Aunque temeroso, el chico de anteojos quiso pedir ayuda, pero este le advirtió que, si lo hacía, se vería obligado a terminar lo que dejó inconcluso la otra vez. Palabras que si bien, sonaron intimidantes en un primer momento, no hicieron más que evidenciar una cosa: no estaba ahí por él. No tenía intenciones de atacarlo.
Terminó obedeciéndole, al menos de momento.
- ¿Qué haces acá? _se armó de valor, dirigiéndole la palabra con una entonación firme y clara como la de su padre y su tío_. ¿A caso buscas problemas? ¡Yo no quiero pelear!
- Cálmate niño, yo tampoco quiero eso _sonrió con malicia_. Al menos, no ahora _algunas personas se les quedaron viendo extrañados, y no pasó mucho tiempo para que terminaran quedándose a solas en el paradero_. Mira que, pudiendo coincidir cualquier otro día, justo tenía que ser hoy. ¡Si que tienes mucha suerte!
- ¡No te creo! _refutó, colérico_. ¡Tú me amenazaste!
Debía de tranquilizarse, estaba volviendo a ser víctima de sus emociones y eso era algo que no podía permitir. Ya no era la misma persona de antes. Ahora sabía aprovechar mejor sus talentos, ahora tenía un estilo propio de combate. Era mucho más fuerte que antes, incluso le había ganado a Lucke en un combate real y como él, Cheren también era un guerrero especializado en el rayo bendito.
- Si en verdad quisiera eso, ya lo hubiera hecho _aclaró el rebelde de inmediato sin dejar de mirar al frente_. Es más, ni siquiera estuviéramos teniendo esta conversación. Pero no. No lo voy a hacer. Tengo otros asuntos por ahora…
El adolescente seguía hablando, pero su víctima había dejado de prestarle atención desde que se percató de la rápida cercanía de tres carruajes. No había forma de que Cheren supiera que uno de ellos lo dejaba cerca de su casa, aunque tampoco estuvo dispuesto a averiguarlo. Sin tiempo que perder, se adelantó unos pasos y trató de correr para no ser víctima de posibles ataques.
- Te lo voy a decir una sola vez _su voz, enérgica y dominante lo paralizó de pies a cabeza al momento en que una humilde carreta que transportaba a una pareja y a una anciana se detuvo en la avenida para recogerlo. Le había dado la espalda a su enemigo, estaba expuesto y no podía hacer nada para evitarlo_. Si aprecias la vida de tu familia y la de tu querida Luciana, ¡entonces deja de meterte con nosotros! _Cheren estiró la pierna y, con fuerza, pateó al pelinegro para que cayera de cara dentro de la unidad, provocando el miedo de los ocupantes_. ¿De verdad creíste que me quedaría sentado sin hacer nada? ¡Yo sé todo sobre ti, Sebastián Robles! Sé dónde vives, en dónde estudias y quiénes son tus amigos.
Intentó mirarlo a la cara, pero no pudo evitar agachar la cabeza ante su sola presencia. Era la primera vez que sentía algo similar. Incluso, llegó a sentir por un momento, como la herida que este le provocó en su primer encuentro le palpitaba de dolor. Todo era psicológico, lo estaba amedrentando y, tontamente, estaba cayendo en su juego.
El problema, sin embargo, no dejaba de ser el mismo.
- ¡Mientes! _refutó_. ¡Eso no puede ser cierto!
- ¿Ah no? ¿Me dirás, entonces, que no estudias en la academia San Felipe para jóvenes benditos, magos y civiles? ¿O, quizá, que tus amigos más cercanos, exceptuando a Luciana, se llaman Jairo, Aldo y Nadiuska? _su corazón palpitó con más fuerza, no podía estar hablando en serio_. ¿Eso no te convence? ¿Y qué tal si te dijera… que compartimos el mismo objetivo? Ambos buscamos al traidor de Arturo Céspedes; aunque, a diferencia de mí, tú ya lograste dar con él una vez. Y eso es algo que no puedo volver a ocurrir. Es por eso, que quiero hacerte una propuesta. ¡Haz lo correcto! ¡Olvídate de ese bastardo y te aseguro, que nada malo les pasará a los tuyos! Aprovecha tu buena suerte, porque si mi papá se llega a enterar de lo que estás haciendo, te prometo… que nada bueno saldrá de eso…
Un cruce fugaz de miradas fue suficiente para que el cochero de la carreta entendiera que era el momento de retirarse, haciéndolo así después de pegar un grito al cielo y azotar las cuerdas que jalaba su caballo. Sebastián vio cómo la figura de Cheren iba haciéndose cada vez más pequeña con cada paso de los equinos, reincorporándose del suelo para, al fin, preguntarle que hacía.
- ¡Vete de aquí! _gritó, mientras empezaban a brotar chispazos azules de su cuerpo_. No querrás estar aquí dentro de poco…
Desapareció en menos de un parpadeo y, apenas hacerlo, los ocupantes del coche vieron como una nube oscura de grandes dimensiones comenzaba a formarse sobre los cielos del distrito 19. No se trataba de ningún fenómeno climatológico, de eso estaba completamente seguro el chico de anteojos. Era una técnica bendita, una que no dudó en liberar poderosas descargas eléctricas sobre los terrenos de la gran feria de comerciantes.
La pareja gritó del susto, pero no fue hasta que las brisas tranquilas de la noche embravecieron de repente, que todo se salió de control. Grandes corrientes de fuego azotaron los puestos para, a continuación, combinarse y dar paso a violentos remolinos los cuales se desplegaron rápidamente hacia las viviendas continuas. Sebastián le gritó al cochero para que regresaran a ayudar a las personas, pero este se negó excusándose con que era un civil. Cruzó miradas con el único hombre disponible, pero este también se negó revelando que no podía dejar a su esposa porque estaba embarazada.
Sus diálogos se vieron interrumpidos por un haz de luz que se formó rápidamente sobre sus cabezas. Un relámpago se aproximaba peligrosamente hacia ellos, por lo que, resignado, el primogénito de los Robles saltó en defensa del grupo estirando los brazos hacia el cielo para, de un grito, crear un “contraataque”.