Soneto VI: Cuando la noche niega la mañana
Cuando la noche niega la mañana,
y el paso se detiene ante el abismo,
un pulso ciego habita en uno mismo,
como semilla en tierra soberana.
Es la pequeña vela que no sana
la oscuridad del mundo y su egoísmo,
mas da el valor de cruzar el bautismo
de un libro con la página lejana.
No exige que el destino se detenga,
ni espera una respuesta milagrosa
que borre de la ruta la tormenta;
confía en que Dios cuide y nos sostenga,
dando la paz que en el alma reposa,
mientras el corazón firme la enfrenta.