenían planes en la tarde.

- Se supone que debería estudiar, pero nunca lo hago _respondió el miembro más pequeño del grupo con normalidad.

- Lo mismo, pero yo sí saco buenas notas. ¿Por qué?

- ¡Hay que entrenar! _exclamó, emocionado_. El asunto con Arturo habrá terminado, pero nuestra meta sigue intacta. ¡Nuestro deber es hacernos más fuertes, chicos!

- ¿Y desde cuándo acá te preocupa eso, gigantón? _preguntó el greñudo, intrigado_. A mí no me engañas. Lo que quieres es impresionar a Dolores. ¿Verdad que sí?

- Te equivocas. Ella no tiene nada que ver. Bueno, más o menos. Lo que quiero es hacerme más fuerte para poder pelear a su lado con la seguridad… ¡de que podré proteger sus vidas!

Tanto Aldo como Jairo achinaron las vistas, acongojados por tan bonitas palabras. Aun así, respondieron no con la misma emotividad, sino como siempre acostumbraban hacer, con bromas. Provocando que Nilton se ruborizara un poco.

Su mirada, fría y sin vida, apuntaba hacia el interior del pabellón “A” de educación básica, viendo como todas las personas que deseó proteger en algún momento, corrían desesperados para no ser víctimas de la ola de rebeldes que tomaban la academia San Felipe por la fuerza. Los niños, muchos de ellos siguieron a los sobrevivientes, mientras que otros buscaron refugio en los salones del primer piso.

El otro guardia que todavía se encontraba cerca de la puerta principal, se impulsó en aire bendito para enfrentar al encapuchado que asesinó a su compañero. Lanzó un par de golpes buscando desestabilizarlo, pero este lo esquivó con gran precisión, solo para terminar pateándolo en la espalda y dejarlo a merced de sus compañeros, quienes no dudaron en descargar su furia con el hombre.

Gritaron eufóricos, mismo batallón preparándose para la guerra, con la intención de intimidar a sus adversarios. En cuestión de segundos, lo que alguna vez fue una academia repleta de estudiantes felices, se convirtió en el escenario de un sinfín de combates, siendo los adolescentes de grado superior quienes, tras advertir la magnitud del pelinegro, salieron desesperados de sus salones con la intención de defenderse, guiados por el espíritu combativo de sus profesores.

La profesora Saetone comandó la resistencia, apoyándose de los muros del segundo piso del pabellón “C” para brincar al techo, topándose con no menos de diez encapuchados quienes al verla, no dudaron en burlarse de ella para, momentos después, atacarla con afilados cuchillos entre las manos. Quisieron aprovechar su superioridad numérica para derrotarla, aunque ninguno esperó que la corpulenta mujer fuera lo suficientemente ágil para no solo esquivar cada uno de sus golpes, sino también para robarles sus armas y asesinar a dos de ellos de una sola estocada.

Uno a uno, los enmascarados fueron cayendo como moscas al patio de la sección. Pero la pelea apenas estaba empezando.

Más y más rebeldes fueron sumándose a la invasión, provocando que la docente retrocediera en busca de refuerzos. Lo mismo hizo Sir Grimes, quien, desde los pabellones logísticos de la academia, defendía a sus estudiantes arrojando pequeñas semillas a los asesinos, viéndolas germinar para convertirse en violentas enredaderas cubiertas con espinas.

- ¡Profesor! ¡Ayuda! _gritó una chica, desesperada, con el hombro derecho lleno de sangre.

El melendiano saltó para usar su cuerpo como escudo ante el ataque sorpresa de un enmascarado. Su esfera de agua turbia se arrojó, pero ni siquiera llegó a mitad de camino cuando fue interceptada por otra de fuego bendito. Sorprendido, buscó al responsable de frustrar sus planes, sucumbiendo ante las ágiles maniobras de una adolescente de cuerpo pequeño y lentes de marco grueso.

Yanet lo noqueó con una patada bien puesta en la cabeza.

- ¡Alumna Benavides! _exclamó Grimes, sorprendido por lo que acababa de hacer_. Pero… ¿cómo fue que tú…?

- ¡Profesor, no se quede ahí parado! _resondró la sobreviviente, furiosa_. ¡Ayúdeme a defender nuestro hogar!

Tras decirlo, retomó su marcha con dirección a los terrenos de educación básica, corriendo desesperada con una sola cosa en la mente: la seguridad de Sebastián.

Pensamiento que compartió el primogénito de los Robles, pero hacia el resto de sus amigos, quiénes venían siguiéndolo a escasos metros de distancia ayudando de paso al director Enrique, quien junto con la secretaria se encargaban de bloquear los ataques benditos de los encapuchados. Aldo hizo lo mismo desde el estrado del patio, mientras que Luciana dispersaba una ráfaga de fuego con su aire bendito, despejando así el camino de los sobrevivientes.

- ¡Rápido! ¡Por aquí! _ordenó su enamorado sin soltarla del brazo, guiándola hacia las escaleras que conducían al segundo piso. Fiorella y Nadiuska fueron las primeras en ingresar, seguidas por Dolores, Aldo, Jairo y los niños. Para cuando el director estuvo por hacer lo mismo, él, su asistente y varios infantes terminaron siendo impulsados varios metros hacia adelante, cayendo de espaldas al suelo.




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