Asher Larren | Hades
Pocas horas después ya me encontraba de vuelta al departamento que compartía con la insoportable princesa.
Sonreí al recordar la razón del apodo, resulta que durante el primer año de universidad de Seren las conversaciones que tenía con Andrew, su mejor amigo, podían ser sobre dos posibles temas: sus entrenamientos y partidos de americano o Lyla, tanto así que llegó un punto en que me hartó el escuchar “princesa” y “Ly” constantemente, por ende, creé el apodo “insoportable princesa” para ella, aún sin haberla conocido.
Al año siguiente la conocí sin saber que eran la misma persona.
Fue una mala primera impresión, lo admito, tanto de mi parte como de la suya porque tan pronto como nos vimos se percibió lo diferentes que éramos, ella parecía el sol de verano, cálida, amable y con una leve sonrisa en sus labios, parecía el tipo de chica a la que nadie le negaría un favor y yo parecía la nieve del invierno, frío, distante y serio ante todos, ni siquiera podía comprender como es que me volví amigo de Tyler y Selene. Él es sumamente alegre y ella suele ser sociable, es el tipo de persona a la que dejas sola 5 minutos en una fiesta donde no conoce a nadie y seguro que al volver ella ya hizo nuevas compañías.
En cuanto supe que se llamaba Lyla me pareció irónico que las 2 personas que menos me agradaban se llamaban igual, ahora entiendo que, en realidad, eran la misma chica.
¿Quién diría que después de 4 años terminaría durmiendo a un metro de su habitación?
— ¿Hades? -le escuché llamarme tras cerrar la puerta, su voz me sacó de mis pensamientos. Al levantar la mirada ella tenía los labios fruncidos en un impulso por callarse, en sus manos llevaba un pequeño bol lleno de palomitas.
— ¿Así es cómo me llamas? ¿Igual que el dios griego del inframundo?
Ella asintió apenada, incluso me pareció tierno su gesto.
— Admítelo, es un buen apodo y te queda, además, seguramente también tengo el mío. ¿Cuál es?
— Insoportable princesa -confesé sin pizca de vergüenza en mi voz, al contrario, se notaba la diversión.
Su sonrisa hizo acto de presencia, no parecía molestarle en lo absoluto.
— Si no fuera por el “insoportable” diría que es lindo.
— Es digno de ti -deje mi mochila en una de las sillas del comedor-. Llegaste antes de tu hora habitual -solté en un intento por seguir la conversación-. ¿Acaso te saltaste tu última clase?
— No, publicaron un aviso de que la profesora no se presentaría -se encogió de hombros dejando el bol de palomitas en la mesa, por segunda vez en el día busqué con la mirada algún rastro de sus dos amigas sin éxito-. No te preocupes, Jess y Kyle no están, tienen otras prioridades que quedarse aquí y ver otra película conmigo.
— ¿Qué otras prioridades podrían tener? -pregunté sentándome a su lado.
— Ir a comprar un traje de baño para la fiesta de Zed -al decir el nombre del castaño sus mejillas se ruborizaron levemente.
— ¿Y qué hay de ti? ¿No piensas ir?
— No soy extrovertida Asher, me abruma estar rodeada de gente desconocida y tengo que trabajar en la cafetería con Andrew.
Así que esa era la razón por la que Seren iba cada fin de semana por un moka -pensé.
— No estoy seguro de que sea verdad la parte de que no eres extrovertida.
— ¿Por qué no? ¿Por qué soy amiga de Jess y Kyle? -preguntó con la mirada en la pantalla buscando algo de su interés en HBO.
Asentí, quería incluir en la lista al castaño de cabello ondulado con el que conversaba esa mañana, sin embargo, me mordí la lengua para evitar tocar el tema.
— Ellas son un caso excepcional, las conozco desde la primaria, por algo en la lista escribí que quería hacer nuevas amistades -afirmó.
La pantalla empezó a reproducir la película “El cadáver de la novia”.
— ¿Algún día me dejarás elegir qué ver?
— Claro, cuando pagues la mitad de la mensualidad.
Sonreí sin intentar disimularlo, me divertía su nueva actitud hacia mí, esa en la que ella no trataba de atacarme u ofenderme, sino que dejaba ver su humor blanco.
Si bien era cierto que ante los demás yo era el de la actitud hostil hacia ella también era verdad que ella contraatacaba y se defendía, podría tener la apariencia de una débil y vulnerable princesa, pero no podría estar más alejado de la realidad. Quizás simplemente no se había dado cuenta de ello.
Me quedé en silencio robándole un puñado de palomitas con toda mi atención en la película, por alguna razón me había atrapado por completo y no tenía ninguna queja. Al menos así era hasta el final, claramente me equivoqué.
— ¿Cómo es que se quedó con Victoria y no con Emily? ¿Qué clase de final es ese?
— No sé de qué hablas, es un buen final. Lord Barkis murió, Emily consiguió su paz, Victoria no tuvo un final trágico y Víctor se quedó con la chica a la que realmente amaba.
— Claro, todo eso está bien hasta que recuerdas que Emily nunca tuvo un amor correspondido.
— Ash, no todos consiguen algo así -aludió-. Por ejemplo, yo.