Hace más dos mil años, la detonación de una bomba atómica cambiaría el rumbo de la humanidad para siempre. El llamado “karma de Dios” no solo provocó la aniquilación de casi el 50% de un antiguo subcontinente conocido como América del Norte, sino que, además, el resto de naciones se vieran envueltas en un fuerte conflicto político, temerosos por el poder bélico que desarrollaron sus enemigos por aquel entonces. La tercera guerra mundial empezó y, junto con ella, la aniquilación progresiva de la vida en la tierra.
Toda regla conocida por el hombre fue vulnerada. Hambruna, delincuencia, corrupción, asesinatos… La humanidad se vio llevada a su límite por sus propios pecados y así se mantuvo por tres largos años hasta que, cierto día, alguien apareció. Un hombre, uno de los pocos americanos que sobrevivió al “karma”, hizo su aparición pública obrando en favor de los desamparados, protegiéndolos y augurando tiempos mejores para todos aquellos que se reconocieran como “hijos de Dios”. En cuestión de meses, logró hacerse de una sequita importante de seguidores los cuáles usó para acrecentar aún más su fama en todos los rincones del mundo.
Fue así, como “el salvador” se convirtió en un ícono mundial y se mantuvo así por los próximos siete años. Ya en la cima, cierto día, una persona lo buscó para hablar personalmente con él.
Se trataba, del hombre que le arrebató todo.
El creador del “karma de Dios”.
Diez años tuvieron que pasar para que se vieran las caras, y muchos más que esos para reconocerse como los amigos que alguna vez fueron. Una guerra lo originó todo y también, fue de esa manera, como todo terminaría para ambos. No mucho después, “el salvador” jugó un papel determinante para que los principales líderes mundiales por aquel entonces firmaran un tratado que contemplaba restaurar la paz entre naciones, reconociendo su valor y permitiéndole que guiara a la humanidad a tiempos de bonanza. Una época, que fue conocida por muchos como el “Nuevo Orden Mundial”. O, también…
… el momento en el que el verdadero apocalipsis comenzó…
Ya consciente de su verdadero poder, aquel hombre no hizo más que sublevar a los hijos de Dios y perseguir a todos aquellos que estuvieran en contra de su palabra. Se vulneró el derecho a la libertad de expresión y de pensamiento. El poder lo consumió y, eventualmente, terminó perdiendo el poco raciocinio que todavía albergaba en su interior. Así como su propia humanidad.
Trompetas se escucharon en el cielo, poderosos terremotos partieron continentes enteros. Para cuando el ciclo del día y de la noche se rompió, “el salvador” cayó en cuenta del tremendo error que había cometido, pero ya era demasiado tarde. El ángel caído volvió a caminar sobre los terrenos de Dios y desencadenó lo que muchos conocieron como el apocalipsis. No hubo país que se librara de su reinado de destrucción ni poder capaz de pararlo. Muchos imploraron por el perdón del Señor, pero este no respondió a sus llamados.
Su castigo por haberle dado la espalda, fue que lo perdieran todo a manos de quien, en antaño, también fungió como uno de sus más leales ángeles. Los dejó a su suerte y, aún con eso, la humanidad siguió luchando sin descanso hasta el final. Ya no por su libertad, sino para volver a ser dignos de su gracia.
Al final, fueron cinco los hombres y mujeres que recuperaron la gracia del Padre: Gleen Ree, Taylor Jensen, José Carlos Melendi, Usain Abdullah y Charlotte Dawson. Ellos, despertaron una extraña fuerza que les permitió controlar los elementos de la naturaleza a voluntad. Fuego, agua, tierra y aire se fusionaron en un poderoso ataque definitivo con el que, a cambio de sus propias vidas, lograron sellar al señor de la oscuridad en las profundidades de la tierra. Para cuando el sol volvió a bañar los cielos con su luz, satanás cayó derrotado y los ahora guerreros benditos, fueron venerados como los verdaderos salvadores de la humanidad.
Dicho acto desinteresado, hizo que el Creador sobrevolara el firmamento una vez más y los trajera de regreso al mundo de los vivos, encomendándoles una nueva misión: preparar a las futuras generaciones para un inminente regreso del ángel caído.
Fue así… que los siglos pasaron…
El hombre volvió a ser la especie dominante en la tierra, más sus normas sociales cambiaron para siempre ya que había algo que diferenciaba a su era de la anterior: la presencia de los guerreros benditos. Ahora, bendecidos, magos y civiles habitaban los cinco grandes continentes y enfrentaban sus propios problemas. Se vivían tiempos de paz… o al menos, eso les hicieron creer. La maldad volvió a gestarse en sus corazones. Ignorantes, de que otro hombre estaba próximo a cumplir una vieja profecía.
Y su nombre, era Camus.