Soneto IV: Cuando el peso del día aprieta fuerte.
Cuando el peso del día aprieta fuerte,
y el eco del ayer se vuelve estrella,
busco refugio en una trama ajena,
donde descansa al fin mi propia pena.
Abro aquel viejo libro que el tiempo sella,
o una pantalla de distinta suerte,
y dejo que la historia, sabia y buena,
me lleve en su invisible carabela.
Mas no es cobardía esta huida pura,
ni un olvido liviano y sin medida.
Es buscar, en la ajena arquitectura,
el espejo más hondo de la vida:
un respiro para tallar mi altura,
y volver con la herida compartida.