Los Sobrevivientes: La cacería de Reaper

Capítulo 15. Tras los pasos del patiño

Los fines de semana, los estudiantes de la Academia Élite eran libres de regresar a sus hogares a primera hora de la mañana con la promesa de retornar a las instalaciones poco antes de la noche del domingo. Bien podían hacerlo por su cuenta o esperar a que alguien los recogiera, los tutores no tenían problemas con eso. Yanet supo de antemano que existía la posibilidad de “vivir” temporalmente en los dormitorios, siempre y cuando tuviera un permiso especial certificado por el director Pedro Aguilar. Y, aunque la idea le resultó tentadora, al final, terminó desistiendo con resignación.

No había ninguna razón para hacerle tal desaire a la familia Flores, no después de todo lo que hicieron por ella. El problema era, que como desactivó la función de llamadas en su holomisor, jamás coordinó con nadie su recojo. El único que conocía sus horarios era su maestro, aunque este y ella ya tenían pactado encontrarse en otro lugar. Que fuera a buscarla era una posibilidad prácticamente remota.

Posibilidad, que confirmó al momento en que salió a los exteriores de la academia con su mochila sobre la espalda y su gran maleta roja, rodando con firmeza sobre el suelo.

Varios de sus compañeros de clase abordaban diferentes carruajes acompañados por los que, asumió, serían sus familiares. Jhonatan abrazaba con efusividad a un hombre más alto y fornido que él. Su mirada le causó repelús, no lucía amigable. Sonya, en cambio, resaltó en el acto porque se subió con brusquedad a la movilidad más vistosa y elegante de todas, acompañada por cuatro caballeros de brillante armadura. Seguramente, escoltas financiados por su padre. Frank fue el único que la saludó en la distancia con una sonrisa nerviosa, al igual que una mujer similar a él en tamaño y en apariencia.

Era la viva imagen de su madre. Lo único que los diferenciaba era la forma de su cabello. Mientras que la suya era lacia y corta, la de ella era frondosa como un arbusto.

Agradeció que todavía le quedara algo del dinero que consiguió trabajando en el puesto de frutas. La “fortuna” que ganó en su combate contra Dalmahad, todo lo tenía ahorrado en el domicilio de los Flores. Solo la señora Luz tenía permitido usarlo con libertad siempre y cuando fuera necesario para el hogar, esa sería su contribución.

Resignada, esperó a que una carreta pasara por la pista principal para abordarla y así, regresar al distrito 19. Fue un viaje con bastantes turbulencias, protagonizado por una lluvia repentina que no hizo más que complicar la conducción del cochero. Las gotas reventaban con fuerza sobre el techo de lona reforzado y las brisas, siempre frías, atravesaban las paredes con excesiva facilidad, haciendo que la comodidad de los ocupantes fuera prácticamente inexistente. Aún así, nadie se quejó, ni siquiera Yanet. Solo esperó a que fuera su turno de escapar de su tortura, haciéndolo cerca del mediodía.

Decidió no llamarlos la noche anterior porque quería sorprenderlos con su llegada, esperando ser recibida con la calidez maternal, propia de la señora Flores, o con la firmeza del señor José. Pero, quien terminó sorprendiéndose y para mal, fue ella, debido a encontró incomodidad en la frívola mirada de la matriarca. No había pasado mucho tiempo desde la última que los vio, pero Yanet pudo notar un cambio abrupto en su forma de ser. Los sintió distantes, menos comunicativos de lo usual, hasta le sonreían por obligación.

Nada de lo que hacían parecía genuino, lo que la hizo entender una cosa: no estaban cómodos con su presencia.

El único que seguía comportándose como de costumbre fue Ismael, y solo porque no tuvo oportunidad de conversar con Luciana. Su amiga fue informada por su mamá que había llegado a la casa, pero la pelinegra solo atinó a responder con un cortante “que bueno” desde el interior de su recámara, permaneciendo ahí en todo momento. Reacción, que la terminó por hacer sentir rechazada.

- ¡¿Alguien me puede decir que está pasando aquí?! _preguntó a la nada, invadida por una mezcla entre confusión y tristeza.

- No es tu culpa _respondió Ismael de repente, todavía sentado sobre uno de los muebles de su sala_, están así desde el entierro de Sebastián. Mi hermana, ella… no ha vuelto a ser la misma desde entonces _Yanet le preguntó de qué estaba hablando_. No hay mucho que explicar, supongo. Ya sabes el tipo de relación que esos dos tenían. El problema es, que mientras que Sebastián, muy posiblemente si hubiera podido seguir con su vida, no hay día en que Luciana… _apretó sus puños con fuerza. Sus ojos, aunque brillosos, lucharon por no soltar ni una sola lágrima_... no repita que quiere poner fin a la suya. ¡Su dependencia enfermiza me repugna!

- ¿Y no crees que está así por el amor que sentía por él?

- ¡¿Amor?! _la increpó, furioso, levantándose de su asiento de un solo tirón_. ¡Eso no puede ser amor! ¡Tú no la has visto! ¡Tampoco la has escuchado! ¡Mi hermana se despierta llorando todas las madrugadas, repitiendo que volvió a soñar con el idiota de Sebas! A veces, lo hace gritando. Otras veces, cambia su tono de voz y finge ser otra persona. ¡Inclusive, ha llegado al extremo de convulsionar!

- ¡¿Qué ella qué?! _lo tomó de los hombros, preocupada_. ¡¿Cómo así?! ¡¿Qué le pasó?!

- Ocurrió hace dos noches mientras dormía. Mamá se fue a descansar con ella para poder vigilarla cuando, de un momento a otro, el cuerpo de mi hermana empezó a temblar. Fue… ¡horrible! ¡No dejaba de repetir palabras sin sentido! Pero, lo peor no fue eso _Yanet tuvo miedo de preguntar qué lo era. Aún así, se aventuró a hacerlo_. Lo peor fue… que cuando lograron calmarla, se despertó diciendo que Sebastián seguía con vida. Supuestamente, se encontraba perdido en una zona montañosa que tenía una especie de río cerca o algo así, no lo sé… Si esto es estar enamorado, ¡entonces espero no hacerlo jamás!



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En el texto hay: misterio, romance, drama

Editado: 14.09.2026

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