Los Sobrevivientes: Entrenamiento antirrebeldes

Capítulo 9. Entrenamiento antirrebeldes

En la academia San Felipe, el clima era otro.

Cerca de las once de la mañana, los alumnos del quinto año de educación superior de la sección “A” salieron hacia los campos de entrenamiento por petición del profesor de Defensa Contra las Artes Benditas, Sir Arthur Grimes, quien anunció que tenía una clase muy especial para ellos. Luciana, Nadiuska y otras chicas, las primeras en llegar, advirtieron la presencia de varios muñecos de madera esparcidos estratégicamente por todo el terreno mientras que el adulto, las felicitó por su “descubrimiento”.

Franco, cuya presencia se había mantenido al margen hasta ese momento, preguntó curioso qué se traía entre manos, en lo que el docente, ligeramente animado, respondió que ya había llegado el momento de que aprendieran a defenderse de las consideradas “técnicas de tortura” de la comunidad bendita.

- Así como oyeron, chicos. Como tal, y si hablamos estrictamente del concepto de tortura, cualquier ataque bendito o mágico puede asumir ese papel _expuso mientras invitaba a sus alumnos a seguirlo dentro del campo_. Sin embargo, dentro de la comunidad bendita, encontrarán técnicas que son más efectivas que otras ya sea por factores de infiltración o… por el simple hecho de querer llevar a sus rivales hacia la locura sin la necesidad de matarlos _carraspeó la garganta. Varios adolescentes empezaron a mirarlo con cierto pavor_. ¿Alguno de los aquí presentes conoce alguna?

Ninguno se animó a responder, ni siquiera los más osados e interesados en el tema como podrían ser los ex alumnos de la disuelta sección “C”. Sebastián observó al grupo recogido de hombros, muy cerca de Aldo, para luego escuchar una voz femenina tomando la palabra envuelta en mucha vergüenza. Era Luciana.

Sir Arthur le pidió que se la dijera, a lo que la pelinegra contó que hace unas semanas, leyó en un libro acerca de una técnica bendita del elemento natural que estaba dentro de esa categoría. Se llamaba “lianas del averno” y la descripción decía que el usuario las creaba para tomar a su oponente de las extremidades y así, ir drenándole la energía muy lentamente con cada mentira que detectaba. Supuestamente, no había forma posible de liberarse una vez envuelto en ellas.

- Eso no es del todo cierto _corrigió el profesor_. Si aplicamos las leyes de nuestro mundo, cada técnica bendita tiene su némesis. Es decir, que existen maneras de contrarrestarlas según el tipo de poder bendito que posea. En este caso, hablamos de poder natural. Basta con evitar desesperarse y, luego, pronunciar…

Giró el cuerpo para observar al muñeco de madera que tenía más cercano a él. Este cobró “vida” de repente para sorpresa de todos y, de inmediato, juntó las manos en señal de oración para envolverse en un brillo verdoso muy intenso. Bajo los tablones que fungían como sus pies, emergieron grandes árboles con las hojas de color negro y el tronco putrefacto de la cual, emergieron lianas descontroladas.

Todas fueron a atacar al profesor Grimes.

“Técnica bendita del elemento fuego: ¡Flamas de luz!”

Extendió los brazos para, tras pegar un grito, envolver su cuerpo por completo en un manto de fuego cuyas llamas distaban demasiado al fuego bendito ordinario. Brilló con tanta intensidad, que varios jóvenes tuvieron que proteger la vista para no quedar ciegos, retrocediendo unos pasos hasta que, tras varios segundos de agonía y desconcierto, las lianas finalmente no supieron que hacer. Perdieron el sentido de la orientación y eso fue suficiente para que el profesor aprovechara el momento y las incinerara de raíz.

Cuando la calma regresó a los campos de entrenamiento, Sir Arthur apuntó al muñeco de madera con sus manos y le disparó una esfera de fuego en el torso para dejarlo fuera de combate.

Se ganó los aplausos de sus alumnos. Jairo no dejaba de repetir que estaba ansioso de aprender su técnica cuanto antes y Aldo, fiel a su estilo, lo molestó comentando que ya era lo suficientemente irritante como para querer llamar más la atención con un cuerpo brillante. El profesor aprovechó la algarabía que había alrededor para contar que, por supuesto, su arte defensivo podía servir en muchos otros contextos. Aunque, como siempre, su eficacia dependía única y exclusivamente de las capacidades del guerrero que la ejecute.

Una pregunta inesperada lo tomó desprevenido. Volteó la cabeza para ver al alumno que lo había llamado. Era Sebastián.

- No lo entendí muy bien, joven Robles _exclamó, intrigado_. ¿Podría repetirme su pregunta? Por favor.

- Claro. Le pregunté si existían maneras de defenderse de ataques que superaran nuestra velocidad base _el docente le pidió que fuera más específico_. Verá, recordará que hace poco tuve un accidente. Yo… fui derrotado de un solo golpe por una persona que usaba el elemento rayo para potenciar tanto su ofensiva como su velocidad. Fue gracias a eso, que ahora entiendo que eso es posible, pero lo que aún no me queda claro es si existe forma de defenderse de ataques como ese. Sería de mucha ayuda si pudiera resolver mi duda.

Arthur guardó silencio unos segundos para, luego, caminar en círculos por los campos de entrenamiento y decir que, a veces, el guerrero bendito como mágico podía pecar de pretencioso al entrenar únicamente su aspecto físico, dejando de lado otros atributos importantes del cuerpo como los sentidos. El chico de anteojos no entendió a qué se refería, a lo que el adulto aclaró que de nada le serviría conocer técnicas defensivas para luchar contra un guerrero del rayo, si a la larga terminaría sin poder darle un golpe.




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