Sintió cómo su estómago se retorcía con cada movimiento que pegaba en la oscuridad, recuperando la visión al momento en que aquellos látigos oscuros que brotaron del interior de su propia sombra la regresaron al exterior. Tembló, temerosa por la macabra experiencia. Jamás pensó vivir algo como eso, pero más temprano que tarde, Yanet descubrió que no fue la única en pensar así. Nadiuska y otros dos miembros de la comunidad mágica reaparecieron a pocos pasos de distancia, tumbados en el suelo, todavía conscientes, pero muy exhaustos por el exagerado desgaste de energía que les provocó la “protección definitiva de Apolus”.
Reconoció sus alrededores. Avizorar a varios estudiantes de la academia, como también a un conjunto importante de rebeldes quienes, lejos de intentar atacarlos, se preguntaban también qué acababa de pasar, le sirvió para confirmar sus sospechas: todos, sin excepción, habían sido víctimas de la técnica de sombras malditas de la rebelde conocida como la hermana Rita.
La oriunda del continente de Dawson trató de ponerse de pie por su cuenta, pero no lo logró. Aunque frustrada, no le quedó de otra que apoyarse en la estudiante de cuarto año para poder recostarse en uno de los muros traseros de los pabellones técnicos.
- ¡Carajo! _graznó, furiosa_. ¡Tanto esfuerzo por nada!
- ¿Qué sucedió con el hechizo? ¿No pudieron completarlo?
- ¡No! ¡Esa mujer lo arruinó todo! ¡En ese momento, te juro que no me importó nada! ¡Ni siquiera mi propia vida! Lo único que quería era… que todo el esfuerzo de estos niños no fuera en vano. ¡Pero fracasé! ¡Y todo por culpa de esa perra!
- Tranquila, hiciste lo mejor que pudiste _intentó consolarla, pero no lo logró_. Jamás hubiéramos sabido que conocería una técnica como esa. ¡Lo que importa es que todos salieron ilesos de la explosión gracias a la técnica del director Enrique! ¡Siempre que tus amigos de la comunidad mágica sigan con vida, podremos volver a intentarlo!
- ¡Eso es lo peor de todo! _la miró a la cara con una expresión de profundo dolor_. ¡Ya no se puede! ¡¿Qué no lo viste?! Muchos de ellos ni siquiera fueron capaces de seguirme el ritmo. Aunque conozca la teoría, ya no poseo magia suficiente como para volver a repetirla. ¡Ni siquiera puedo caminar por mí misma!
Aunque simple, la solución de Yanet fue una que Nadiuska barajó como último recurso. Y es que la estudiante sugirió que, si el problema era su limitado poder mágico, solo bastaba con que Luciana los curase a todos para que volvieran a conjurar el hechizo. El único problema era, que, así como con ellas, la presencia de la pelinegra también había cambiado de posición, encontrándola a varios metros de distancia, posiblemente dentro del estacionamiento para carruajes. Lo bueno fue que también encontraron con ella a Sebastián y al director.
Todavía podían lograrlo, solo debían esforzarse un poco más.
Como los niños no podían moverse por su cuenta, las sobrevivientes no tuvieron de otra que llevarlos cargados sobre sus espaldas, resultando en una tarea prácticamente titánica puesto que tuvieron que surcar entre corredores plagados de rebeldes. Mismos que, pese a quedárselas viendo con atención, prefirieron mantenerse al margen por motivos desconocidos. Ambas se cuestionaron eso, pero tampoco se atrevieron a buscar respuestas. Al menos, no en ese momento, no cuando sus pasos estuvieron próximos a llevarlas hasta el patio central que dividía los terrenos de educación básica y superior.
No fue hasta que alcanzaron los límites de los servicios higiénicos, que la tierra empezó a temblar de repente.
Su misma inestabilidad, las llevó a caerse contra el suelo, retrocediendo a gatas sin despegarse de sus protegidos mientras presenciaban incrédulas como un conjunto de troncos y raíces emergían a mitad del patio de educación superior, abriéndose paso con violencia sobre las superficies cementadas y convirtiendo el espacio en prácticamente un bosque de verdad el cual emanaba grandes cantidades de una presencia bendita conocida.
Era una técnica de Luciana.
- ¡Increíble! _exclamó la aspirante a guardia civil, realmente emocionada. Sus pequeños ojos brillaban con intensidad_. ¡No sabía que Luciana podía hacer algo como esto!
- Yo… ¡yo tampoco…!
Aunque emocionadas por las habilidades de la pelinegra, su felicidad no les duró mucho cuando, en su afán por encontrarla, se adentraron a paso sigiloso dentro del bosque, solo para terminar descubriendo que no hacían más que caminar en círculos. El desgaste físico terminó haciendo que la mujer de cabellos dorados ya no pudiera seguir avanzando, tomando asiento al pie de un gran árbol junto a los dos niños que cuidaban. Yanet, en cambio, aprovechó los breves minutos de descanso para inspeccionar los alrededores, temiendo por sus amigos cuando sus oídos advirtieron el crujir de las raíces.
Giró en el acto, preparada para lo peor. Pero, no sucedió nada. Nadiuska y los otros seguían en el mismo lugar donde se quedaron; nada había cambiado, aparentemente.
Cerró los ojos por inercia, queriendo comprobar algo.
El resultado de su experimento la hizo escuchar muchas cosas que sucedían en paralelo a su caminata, pero que por alguna extraña razón sus ojos no eran capaces de reconocer.
Uno de ellos, un grito en particular, la puso de los nervios.
La presencia que emanaba era la de Sebastián.