Lyla Rosse | Insoportable princesa
El universo se burlaba de mí. A veces me ayudaba y otras disfrutaba de ponerme en una situación desagradable o en líos, esta era una de esas ocasiones.
Mamá no me había dicho de quién se trataba y no entendía la razón, quizás de haberlo hecho me sentiría un poco más preparada y confiada, incluso podía haber evitado este silencio incómodo.
Seguíamos en la entrada mirando de frente a Asher.
Mamá me terminará debiendo si es que de alguna manera lograba aguantar a ese pelinegro por una semana.
- ¿Asher? -preguntó Jess sacándome de mis pensamientos.
La pelinegra ya había entrado al departamento y se encontraba cómodamente sentada en mi sofá. Kyle, por su parte, seguía a mi lado sin saber cómo reaccionar ante la noticia. Seguramente estaba aguantando la risa de lo divertida que le parecía la situación.
- Hola Jess, Kyle y... -dudó antes de continuar- Lyla.
- Hola -respondí con algo de inseguridad.
- Esto sí que es una sorpresa -Kyle me instó a entrar tomándome del brazo-. Esperaba ver a cualquier otro chico menos a ti.
- ¿En serio? -Asher me miró y una sonrisa juguetona amenazaba con aparecer- ¿Tu hermano sabe que te gusta ir coqueteando para tener a los chicos a tus pies? ¿Es esa la razón por la que alquilaste la habitación?
Estaba atónita, ¿cómo pasó de la amabilidad a la hostilidad?
- Yo no tengo nada que ver con eso. El acuerdo con mi madre era alquilarla a una chica. ¿Cómo es que la convenciste?
- Yo no hice nada. Mi hermano hizo el trato en mi lugar. ¿Hay algún problema con eso?
Claro que había un problema. Él me evitaba porque supuestamente lo irritaba, incluso había rumores de que él me odiaba con una mayor intensidad, además tenía el presentimiento de que todo terminaría muy mal.
En cualquier caso, tenía que intentar que esto funcionara, aunque no lo veía fácil.
- No, mi madre tendrá sus motivos para haberte dado la habitación y los respeto -respondí.
El ruido del televisor nos interrumpió y vi a Kyle y Jess dispuestas a ver una película de Netflix, ignorando por completo la situación. Me parecía algo increíble que ellas simplemente decidieran ignorar lo que estaba pasando.
- Supongo que podemos intentar llevarnos bien, ¿no crees? Quizás no seremos los mejores amigos, pero podemos hacer una tregua.
- Si así lo quiere la princesa, así será.
Me acerqué a dónde se encontraban mis mejores amigas y me senté a lado de Kyle. Escuché como los pasos de Asher se fueron alejando en dirección a su habitación, permitiendo a mi cuerpo relajarse. ¿Por qué siempre que estaba frente a él me tensaba tanto?
- Entonces... ¿la suerte no estuvo de tu lado el día de hoy, cierto Ly? -preguntó Jess viéndome de reojo.
- No sé a que te refieres -intenté no caer en su trampa.
- Me refiero a que, ahora que sabemos que Asher vivirá contigo, no creo que duren una semana sin querer matar al otro.
Suspiré.
- ¿Esa confianza me tienes? Puedo llevarme bien con él si me lo propongo -seguí viendo las opciones de película que había en el catálogo hasta que una captó mi atención-. ¿Y si vemos "A todos los chicos de los que me enamoré"?
Ambas asintieron y Jess la seleccionó para poder verla.
Me levanté del sillón en dirección a la cocina para preparar las palomitas que comeríamos mientras veíamos la película. A los pocos minutos ya estaban listas, las vacié en un bol y las dejé en el centro de la mesa retomando mi lugar.
- ¿Sabían que Zed planeó la fiesta de inicio de semestre para este fin de semana? ¿Piensan asistir? -interrogó Jess con la mirada en la película mientras se llevaba un puñado de palomitas a la boca.
- Aun no decido si asistir o no, por lo que escuché esta vez sería en la piscina y debíamos llevar ropa para cambiarnos -confesó la pelirroja-. ¿Tú piensas ir Ly?
Vacilé, ese sería un buen momento para acercarme de una buena vez a Zed y darle fin a la apuesta, sin embargo, no quería comprometerme.
- No lo sé, no tengo muy buenos recuerdos de la última fiesta a la que fui -insinué, ellas sabían perfectamente a que me refería.
La película seguía mostrando escenas, pero había perdido mi atención muy rápido. Solo pensaba en lo que significaba tener a Asher como compañero de piso y mil cosas más que rondaban por mi cabeza.
La película seguía reproduciéndose mientras que, de manera ocasional, Asher salía de su dormitorio a la cocina y viceversa. El lado bueno de vivir con alguien que te odia sin razón es que por lo menos tienes más oportunidades de saber qué fue lo que hiciste para merecer tal desprecio.
Estaba segura de que siempre le había tratado bien, pero la probabilidad de que en algún momento pude haber sido grosera sin darme cuenta existía o quizás simplemente no le caía bien y su forma de expresarlo era con su inminente expresión de repudio hacia mi persona.
Después de 45 minutos mi atención se encontraba vagando entre mis pensamientos y la pantalla, ninguna captaba mi total atención porque me perdían al poco tiempo.
Sí, esa era yo. Una chica distraída, con una suerte bastante extraña y la afortunada de ser despreciada por alguien a quien no conocía de nada. Supongo que solo Lyla Rosse podía reunir esos requisitos.
Comía palomitas sin prestar atención hasta que sentí a Asher sentarse a mi lado. Eso era nuevo.
Sin importarle cuanto me extrañaba su presencia a mi lado tomó un puñado de palomitas que empezó a comer una por una de la manera más casual posible.
Volví la mirada a la película intentando no prestar atención a la presencia del pelinegro, pese a que tenerlo cerca lo hacía imposible, quiero decir, esa acción podía desconcertar a cualquier persona ¿no?
Mi celular sonó haciéndome saber que tenía una llamada entrante de mi madre. Acepté la llamada mientras me levantaba del sillón y me dirigía a mi habitación a atender con total seguridad de que nadie me estaría escuchando.