Los Sobrevivientes: El atentado

Capítulo 34. Catarsis

Técnicas benditas de todos los elementos cruzaban los cielos de la academia San Felipe desde todas las direcciones posibles. Ángela, Yanet y Luciana, acompañadas por un exhausto Lucke, daban lo mejor de sí para evitar que los rebeldes alcanzaran a Nadiuska quién, lejos de tratar de defenderse, hizo todo lo posible para no malgastar sus reservas de poder mágico y dirigir todos sus esfuerzos en la protección definitiva de Apolus. No fue hasta que la controladora del “gran tótem de piedra” hizo su aparición, que corrió para ocultarse dentro de los baños para mujeres por órdenes de una incrédula pelinegra.

Su presencia estaba prácticamente intacta.

Pero, también la de Sebastián.

Desde otros rincones de la academia, los felipianos lucharon con uñas y dientes para impedir que los seguidores de Camus llegaran hasta donde se ocultaban los veteranos del continente de Dawson. Aunque estos, contrario a la bruja de cabellos dorados, se valieron de su vasta experiencia en combate para darle soporte a sus escoltas con un hechizo de campo que impedía lesiones graves en el cuerpo. La Guardia Civil de Melendi, en cambio, aprovechó que la situación estaba bajo control para dar caza a las cabecillas de Nuevo Amanecer, conocidas públicamente como “Sendas del Destino”.

El primero en ser encontrado, fue Shane.

Todavía bajo los escombros, los caballeros tuvieron que retirar las rocas que aplastaban sus escuálidos músculos haciendo uso de técnicas benditas para no provocarle daños mortales. De regreso al exterior, lo apresaron dentro de una gran jaula cuyos barrotes habían sido bañados en magia defensiva de alto nivel con el fin de evitar que usara libremente su poder bendito. Rita, en cambio, vio aterrada como aquellos a los que consideraba “inferiores” a ella, la desarmaron sin ningún esfuerzo para, acto seguido, noquearla de un golpe en la cabeza y retenerla en la misma prisión.

Buscaron a Ezequiel por todas partes, pero no hallaron rastros de él ni tampoco de Cheren por ninguna parte. Era como si se los hubiera comido la tierra, y así fue, pero por propia voluntad del anciano. Nunca perdió el conocimiento en su enfrentamiento con Aldo, había fingido todo este tiempo con la única intención de buscar una oportunidad de escapar. Irónicamente, fue gracias a la idea de los sobrevivientes que había logrado mantenerse fuera del alcance de los caballeros.

El único que seguía disconforme con el plan fue el hijo de Camus. Su rabia contenida le impidió entender que era hora de irse. Se negó a aceptarlo, no quería defraudar de nuevo a su papá.

La captura de Sebastián era su responsabilidad.

Y la cumpliría sin importar lo que pasara.

- ¡No me quedaré aquí cruzado de brazos! _gritó, furioso.

- ¡Espera, Renato! _exclamó su protector, incrédulo_. ¡No lo hagas!

Pero Cheren no lo escuchó, destruyendo la tierra sobre sus cabezas con un “golpe relámpago” y provocando un derrumbe que retuvo a Ezequiel el tiempo suficiente para apartarse de él y dirigir sus pasos hacia el pelinegro. Varios caballeros lo reconocieron, pero no muchos fueron capaces de seguirle el rastro. Fue así, que todos apuntaron su atención hacia los baños principales de la academia.

Yanet intentó golpear a la encapuchada, pero esta se protegió usando una columna de cemento que formó a partir de las paredes. Acto seguido, brincó en el aire para evitar las mordaces lianas que Luciana envolvió en sus brazos para domarlas con mayor precisión. Ambas batallaron, desesperadas, buscando superar sus límites una vez más con sus mejores técnicas. La estudiante de cuarto año lo hizo invocando dos serpientes de fuego y la primogénita de los Flores, juntando sus manos en señal de oración para volver a invocar la “protección del bosque”. Intenciones, que la rebelde supo anticipar perfectamente, llevándola hasta el cielo con una técnica de tierra que emergió de debajo de sus pies.

- ¡¡¡Luciana!!! _Yanet la vio perder el equilibrio.

Su amiga tropezó consigo misma, fruto de la desesperación, viendo toda su vida pasar frente a sus ojos.

Cayó… pero en los brazos de su salvador.

- ¡Amor! _Sebastián le sonrió como siempre, con cariño, cayendo ambos sobre los escombros de lo que alguna vez fue la torre “C” de la academia_. ¡Me tenías muy preocupada! _tocó su cuerpo para confirmar sus sospechas, abrazándolo luego con cariño.

- ¡Lo siento! Pero esa mujer resultó ser más problemática de lo que pensamos _la miró fijamente a los ojos_. Jairo y Aldo fueron derrotados. Pudimos quitarnos de encima a Cheren y al anciano que lo acompañaba, pero cuando estábamos a punto de atraparlos, bueno… apareció Arturo y nos atacó…

- ¡¿Qué?! ¡Pero qué idiota!

Volvieron a fijarse en su enemiga. Para ese momento, la mujer ya estaba regresándose a los baños en busca de Nadiuska. Sebastián aprovechó que Yanet y Ángela la distrajeron para preguntarle a su enamorada si hizo todo lo que le pidió, a lo que esta dijo que sí en el acto. No solo había curado las heridas de todas, sino que restauró parcialmente sus poderes benditos y mágicos. Agregó, también, que planeó hacer lo mismo con el resto de felipianos, pero fue en ese momento que la encapuchada apareció para arruinarlo todo.

- ¡Es invencible, Sebas! ¡Nada la para!

- No, no lo es _Ángela fue la primera en caer_. Pero, tampoco es una rival fácil de vencer. ¡Vamos!




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