Al final, si fue la primera opción.
Su expresión de sorpresa le causó gracia genuina al primogénito de los Robles quien, malicioso, volvió a preguntarle si esa era la forma en que llamaba a Yanet. Jorge, haciéndose el inocente, dijo que no sabía de lo que estaba hablando hasta que Sebastián, claramente consciente de su mentira, ignoró el hecho para responder a su pregunta inicial, contándole que él estuvo bien desde el principio gracias a un “milagro” que los doctores no supieron explicar.
- Desperté la noche que enfrentaste a Camus. Yanet fue la que se llevó la peor parte por intentar protegerme de un ataque de Cheren. Apenas ayer le dieron de alta en el hospital. Intenté comunicarme con ella, pero imagino que su mamá todavía guarda su holomisor porque no ha respondido mis holollamadas.
Vio que tuvo intenciones de decir algo, pero se contuvo. Jorge Robles desvió la mirada con sutileza para ocultar su vergüenza. Solo por eso, y porque el horario de las visitas estaba próximo a cumplirse, decidió tomar las riendas de la conversación agregando que ya no estaba molesto con él, si era eso lo que le preocupaba. Fue entonces, que su tío lo abordó con una pregunta interesante.
- ¿Y cómo te sientes ahora que lo sabes todo?
Guardó silencio brevemente, pensando en su respuesta.
- Bueno… al principio me sentí mal. Es decir, ¿qué clase de tío permite que una adolescente llegue al extremo de fingir amor por su propio sobrino con tal de conseguir lo que quiere?
- No contemplé que fuera capaz de llegar a ese extremo _admitió, despreocupado. Cada palabra suya, contrario a lo que Sebastián esperó, fue dicha con cierto tono de orgullo_. Reconozco que me dejé llevar por su determinación. Yanet es sin lugar a dudas un diamante con demasiado potencial. Aun así, no tengo excusas. Soy el único responsable de todo. Ella intentó persuadirme para decirte la verdad, pero mi necedad lo impidió. Enójate conmigo todo lo que quieras, pero, por favor… ¡no te desquites con ella!
- Me pides eso como si no me conocieras, tío _ambos sonrieron en complicidad, como en los viejos tiempos. Y eso, queriendo o no, terminó dibujando en Sebastián un sentimiento genuino de felicidad en su rostro_. Tranquilo, no estamos peleados ni nada por el estilo. Obviamente ya no somos pareja… Ahora que lo pienso, al final si lograste tu cometido. ¡Nos hicimos cercanos!
Jorge quiso saber qué planeaba hacer con Yanet ahora que ambos eran los favoritos de la prensa, a lo que el chico de anteojos respondió que nada. Lo último que al menos él buscaba, era seguir llamando la atención de forma innecesaria. Hacerlo, representaría darle la ventaja a Camus y a sus hombres, contándole poco después acerca de la traición de Franco Mamani y de su enfrentamiento con el rebelde imitador. Cuando terminó su relato, el gran caballero solo dijo que con razón ahora cargaba la espada familiar consigo.
- Tío… _la repentina seriedad de Sebastián despertó el interés del caballero Robles_... ¿cómo es él?
- ¿Quién? ¿Camus? Pues… ¿qué te puedo decir? Definitivamente es una persona con la que espero no te cruces jamás. Sus objetivos, las motivaciones que arrastra con cadenas sobre su espalda, su fuerza misma. Todo en él es un enigma _sonrió, irónico_. ¡Yo también estoy vivo de milagro, sobrino! Me duele en el orgullo admitirlo, pero en estos momentos no estuviera tumbado en una cama de hospital, sino enterrado varios metros bajo tierra, muerto. Y si logré oponerme a mi destino, fue únicamente por el poder de la espada familiar. Por eso te lo pido, ¡entrena con ella! ¡Descubre todos sus misterios! Confío en que tus amigos y tú podrán hacerlo. No por nada son los sobrevivientes… ¡los verdaderos héroes en una historia mal contada!
Sebastián le agradeció por la confianza, solo para volver al ataque con una pregunta muy personal para Jorge.
- Y… ¿no tuviste miedo de morir?
- Pues, sí… De hecho, era en lo único que pensaba…
- Entonces, ¿por qué seguiste luchando con él? ¿Por qué no esperaste refuerzos? ¿A caso no pensaste en mi tía Maggie o en Junior?
- Fue por ellos, por tu abuelita, mis hermanos, Yanet, y por ti… ¡que seguí luchando contra ese demonio, sobrino! No te equivoques _advirtió rápidamente, tras identificar el rostro de desacierto del chico de anteojos_. No soy ningún temerario ni alguien con complejo de héroe. Todo lo contrario, solo soy un simple caballero amante de las reglas que está dispuesto a cumplir con su deber. Y mi deber, más que proteger al reino que me vio nacer… ¡fue proteger a todas las personas que amo! Tal vez te cueste entenderlo ahora, pero mi vida ya no es solo mía. ¡Le pertenece también a tu papito Paul, a Orihuela y a todos los que dieron su vida enfrentando a los rebeldes!
Escucharlo contar su tragedia y las motivaciones detrás de su decisión con toda la tranquilidad del mundo, sumándole una sonrisa optimista, incomodó al pelinegro brevemente. Aunque, más pronto que tarde, entendió que lo hacía así no porque de verdad le diera igual su salud, sino porque era la forma en que afrontaba su dolor. Su alegría ocultaba muchas cosas. Quizá, decepción por no haber logrado detener a Camus; frustración por verse obligado a seguir en cama a pesar de ser una de las personas más enérgicas que conocía. Pena, por estar lejos de la tía Magdalena y del primo Junior. Incluso culpa, por no haber sido lo suficientemente fuerte como para combatir al único usuario conocido de poder demoníaco en tiempos modernos.