Los Sobrevivientes: Un sueño más grande

Capítulo 12. La noticia

¡Respeten su uniforme! ¡Cuídense los unos a los otros…!

Quiso alcanzarla, más el violento temblor de sus piernas hicieron que Sonya volviera a colisionar contra el suelo. Todo ante la atenta mirada de Yanet quien, lejos de dejarla a su suerte, no dudó en ir a socorrerla pese a las negativas de la chica. Esta trató de alejarla por todos los medios posibles, empujándola y repitiendo que “sus rasguños” no eran nada comparado con todo lo que le haría.

Y, apenas terminó su oración, cayó inconsciente en los brazos de la persona que prometió lastimar.

- ¡Carajo! _graznó Yanet, contrariada_. ¡Maldita seas, Sonya!

Por un momento, pensó en sanar sus heridas con naturaleza bendita. No era especialmente buena con el elemento, aunque tuvo que reconocer que mejoró mucho gracias al entrenamiento con Luciana. Sin embargo, todas sus buenas intenciones se derrumbaron cuando recordó las palabras del director Aguilar. No se podía usar técnicas benditas, no durante la prueba de supervivencia.

Tuvo un fuerte debate moral. Si retomaba su marcha y la dejaba a su suerte, definitivamente no perdería la vida, más Sonya quedaría con graves secuelas que tardarían en sanar. Pero, si se quedaba a cuidarla, no solo tendría que tratarla de manera tradicional, sino que quedaría muy por detrás del resto de aspirantes.

El tiempo estaba en su contra y Yanet…

… regresó al río a paso lento…

Cuando Sonya recobró el conocimiento, el sol no solo estaba en su máxima potencia hasta el centro del cielo, sino que, además, ya tenía toda la ropa seca y bastante cálida. La cabeza le dolía horrores, y si bien, todavía no podía moverse con facilidad, no pasó mucho tiempo para que descubriera que tenía algo pegado a su frente. Era un trozo de tela gris con bordes negros.

Ya no sangraba. De hecho, traía la cara limpia.

Varios kilómetros al norte, una exhausta Yanet corría desesperada entre las calles de la urbanización playera que el señor Flores le comentó a su llegada a la residencia Aguilar. No le importó embestir a un par de transeúntes, al menos no mientras se disculpaba con ellos con toda la pena del mundo. Lo único que deseaba en ese momento era acortar la brecha de tiempo que, muy posiblemente, ya tenía en comparación con el resto de participantes de la prueba de supervivencia. La manga izquierda de su polo estaba rota, tuvo que sacrificarla para curar a la necia de su “rival”.

Poco después de la una de la tarde, la adolescente al fin logró salir de la zona poblada para retomar su marcha, ahora sí, hasta el lugar donde todo comenzó. La vivienda de Pedro Aguilar se mostró desolada, aunque supo por su lectura de presencias que cada vez… eran más las personas que se acercaban a ella…

- ¡¡¡EL ÚLTIMO EN LLEGAR A LA CASA RENUNCIA A LA CONVIVENCIA!!! _gritó un joven vestido con el uniforme de la Academia Élite quien, de un momento a otro, apareció corriendo con la cara sudada y los músculos de los brazos marcados por la adrenalina, seguido muy de cerca por otro muchacho que se le hizo bastante familiar. Era Maggyeren, también había llegado a su límite, bastaba con ver su cara para saberlo.

Ambos corrían a su izquierda, dentro de un campo de cultivo mientras que, hasta su derecha, identificó a otros cuatro aspirantes.

Los siete aceleraron la marcha, rebasando todo límite físico personal conocido hasta que, al final, solo uno consiguió rebasarlos y no fue otro que el mismo chico que impulsó el desafío.

El salto que pegó desde varios metros antes de llegar a la residencia fue tan irreal, que el resto de los corredores no dudó en increpárselo, incluyendo la misma Yanet. Quien, molesta, no dudó en acusarlo de usar poder bendito para ganarles.

- ¡No es poder bendito, “heroína”! _repitió este, ofendido_. ¡Se llama resistencia física! Algo que parece que tú no tienes.

- ¡¿Qué yo… no tengo…?! _apretó los puños, igual o más ofendida que él_. ¡Te demostraré que…!

Su exclamación también se convirtió en su último aliento.

Yanet cayó inconsciente al piso ante la atónita mirada del resto de aspirantes. Ninguno supo qué hacer con ella.

Fue así… que las horas pasaron…

El cielo tuvo que perder el mágico celeste de la mañana y reemplazarlo por las tonalidades cálidas de la tarde para que la joven curiosa despertara de su letargo. Al principio, no le prestó mayor importancia al hecho de haber estado recostada todo este tiempo bajo el tejado de una pequeña cabaña. Pero, bastó con que su cuerpo advirtiera la presencia de otro personaje a su lado para que sus cinco sentidos volvieran a trabajar a su 100%.

- ¡¡¡TÚ!!! _miró a su acompañante, temerosa_. ¡¿Cómo es que…?!

- Vaya, parece que ahora sí despertaste de verdad.

Maggyeren le sonrió con confianza. Por un momento, supo emular de forma fidedigna la sonrisa nerviosa de Luciana.

- ¿Despertar de verdad? ¿De qué hablas? _se fijó en el bello atardecer del paisaje_. ¿En dónde estamos?

- Seguimos en la residencia Aguilar _Yanet dejó caer su cabeza a la derecha, muestra de que no entendía nada de lo que le estaba diciendo_. ¿En serio lo olvidaste? Estábamos corriendo con un par de aspirantes para ver quien llegaba antes aquí cuando, de repente, te desmayaste por exceso de cansancio. Como nadie supo que hacer contigo, solo te arrastraron hasta la cabaña donde el director se reunió con nuestros padres y retomaron la prueba de supervivencia.



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En el texto hay: misterio, romance, drama

Editado: 17.08.2026

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