Los Sonetos de la vida (poemario)

Soneto I: No busco el oro en la montaña fría

Soneto I: No busco el oro en la montaña fría

No busco el oro en la montaña fría,

ni el eco fiel de voces que se han ido;

persigo el rastro del caos compartido,

que deja al alba en sombra todavía.

​Heredé una corona de agonía,

un poder que en la sangre se ha dormido,

y aunque el hilo del tiempo esté perdido,

mi mano trazará la profecía.

​No temo la batalla del mañana,

si el fuego de los míos me acompaña

cuando la noche se descubre fría;

​la fuerza de la sangre no se engaña,

ni el miedo ocultará nuestra montaña,

pues toda herencia aprende a hacerse vida.




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