Desde otro punto de la academia San Felipe, un intranquilo Jairo buscaba saber qué estaba pasando en los terrenos de educación superior al igual que su inesperado oponente quien, pese a sentirse intrigado por el destino de sus compañeros, despertó rápidamente de su trance para volver a posar su atención en el greñudo.
Lejos de inmutarse por estar en inferioridad numérica, dio unos pasos al frente mientras sonreía con confianza. Gesto, que no pasó desapercibido por la pareja, sobre todo por Ángela, quién no dudó en ordenarle que se alejara mientras cargaba dos esferas de aire bendito en sus manos. Sin embargo, el temor abandonó su cuerpo cuando el encapuchado la saludó con confianza.
Su voz, ambos pudieron reconocerlo al instante.
- ¡Qué pequeño es el mundo! _bramó, sarcástico_. ¡Jamás esperé cruzarme con ustedes! ¡Mucho menos que lo suyo fuera en serio! Parece que, al final, sí te saliste con la tuya, Jairo…
Franco Mamaní arrojó al suelo la máscara de gato negro que ocultaba su rostro, al igual que la capucha que protegía su cabeza. No había cambiado prácticamente nada. Como mucho, los mechones de su frente ahora estaban ligeramente más largos, cubriéndole ahora sí, la parte superior de sus gafas de marco grueso.
- ¡Amigo! ¡Eres tú! _la estudiante de quinto año quiso abrazarlo.
Pero fue impedida por su propio enamorado.
- ¡¿Qué haces?! ¡Es nuestro amigo!
- ¡No! ¡Ya no lo es! ¡¿Qué te pasa?! _por primera vez, Jairo hizo algo que jamás pensó hacer con una mujer: alzarle la voz. Reacción, que tomó desprevenida hasta a su misma pareja, cuyo rostro se tornó temeroso y hasta un poco confundido_. ¡Mira sus ropas! ¡¿Qué no viste su máscara?! ¡Él ahora trabaja para Camus! ¡Es un rebelde!
- Me queda mejor el término “colaborador” _corrigió el ahora, ex integrante de los sobrevivientes_. Honestamente, me importa poco si ese sujeto logra o no sus objetivos. ¡Solo me importan los beneficios que consigo estando de su lado! Y créeme, Jairo, que no son pocos. ¡Al fin encontré un lugar en el que me valoran por lo que soy! ¡Ya no soy más el patiño de nadie! ¡Ahora tengo poder! ¡Soy respetado! ¡Incluso alguien como tú me teme!
Una sonrisa burlona fue suficiente para que Jairo lo corrigiera, afirmando que ya quisiera eso. Y si bien, sus palabras lograron intimidarlo un poco, rápidamente cambió de parecer para volver a adoptar la misma confianza de siempre. Le preguntó, entonces, si eso era cierto, a lo que el greñudo dijo otra vez que no.
- ¿En serio? Porque deberías.
- ¿Ah sí? _cruzó los brazos_. ¿Y se puede saber por…?
Su cuerpo advirtió por instinto un repentino ataque proveniente desde su derecha, el cuál esquivó únicamente porque logró envolverse en rayo bendito en el último segundo. Más pronto que tarde, descubrió que, en realidad, el responsable no fue otro más que el mismísimo Franco, quien como si de un guerrero bendito se tratase, volvió a desaparecer frente a sus ojos para reaparecer sobre él, girando a gran velocidad para golpearlo con un rodillazo. Jairo lo bloqueó con sus dos brazos, pero el impacto lo mandó de regreso contra el suelo, provocando un profundo cráter.
Ángela gritó su nombre, aterrada. No fue capaz de ver nada debido a que no estaba acostumbrada a esa velocidad, aunque eso no fue impedimento para que corriera rápidamente para rescatarlo. Grande fue su alivio, al encontrar a su pareja nuevamente de pie, ligeramente lastimado, aunque con varios músculos resentidos.
Para ese momento, Franco ya había regresado a su lugar.
- ¡Jairo! ¡¿Qué te pasó?! _preguntó la mujer de ojos saltones mientras le tendía la mano derecha para ayudarlo a subir.
- Honestamente… ¡no tengo ni la más mínima idea! _respondió, esta vez sin dejar de prestarle atención a su oponente, cuya sonrisa pedante no hacía más que ponerlo de los nervios_. ¡Retrocede! ¡Este tipo no es el mismo de antes! _cruzó miradas con su ex compañero de grupo_. ¡¿Cómo es que…?!
- ¿Pude derribarte? _lo interrumpió para completar su oración_. La respuesta es fácil, aunque los métodos, bueno… no tanto… _comenzó a quitarse la túnica rebelde_… Verán, incluso alguien como yo puede reconocer los logros de otros. Y es que mezquino sería de mi parte si no viera, que Nuevo Amanecer es lo que es gracias al intelecto de su líder. Ese hombre, Camus, tiene alianzas con diferentes organizaciones en todo el mundo. Muchos de ellos, al igual que aquí, gobiernan sus respectivas ciudades desde las sombras. Porque sí, amiguitos. ¡El mundo de paz que tanto nos han venido en la academia es una farsa! ¡La realidad es otra! ¡Diane Vanderlei no gobierna ni un carajo su propio reino! ¿Quieren saber quiénes sí lo hacen? ¡Los sicarios! ¡Los ministros corruptos! Piensen en cualquiera y descubrirás… que los rebeldes son el menor de nuestros problemas.
- Y si piensas así, ¡¿por qué estás de su lado?!
- ¡Por poder! ¡Esa es la respuesta para todo! Es gracias a sus contactos, que finalmente… _arrojó su túnica al suelo_… logré hacerme con una de estas bellezas…
Franco no tenía ropa corriente bajo los atuendos rebeldes, sino un traje enterizo de metal color negro con hombreras bajas, un peto que lucía pesado y brazales que estaban conectados entre sí gracias a varios tubos que sobresalían de sus bases. Por encima, gruesos cables se interconectaban para dar pase a un brillo morado tan intenso, que el ex estudiante de la sección “C” tuvo que doblegar el cuerpo ligeramente para soportar la presión que ejercía sobre él.