En lo que los padres de Luciana consideraban la petición de su hija para que Yanet se quedara a vivir de forma permanente en su casa, la pelinegra habilitó una de las habitaciones disponibles del segundo piso para que la aspirante a guardia civil pudiera instalarse. La ayudó a desempacar su ropa, al menos solo la que su amiga permitió ya que tampoco tuvo intenciones de dejar vacía su gran maleta roja por si, al final, el señor y la señora Flores cambiaban de parecer.
- Tampoco es como que te vayan a echar de inmediato. Ellos no son así _argumentó su mayor en estatura.
- Lo sé, pero me siento más cómoda así _respondió.
Su nueva recámara, aunque acogedora, carecía de algo que antes apreciaba mucho: una ventana que diera hacia el exterior. La que había conectaba directamente con el pasadizo, contrario al que tenía su amiga, cuyos ventanales eran incluso más grandes que los que tuvo alguna vez en su anterior vivienda. Era la única, por cierto, de todo el segundo piso en tener vista exterior, así como un baño propio y un gran clóset en donde Luciana solía meterse para reflexionar o llorar.
O eso le contó la primera noche que pasaron juntas.
Todos se estaban tomando demasiadas molestias con ella para solo ser una invitada. No pudo evitar sentirse culpable por eso. Incluso, se le escaparon un par de lágrimas de rato en rato sin siquiera darse cuenta. Los padres de su amiga se dieron cuenta de ello, aunque optaron hacerse de la vista gorda. Hasta el pequeño Ismael hizo su aporte, ayudándola a barrer el polvo de su cuarto previo a que Luciana y ella llegaran para instalarse.
- ¡Genial! _graznó este de repente, encontrándola al pie de las escaleras_. ¡Ahora tenemos otra llorona en la familia!
Con el pasar de los días, fue más el tiempo que pasó en la calle buscando trabajo que adaptándose a su nuevo domicilio. Recorrió toda la avenida principal del distrito 17 de arriba a abajo, dos veces. Partió desde sus límites con el distrito 16, muy cerca del hospedaje para viajeros en donde se estuvo alojando hasta llegar al gran arco de rocas que daba la bienvenida al distrito 18. Los resultados, sin embargo, siguieron siendo los mismos: o le ofrecían muy poco dinero a cambio de trabajo duro, o de plano no la dejaban trabajar por las estrictas leyes de protección al menor. Su terquedad por no darse por vencida fue tal, que se vio forzada a usar parte del dinero que le dio Dalmahad para movilizarse a distritos más alejados de su zona de confort en busca de nuevas oportunidades, llegando así hasta el distrito 20.
Este, junto con el distrito 21 y un par de urbanizaciones del Centro de Amil, eran vistas como las zonas más peligrosas para vivir dentro de la capital. Incluso algunas partes del 19 ya eran peligrosas debido a la delincuencia que se gestaba y a las cuestionables labores de la Guardia Civil para erradicarlas. Las primeras calles que Yanet recorrió no le agradaron en lo absoluto. Pese a ser de día, ambos lados de la carretera estaban plagados de comercio informal, con puestos improvisados de madera que exponían sus productos sin ninguna medida de protección o, incluso, dejándolos directamente sobre grandes telares coloridos en el suelo.
La bulla la atrofió, no estaba acostumbrada a tanto caos.
Irónicamente, fue ahí en donde encontró trabajo como vendedora de frutas en un pequeño mercado a escasos metros de lo que, en un futuro, prometía ser un bonito gimnasio para la comunidad civil. La paga no era la gran cosa, pero lo aceptó únicamente porque ya estaba fastidiada de lidiar con el rechazo. Además, porque los horarios que le planteó su jefa prometían ser flexibles en caso de que Yanet tuviera contratiempos o decidiera estudiar algo en un futuro cercano. Tuvo suerte de que la mujer se apiadara de su situación. Y si bien, intuyó que la reconoció pese a usar su infalible gorra con visera, nunca mostró indicios de querer aprovecharse de su “fama”.
- Imagino que lo que menos quieres es armar un alboroto en este lugar. ¿No es así? _preguntó, una vez que le revelara su identidad con fines de elaborar un contrato improvisado.
- Así es _asintió con la cabeza_. El año pasado ya fue muy difícil para mí. Lo único que quiero ahora es trabajar honradamente.
- Bueno. Así quedamos, entonces _estrecharon sus manos para cerrar el trato_. Apoyarás a esta humilde trabajadora de la comunidad civil los lunes, miércoles y viernes. No siempre podré garantizarte un almuerzo, pero sí pagos puntuales cada quince días _revisó su mercadería con una bondadosa sonrisa sobre su rostro. Sus grandes arrugas le resultaron adorables_, y supongo que algo de fruta.
Le arrojó una manzana verde con mucho cuidado. A lo que Yanet la agarró sin problemas, agradeciéndole de nuevo por la oportunidad.
Eventualmente, y tal y como auguró Luciana, el señor y la señora Flores decidieron que podía quedarse a vivir con ellos de forma indefinida. Lo único que le pidieron a cambio era respetar los horarios de llegada a la casa, que ayudara con los que haceres del hogar y que, por supuesto, le contara a su mamá en dónde se estaba alojando. La joven curiosa no estuvo para nada de acuerdo con ese último punto, aunque, al final, terminó accediendo únicamente porque estos le prometieron que se harían responsables en caso de que su progenitora decidiera tomar alguna acción legal en su contra.
- Si, estoy bien… Me estoy quedando en casa de una amiga de la academia. Se llama Luciana. Vive en la entrada del distrito 19, en el complejo de viviendas del lado izquierdo de la carretera… No, no regresaré a casa, mamá. Yo… ¡conseguí trabajo! Empiezo el lunes, es en un mercado del distrito 20. Mi jefa es una señora bastante buena, prometió ser flexible con mis hor… _suspiró, molesta_... ¿Ya vas a empezar? Si sé que no es el distrito más seguro, pero era eso o quedarme desempleada… Si, lo sé. La otra semana iré al consultorio de la doctora Beifong… No. No es necesario que nos veamos. Iré después del trabajo, lo más probable es que llegue en el horario de la tarde… No, tampoco es necesario que vengas… ¿Qué por qué no? ¡Porque te conozco! Lo último que necesito es que le causes problemas a la familia Flores. Son buena gente, me caen bien. Los apoyaré el tiempo que tenga que quedarme con ellos… ¿Cómo dices? ¿Qué si me llegó un mensaje del CGEM?