Arde una vela quieta, aún presente,
mientras la cera, lenta, se devora;
no se apresura, pero nunca ignora
que el tiempo pasa aunque parezca ausente.
No hay quien detenga el paso permanente,
guardamos oro, todo se atesora,
mas nadie compra el tiempo que se añora,
y cada página guarda el presente.
No es el final aquello que tememos,
sino creer que siempre nos espera,
creyendo que la luz no está perdida;
el tiempo vale por lo que encendemos,
no por vencer la sombra pasajera,
y por hacer de cada instante vida.