Diane Vanderlei no estaba usando su posición como monarca para mostrarse superior ante Yanet. De hecho, estaba lejos de ser así. Solo aplicó la ley del mayor de edad para entrar en su mente y asumir que, por más madura que sea, seguía lidiando con los típicos problemas de un adolescente promedio. La presión era su más grande debilidad y lo supo con solo verla caminar.
Pisadas toscas, hombros tensos, la mirada en otra parte. La aspirante a guardia civil llegó hasta el centro del estrado, siendo recibida por Sir Santorski con un beso en la mejilla para, a continuación, inclinar su cuerpo hacia adelante para reverenciar a la gran monarca. Gesto… que dejó desconcertada a la adulta por unos segundos.
No era de su agrado, eso lo tenía claro. Más, sin embargo, Yanet era lo suficientemente astuta como para guardar las apariencias en público. Pero, ¿por qué? Sus informantes le advirtieron que odiaba a los medios de comunicación y que, de hecho, estaba muy descontenta con la etiqueta de “heroína” que le dieron.
- Un placer conocerla, madame Vanderlei _dijo la menor de edad, todavía con la mirada hacia el suelo.
- El placer es mío _sonrió, complacida, sujetando su mano derecha sin previo aviso para estrechársela_. ¡Al fin tengo el honor de conocerte, Yanet Benavides! ¡Hagamos que este día sea memorable!
Ambas, monarca y guerrera, volvieron a desafiarse con las miradas, diciéndose cosas que no podían oralizar debido a la efusividad del momento. Aun así, ninguna se mostró esquiva a una interacción física, sonriendo felices para los holomisores de los periodistas mientras sujetaban sus espaldas en una pose algo desproporcionada. Aunque su calzado tenía tacones cortos, todavía estaba muy lejos de alcanzar la altura de madame Vanderlei.
La repentina euforia de un adolescente despertó el interés de ambas. Ismael, el hermano de Luciana, no dejaba de retorcerse sobre su asiento, proclamando que era el mejor día de su vida sin despegar la vista de la máxima autoridad en todo el reino de Melendi. Generó un par de risas sinceras, pero, no más. En adelante, el protocolo de la Graduación Estelar retomó su marcha habitual, invitando estudiante por estudiante para que recibieran sus diplomas. Yanet se mantuvo ahí todo ese tiempo, al lado de la monarca, felicitando a los felipianos para terminar tomándose una fotografía con ellos.
Y así fue, hasta que le tocó cruzarse con varios rostros conocidos.
El primero que subió fue Aldo Casas, guerrero bendito de nivel superior, ahora reconocido como uno de nivel avanzado por la misma monarca de Melendi por sus actos heroicos durante el atentado a la academia San Felipe, así como por su dominio de técnicas benditas del mismo rango. Aunque parco al inicio, el adolescente de cabeza rapada no pudo evitar sollozar cuando oyó las arengas de su familia en la lejanía, alzando su diploma con orgullo para decirles en señas que ese “premio” también era para ellos.
Jairo Díaz fue el siguiente de sus amigos en subir al estrado, también reconocido ahora como guerrero de nivel avanzado. No mucho después, llegó el turno de Luciana. Y si bien, su mejor amiga intentó de pasar desapercibida, fueron muchos los que la reconocieron no como una de las guerreras que ayudó a frenar la arremetida rebelde hacía solo unos meses atrás. Si no, como “la enamorada de”.
Quien también se hizo presente en la lista de graduados fue Ángela Montejo, la enamorada de Jairo. Pero, contrario a contagiarse con la felicidad de su grupo, la mujer solo atinó a sonreír para la fotografía junto a madame Vanderlei y Yanet. El que sí subió con lágrimas en los ojos fue Lucke Tinoco, abrazando a su “amiga” con fuerza para terminar su participación estrechando la mano de la reina.
Recordó que, en algún momento, Sebastián le habló sobre las injusticias que vivieron algunos de los estudiantes que conformaron la disuelta sección “C” de su promoción. Lucke, en particular, tenía una rencilla personal con el director Enrique. Problema que, junto con su amigo Ángel, usaron para motivarse mutuamente y llegar a ser en determinado momento, los alumnos más fuertes de la academia.
Nadie nunca apostó nada por él y, ahora, era nombrado por la gran monarca como guerrero bendito de rango avanzado.
Su reencuentro con Fiorella Valcárcel llegó casi al final del evento, abrazándose con fuerza después de mucho tiempo. La rulosa no pudo evitar opinar lo bonita que le quedaba el vestido y Yanet, correspondió a su halago resaltando su maquillaje. Se tomaron su foto, la vio admirar a madame Vanderlei y, con la misma, se retiró mientras que el público la despedía con un fuerte aplauso.
Ya todos habían sido llamados. Pero… ¿y ella?
La sonrisa complacida de la monarca no le auguró nada bueno. ¿Sería que, al final, sí la usaría como propaganda para sus intenciones políticas? ¿Qué tramaba?
- Felicidades a todos, de verdad _volvió a tomar la palabra, después de una larga ausencia_. No los conozco en profundidad, pero, por lo poco que he alcanzado a escuchar de cada uno de ustedes, me complace saber que la academia bendita San Felipe mantuvo hasta el final de sus días su fuerte deseo de formar guerreros de calidad. Hoy, puede que muchos de ustedes sigan siendo espectadores, pero mañana serán los protagonistas de nuevas historias. Serán, como dije hace rato… los responsables de conducir a las nuevas generaciones hacia el paraíso de nuestro señor Dios. Los ataques de Nuevo Amanecer, aunque tráficos, me hicieron darme cuenta del más grave error que ha venido cometiendo no solo mi generación, sino también la de mi padre y la de mi abuelo. Siempre terminamos subestimando el poder real de los jóvenes. Jóvenes como Sebastián Robles… quien, con su sacrificio, nos demostró una vez más que el significado de familia va más allá de los lazos sanguíneos. O como el de su compañera aquí presente, Yanet Benavides… _al fin, Diane Vanderlei se atrevió a mencionarla. La escuchó atenta, con los nervios a flor de piel_... quien no es más que el reflejo de aquellos anhelos que muchos de nosotros tenemos. Para algunos, puede ser una farsante, como para otros una heroína. Yo quiero verla como quien realmente es… una mujer que ha sido obligada a recorrer un camino que nunca quiso, pero que de todos modos lo hace… por el amor que tiene por su gente. Pero ella también tiene sus propios objetivos, ¡sus propios sueños! ¡Y yo quiero ayudarla a hacerlos realidad!
Editado: 03.08.2026