Lyla Rosse | Insoportable princesa
¿Cómo había llegado a este punto?
Estaba frente a un espejo arreglando los últimos detalles de mi peinado para salir de mi habitación y encontrarme con esos ojos azules que estaban esperando por mí en el sillón de la sala.
Estaba nerviosa y eso era poco decir, sentía mi corazón latir frenético ante la ansiedad de saber cuál sería su reacción al verme entrar a la sala para poder ir juntos a la fiesta de graduación de la universidad.
Respiré dando un paso atrás para poder verme en el espejo y apreciar mi aspecto por completo. Mis dos mejores amigas estaban detrás de mí, ambas sentadas sobre mi cama hablando de sabrá Dios que, yo no prestaba mucha atención a la conversación.
Miré mi reflejo con una mirada de aprobación, me gustaba lo que mis ojos veían.
Traía la mitad de mi cabello rubio recogido en una coleta alta y el resto suelto para que mis ondas pudiesen lucir. Había elegido usar un lindo vestido rojo con escote corazón, la falda era lo suficientemente larga como para cubrirme hasta los pies y destacaba mi cintura y caderas, una abertura dejaba a la vista parte de mi pierna derecha y uno de los tacones rojos que ya había usado en muchas ocasiones anteriores. En algún momento las había llamado "las zapatillas de la desgracia" porque creía que eran de la mala suerte, ahora me parecía irónico el rumbo que habían tomado, se habían vuelto mis favoritas, casi un tesoro.
- Creo que estoy lista -me giré para ver de frente a mis dos amigas.
La pelirroja fue la primera en verme, la sonrisa de satisfacción apenas podía disimularse, la pelinegra me miró con sorpresa y admiración.
- Ly, te ves espectacular, solo hace falta un pequeño detalle y estarás perfecta -me halagó Jess.
La pelinegra se acercó hasta donde yo me encontraba y de mi tocador tomó un labial rojo para pintar mis labios y darle un toque de color acorde al resto de mi atuendo.
- Ahora ya estás oficialmente lista.
Jess me sonrió, ella lucía un elegante vestido strapless cuyo torso era de una tela plateada que daba la ilusión de un degradado hasta iniciar una falda negra, su largo pelo negro estaba suelto con ondas definidas. Kyle había optado por un vestido verde esmeralda asimétrico que resaltaba su pelo rojo, se había trenzado una parte y el resto estaba suelto.
- Te ves preciosa, él no podrá quitar la mirada de ti -Kyle me dio una mirada coqueta, ya sabía muy bien lo que insinuaba.
- Cállate -solté, sentía que mis mejillas empezaban a sonrojarse-. Será mejor que salgamos ya, seguro que no pueden esperar más -solté divertida tomando el pequeño bolso de la estantería a la par que abría la puerta de mi habitación.
Salí en camino a la sala con la intención de encontrarme con él y ver su reacción.
No sabía cómo habíamos llegado hasta aquí juntos, pero si sabía que todo había empezado gracias a una apuesta.
UN SEMESTRE ATRÁS...
Estaba en la fiesta del fin de semestre en casa de Zed Harris, me sentía extasiada por la música y las bebidas en la barra, riendo en uno de los sofás junto con Jess, Kyle y Mark, una escena bastante casual si no fuera porque:
1. Odio las bebidas alcohólicas.
2. Odio salir de casa y eso incluye ir a las fiestas.
3. NUNCA en la vida apostaría sabiendo que perdería al final.
Pero no contaba con una pequeña variable... Jess y Kyle se las ingeniaban para lograr convencerme de asistir a sus eventos sociales.
Normalmente no duraba ni media hora en un lugar rodeada de gente porque me sentía asfixiada, irónicamente ya habían pasado más de 2 horas desde que llegamos y no se me había cruzado la idea de escabullirme a mi departamento a la primera oportunidad, por el contrario, ese tiempo lo dediqué en bailar, cantar, reír y beber alcohol por partes iguales, incluso Andrew me había dejado 8 llamadas que no respondí y más de 29 mensajes que no leí. Estaría en serios problemas en cuanto recobrará la consciencia.
Había perdido la cuenta de cuántos vasos había bebido a estas alturas. ¿Habían sido 3 o 5? No lo sabía, solo era consciente de que Mark intentaba quitarme el vaso cada que veía alguna oportunidad, según él porque "ya había bebido mucho y me iba arrepentir después" claramente no le hice caso y sus esfuerzos eran en vano, ahora se limitaba a mantenerse al pendiente de mí para impedir alguna imprudencia mía.
Por desgracia solo podría intervenir en mis acciones y no con mis palabras.
No me arrepentía de nada hasta que...
- Les apuesto lo que quieran a que antes de que termine el próximo semestre voy a confesarle lo que siento a Zed- manifesté segura de mí misma, señalando al castaño con el vaso que tenía en la mano.
La pelinegra y pelirroja que estaban a mi lado se lanzaron una mirada cómplice mientras sonreían de manera burlona. El castaño solo se limitó a negar con la cabeza siendo espectador.
- De acuerdo, pero si no lo haces te tocará besar al siguiente en entrar por esa puerta- propuso Jess.
No lo pensé dos veces, nada podría salir mal y tenía toda la confianza en que lograría mi cometido por eso me atreví a contestar:
- Que empiece el juego.
Para mi mala suerte el siguiente en entrar no era nada más ni nada menos que Asher Larren, la segunda persona más codiciada de la institución y a la vez la más intimidante.
- No quiero arruinar el momento, pero creo que te acabas de condenar -me susurró al oído Mark con una sonrisa burlona.
Me llevé la poca bebida que quedaba en el vaso a los labios y la bebí, intentaba quitar el nudo en la garganta que se había provocado al darme cuenta del lio en que me acababa de meter.
Maldita suerte la mía.
A la mañana siguiente desperté en mi habitación sin saber cómo había regresado y con la duda de si habíamos decidido cometer la imprudencia de manejar en estado de ebriedad, de verdad esperaba que no, aún existía la posibilidad de que Mark o mi hermano nos hubieran traído.