Soneto VIII: Se yergue un faro en medio del abismo
Se yergue un faro en medio del abismo,
que no apaga la furia de la bruma;
mientras el mar rugiente se desploma,
su luz desafía al negro cataclismo.
No promete que el agua se adormezca,
ni aparta los peligros de la roca;
mas le recuerda al alma que la toca
que habrá una mañana que amanezca.
Tampoco es certeza del destino,
ni el milagro que calma la tormenta
antes de que la nave quede rota;
es la fe que ilumina este camino,
la señal que en el alma se presenta
para seguir remando en la derrota.