Fuera del ala de urgencias, pero del Hospital de la Guardia Civil Nacional, un preocupado Humberto Robles recibió a su cuñada Magdalena entre sus brazos. La mujer no dejaba de llorar, rogándole para que, por favor, la dejara pasar a buscar a su esposo. Pero este no cedió. Al contrario, la retuvo el tiempo suficiente para que Carmen Rosa la hiciera entrar en razón, recordándole que podían sacarla del nosocomio si no se comportaba.
- ¡No me pidas que me comporte! _alzó su voz en protesta_. ¡No cuando mi esposo está allá dentro debatiéndose entre la vida y la muerte! ¡Él lo dio todo para proteger a su pueblo! _alzó los brazos, en son de ganarse la atención del resto de familiares que aguardaban impacientes por la mejoría de sus seres queridos_. ¡Al igual que sus hijos, esposos o esposas! ¡Merecemos un trato mejor!
Varios repitieron que “sí”, eufóricos y en coro. Gesto que preocupó a sus conocidos, pero aún más a su cuñado.
- ¡Cálmate, Maggie! _repitió en voz baja, con la suficiente fuerza como para que solo ella lo escuchara_. ¡¿A caso no ves lo que estás haciendo?! _ambos se fijaron atentamente en las personas que estaban a su alrededor_. ¡Suenas como ellos! La situación en el reino es crítica en estos momentos. Si no te callas, no solo tú te meterás en problemas, también meterás en problemas a Jorge.
Magdalena lo desafió sin miedo.
Pero, a continuación, volvió a romper en llanto.
- ¡Dime que está bien! ¡Por favor! ¡Tú estuviste en esa pelea!
Sin más remedio, el caballero retirado confesó que su esposo quedó muy grave de su enfrentamiento con Camus. Apenas llegó para protegerlo de una muerte inevitable, aunque, todos los créditos se los terminó dando a la reina Vanderlei.
- No preguntes por su estado actual, porque yo tampoco lo sé. Los doctores no han vuelto a salir desde que lo trajeron al ala de urgencias, aunque apostaría a que se recuperará. La técnica curativa que la reina aplicó en él lo regresó al mundo de los vivos.
Agradecida con Dios, la mujer suspiró para calmar sus ansias, secándose las lágrimas mientras se percataba como, apoyado sobre una de las banquetas del hospital, se encontraba la espada que usaba Jorge durante sus actividades. Le preguntó a su cuñado si se trataba de la misma, a lo que este dijo que sí, sin preocupaciones, agregando que lo recuperó del campo de batalla para entregársela.
- No, gracias. Mi esposo no volverá a usar eso en un buen tiempo. Quédatela tú _se la entregó con mucho cuidado para no lastimar el instrumento familiar_. Quizá la necesites ahora.
Humberto admiró su filo en silencio.
- Supongo que podría dársela a Sebas _sentenció.
El grupo de adultos dividió sus actividades en adelante.
Humberto abandonó el Hospital de la Guardia Civil Nacional para ir a ver a sus hijos, aprovechando que ahora estaba Magdalena para cuidar de su hermano. La mujer, en cambio, se mantuvo en la sala de urgencias por las próximas dos horas aguardando porque Carmen Rosa le diera noticias sobre el estado del gran caballero Robles. No mucho después, la vio salir acompañada del doctor general de la sede, contándole que el estado de Jorge era delicado.
No solo presentaba varios huesos rotos en todo el cuerpo, también quemaduras difíciles de tratar incluso con técnicas curativas de nivel real debido a que no fue fuego bendito o natural lo que las provocaron, sino flamas demoniacas. Ratificaron que la única razón por la que sobrevivió a su enfrentamiento con el “demonio”, fue por la intervención de la reina de Melendi. De momento, lo único que le aseguraron era que no volvería a estar en actividad por los próximos tres meses, sino es que más. Todo dependía de que tanto colaborara con la rehabilitación y de la voluntad que tuviera su esposo por mejorar.
Actualmente, lo habían inducido al sueño para que recuperara todo el poder bendito que había perdido.
- Debe saber, que hay algo que no deja de preocuparme _agregó el hombre de bata blanca y arrugas pronunciadas con un gesto de pocos amigos_. Es sobre su poder bendito. Normalmente, nuestra conexión con Dios brota por todos los rincones de nuestro organismo en forma de energía. Cuando uno lo agota, solo es cuestión de tiempo para que volvamos a generar más, pero en el caso de su esposo encontramos una anomalía. Revisando su historial, he notado que él no está liberando las cantidades habituales. Todo lo contrario, parece que gastara más de lo que genera. Creemos que se debe a que estuvo expuesto demasiado tiempo a fuerzas que, incluso en la actualidad, siguen siendo desconocidas para nosotros.
- Sea claro, doctor. ¿A dónde quiere llegar con todo esto?
- Digo… que tendremos que hacerle algunos exámenes al gran caballero Robles en el departamento de estudios científicos de Melendi una vez que logre recuperarse de sus heridas para ver si no sufrió de más cambios o alteraciones en su organismo. En el mejor de los casos, su esposo estaría regresando a casa con usted esta misma tarde.
- ¡¿Y en el peor?! _preguntó la mujer con enojo.
- ¡Lo usarán como rata de laboratorio! _sentenció Camuchita.
- En serio, lo siento, pero son órdenes de la reina. Es la primera vez en décadas que un guerrero de Melendi se enfrenta a un demonio y sobrevive para contarlo. Sus conocimientos pueden ser de gran utilidad para el desarrollo de la ciencia moderna en el reino. Estoy seguro que el caballero Robles…