Piedras heredadas de lo vivido,
y pesan aunque el tiempo las venciera,
como si el corazón las padeciera,
sin ver que aquel dolor quedó dormido.
Perdonar no es negar lo sucedido,
ni dejar que el rencor siempre volviera,
es aceptar que el daño sucediera,
sin dejar que domine lo perdido.
Hoy suelto la piedra que llevo en mano,
ya no quiero cargar con lo sufrido,
para que sane, al fin, esta herida;
y ando otra vez con el corazón sano,
sin negar la verdad de lo sentido,
y dejo respirar la nueva vida.