Los Sobrevivientes: Entrenamiento antirrebeldes

Capítulo 13. Sendas del Destino

Y así, las horas se volvieron en días y los días, en semanas.

Lentamente, el sol fue bajando su intensidad hasta llegar al punto, en que las calurosas corrientes de aire de las mañanas, fueron reemplazadas en su totalidad por frías brisas acompañadas de gotas de lluvia. Todavía no había empezado el invierno de manera formal, más ya se hacía frecuente encontrar a personas caminando por las calles con un gran abrigo de piel o con sus paraguas bajo el brazo. Grandes cúmulos de nubes grisáceas nada atractivas descargaban su furia por las tardes y hasta la noche, solo cuando los rayos diurnos se ocultaban tras la cadena de montañas que protegían el distrito 17, cesaban para dar paso a un manto impresionante de estrellas que daban la ilusión de parpadear en el cielo.

Muchos en Melendi tenían la creencia de que cuando alguien cercano moría, se convertía en una estrella para iluminar sus vidas.

Esa noche de septiembre, los sobrevivientes admiraban el cielo estrellado desde la terraza de la residencia Robles y recordaban con nostalgia a una amiga en común: Grecia Huamaní. Sebastián imaginaba que uno de los astros, pequeño pero titilante, era la hija del director Enrique quien, a su modo, intentaba comunicarse con ellos para expresarles todo su apoyo. Jairo lo llamaba tonto por pensar así, Aldo, en cambio, se fijaba en como desde ese lugar, los transeúntes parecían pequeñas hormigas obreras. El único que se mantuvo al margen fue Nilton, debido a que posó su atención en las vigas de acero que sobresalían de las columnas de la casa.

Alzó sus brazos y, como si de un elemento bendito se tratase, intentó manipular su forma, aunque sin mucho éxito. Apenas pudo doblar uno de los barrotes con mucho esfuerzo.

- ¿Qué se supone que haces, gigantón? _preguntó el greñudo con curiosidad, tomándolo del hombro.

- Entreno acero bendito _respondió su amigo en el acto, volviendo a concentrarse en su objetivo_. Ya que el elemento rayo no se me dio bien, Dolores me recomendó que, mejor, dejara de pensar en mi ofensiva y puliera aún más mi defensiva. Al principio no le hice mucho caso, pero luego lo pensé mejor y dije, ¡qué tonto soy! _reunió energía alrededor de las manos y, ya más concentrado, gritó para obligar a las vigas a partirse a la mitad_. ¡La evolución natural de la tierra en cuestiones defensivas es el acero! ¡Si puedo lograrlo, seré capaz de protegerlos de lo que sea! _para la sorpresa de los muchachos, los bloques de acero sobresalientes temblaron ligeramente para, lentamente, partirse desde uno de los extremos. No contento con eso, Nilton hizo un movimiento circular con su mano derecha para reunir todos los trozos flotantes y alterar su composición, volviéndolos líquidos en cuestión de segundos para endurecerlos nuevamente, esta vez en una única bola de acero el cual dejó caer en el suelo.

Gritó que lo había logrado con mucha emoción para, acto seguido, dejarse caer de rodillas mientras recibía las felicitaciones de sus amigos. Sebastián destacó que les venía genial su nuevo entrenamiento, ahora que Luciana estaba perfeccionando sus habilidades como curadora y Nadiuska, sus hechizos de aparición y conexión de corazones. Aldo les dejó en claro que él tampoco se quedaría atrás y que, junto con el greñudo, ya estaban entrenando para hacerse más fuertes. No mucho después, todos terminaron recostándose en el techo de la casa y le pidieron a Grecia de favor que no les quitara los ojos de encima.

- ¡Tu muerte no será en vano! _prometieron todos.

Quien tampoco mostraba signos de querer quedarse atrás, fue la nueva aprendiz del gran caballero Jorge Robles, Yanet Benavides, cuyo cuerpo terminó siendo disparado a toda velocidad envuelto en lo que parecían ser, flamas mortales. Mismas que pudo quitarse de encima de un giro acelerado apoyado de su aire bendito. La caída, sin embargo, fue algo que no pudo controlar, estrellándose contra el frío y sucio campo de tierra en el que entrenaba.

Rodolfo admiraba los esfuerzos de la adolescente en silencio, comiendo un par de nueces desde la parte trasera de la carrosa oficial del distrito 13. Debido a que ambos no tenían permitido hacer uso de los diferentes campos de práctica financiados por la Guardia Civil en horario de trabajo, se vieron en la obligación de salir un fin de semana hacia la parte más elevada del distrito 15, una antigua carretera a la que, en la actualidad, muy pocas personas tenían acceso dado a las condiciones geográficas de las llanuras.

- ¡Esto no se quedará así! _exclamó Yanet con enojo, quitándose los mechones de cabello que caían sobre su rostro.

- ¿Qué harás? _preguntó Robles con ironía, en un claro afán por provocarla_. ¿Regañarme hasta vencerme?

Su aprendiz juntó sus manos en señal de oración para, a continuación, estirar los brazos y apretar los puños. Sus brazos se envolvieron en llamas rápidamente para, de un solo movimiento, gritar “manos de la justicia” y arrojar sobre él una gran palma ígnea la cual pudo esquivar sin mucha dificultad. Apenas hacerlo, notó como corría a toda velocidad hacia él para, en el aire, saltar y atropellarlo con una ráfaga de “doble golpes de león”. Orihuela se despegó al fin de su asiento, sorprendido por su estrategia. Más Jorge, envolvió su cuerpo en rayo bendito para esquivar la ofensiva de la joven y, de una sola patada a quemarropa, regresarla al suelo con todas sus fuerzas.

Yanet cayó, pero resultó ilesa gracias a la intervención de Rodolfo, quien saltó al último segundo para amortiguar su caída con un colchón de aire bendito en forma de óvalo.




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