Los Sobrevivientes: El atentado

Capítulo 30. Superando los límites

Una fuerte presión a la altura del corazón fue suficiente para que Luciana cayera rendida al suelo, rompiendo temporalmente la “unión de corazones” conjurada por Nadiuska. Yanet y Aldo intentaron socorrerla, pero la bruja fue más rápida que ellos, sosteniendo a la pelinegra entre sus brazos quien, tras varios segundos de agonía, logró reincorporarse cubierta por su propio sudor para pedirle, por favor, que volviera a realizar el hechizo. Esta vez, pensando en todos los alumnos que pudiera recordar externos a su grupo, así como en la plana docente de la academia, incluyendo al director Enrique.

- ¡Ni lo pienses! ¡Ni siquiera eres capaz de pararte por ti misma! ¡Un desgaste como ese podría…!

- ¡Estaré bien! _logró sentarse con mucha dificultad, volviendo a juntar sus manos en señal de oración para retomar su posición_. Solo… me cansé un poco, eso es todo. Mi cuerpo no está acostumbrado a gastar tanto poder bendito tan de repente _sonrió, feliz_. ¡El papá de Sebas tenía razón! ¡Tengo más poder del que creía! ¡Y ni siquiera estoy usando mis reservas! ¡No puedo darme por vencida ahora! ¡No cuando hay muchos niños y jóvenes que me necesitan allá afuera! _la tomó de las manos_. ¡Nad! ¡Por favor! ¡Ayúdame a ayudarlos!

Aunque renegó con su decisión, su mejor amiga volvió a pararse detrás de ella para sujetar sus hombros y alzar su varita al cielo. Sin embargo, poco antes de pronunciar el conjuro, un confundido Aldo le cuestionó como pensaba unir “su corazón” con todos los chicos de la academia sí, se supone, una de las reglas del hechizo era que solo podía funcionar siempre y cuando el mago o bruja tuviera un vínculo realmente fuerte con sus compañeros.

Incrédula por haberlo olvidado, Nadiuska agachó rápidamente la cabeza para que no notaran sus mejillas coloradas.

- Yo creo tener la solución para eso _afirmó Yanet de repente.

Luciana quiso saber su plan, a lo que la estudiante de cuarto año resumió todo en un solo nombre.

Enrique Huamaní era la clave. Solo el director de la academia San Felipe conocía las presencias de todos los estudiantes y si había alguien que siempre se jactaba del enorme amor que, supuestamente, les tenía, era precisamente él. La última vez que lo vieron, fue en la fortaleza que los profesores armaron dentro del salón de docentes. Solo era cosa de ir hacia él y unirlo a su hechizo para que, al igual que con Luciana, sirviera de batería y vínculo a la vez.

- No sé si funcionará, pero a estas alturas, dudo mucho que tengamos tiempo de practicarlo _miró a Yanet a la cara, seria_. Los tres quedaríamos expuestos. ¿Puedo confiar en que nos defenderás?

- ¡Juro que los defenderé con mi vida!

- ¡Bien! _Aldo juntó sus puños, emocionado. Sonrió al volver a sentir la presencia de Jairo a su máximo porciento_. ¡No se diga más! ¡Ustedes encárguense de curar a todos! ¡Yo buscaré a Sebas y contaré nuestro plan! ¡Prometo que lo traeré en una pieza!

Ambas, Nadiuska y Luciana, decidieron creer en sus palabras. Por lo que, tras despedirlo con un emotivo “hasta pronto”, alcanzaron a Yanet para tomarla de la mano y así, desaparecer las tres envueltas por el manto de luz que generó el hechizo de la oriunda de Dawson: “aparentis”. Lo hicieron, poco después de que la bruja sintiera la débil presencia de Fiorella.

De regreso con Sebastián, el adolescente le explicó al director Enrique cómo fue que recuperó la totalidad de sus fuerzas para, poco después, ir ambos hacia donde se encontraba reunido el resto de estudiantes para reunirse con el mago veterano de la torre “D”. El anciano, cuyo rostro seguía cubierto por su gran capa, se encontraba curando a los heridos en ese momento con un hechizo de sanación. Apenas reconoció a la máxima autoridad de la academia, le entregó sus respetos con una ligera inclinación de cuerpo. Gesto, que fue bien recibido por el papá de Grecia Huamaní.

- ¡¿Qué sucedió con el hechizo de seguridad definitiva?!

- ¡Fuimos traicionados! _contó el mago entre jadeos, sin dejar de apuntar al resto con su varita torcida_. Los rebeldes no son nuestros únicos enemigos, director. De repente, varios de sus alumnos subieron hasta aquí para agredirme con técnicas de rango superior. Tuve suerte de que los guardias pudieran protegerme a tiempo, pero no puedo decir lo mismo de mis compañeros. Hace poco me comuniqué con dos de ellos, pero el tercero no responde a mis llamados.

- ¡¿Y qué si no lo hace?! ¡Solo conjuren de nuevo el hechizo y ya!

- Imposible _bramó el primogénito de los Robles en el acto, robando la atención de todos_. Hasta donde sé, requiere de una formación específica dada a su complejidad y al desgaste exagerado de poder mágico. Basta con que uno de los conjuradores rompa su formación para que el hechizo se cancele. ¿Verdad?

- Así es _el veterano secundó sus palabras, tranquilo_. Lo siento, director. Comprendo la gravedad del asunto, pero por más que lo intentemos, los tres no seremos capaces de conjurar de nuevo el hechizo. Mientras no encontremos a otro mago o bruja con la capacidad de moldear grandes cantidades de poder mágico, no seremos capaces de reactivarla.

- Quizá uno no… _las palabras de Sebastián despertaron el interés del anciano_... pero, ¿qué tal varios de ellos? En total, ¿cuántos alumnos son de la comunidad mágica, director?

- Si mis cálculos no me fallan, como unos siete. ¿Por qué?

- Porque, a lo mejor, podríamos suplir la ausencia de un veterano con la fuerza de todos los magos y brujas de la academia. Nadiuska, mi amiga. ¡Ella es una bruja impresionante! ¡Fue capaz de perfeccionar el hechizo “aparentis” en cuestión de semanas! _volvió a posar su atención en el mago veterano_. Si me dice que es posible hacerlo, ahora mismo voy y los reúno a todos para reactivar el hechizo. ¡Las vidas de todos mis compañeros dependen de esto!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.