Asher Larren | Hades
Tomé todos los ingredientes que necesitaría para hacer una comida más decente que pedir una pizza a domicilio. El silencio había invadido una vez más el espacio y no era muy cómodo que digamos.
— Alexa, reproduce “World gone mad” de The Phantoms -demandé, no era mi canción favorita, aunque creí que estaba en un punto medio entre los gustos de la rubia y los míos.
De inmediato el aparato obedeció y el silencio se desvaneció con el sonido de la música. Lyla me miraba con ojos curiosos intentando descifrar que estaba preparando.
Agarré un cuchillo, la tabla de picar y la carne para empezar el procedimiento del alambre que tenía pensado cocinar sobre la barra.
— ¿Cómo es que en toda la semana no te he escuchado ni visto entrar a la cocina?
— No lo sé, soy sigiloso a la hora de preparar o calentar mi comida -me encogí de hombros y seguí cortando.
Lyla agarró otro cuchillo y otra tabla. Se posicionó a mi lado y ella empezó a picar los pimientos y la cebolla.
— Dijiste que no tenías ganas de cocinar -le recordé.
— ¿Y dejarte todo el trabajo? No soy una princesa a la que le deben hacer todo.
Aparté la carne en un bol y empecé a cortar el tocino, el jamón, la salchicha y el chorizo que ocuparíamos.
— Entonces, ¿me estás ayudando solo por la culpa de verme cocinarte?
Ella negó y buscó el sartén que usaríamos para cocer todo lo que habíamos picado y le colocó un poco de aceite.
— En parte, la verdad hubiera sido incómodo solo verte cocinar y encerrarme en mi habitación no era opción -encendió la estufa y colocó el sartén para que se calentará.
Un sonido proveniente de su celular nos interrumpió y la confusión en su rostro era evidente.
Así que a eso se refería Selene con “ella es un libro abierto”.
Tomó el aparato, leyó un mensaje y volvió a dejarlo sobre la barra.
En lo que esperábamos para poder empezar a cocer todo volvimos a iniciar nuestra conversación.
— ¿Ese es el tipo de música que sueles escuchar mientras cocinas?
Ya había terminado la canción que había pedido y ahora reproducía otra del mismo grupo.
— No es de las más recurrentes, pero se podría decir que sí.
— ¿Has ido a algún concierto de ellos?
— No soy una persona que disfrute de los conciertos, prefiero escuchar su música con audífonos.
— ¿Para evitar a las personas?
— Algo así, no me gustan los lugares con mucho ruido y un concierto no se caracteriza por la falta de gente gritando las letras de las canciones -tomé todos los trozos de carne, tocino, jamón, salchicha y chorizo y los vertí en el sartén con mucho cuidado para empezar a cocerlos-. ¿Qué hay de ti? ¿Te gustan? -me giré a verla un momento.
Vi que se encogió de hombros y volví la atención al frente.
— No sabría decir si me gustan, es probable que no por la misma razón que tú, pero quiero vivir la experiencia y saber si estoy en lo correcto o no.
Asentí y continúe moviendo con una pala los ingredientes para evitar que se pagarán.
Nuevamente el silencio nos invadió y Ly parecía muy entretenida mandando algunos mensajes mientras yo me concentraba en añadir los ingredientes faltantes y terminaba de cocer la comida. Cuando me giré para empezar a deshebrar el queso la rubia ya se había adelantado.
— Eres buena ayudante de cocina, ¿lo sabías?
— Tengo que serlo, de otro modo la cafetería no funcionaría -me sonrió-. Creo que de algún modo extrañaba cocinar con la compañía de alguien.
— ¿Lo dices por Andrew? -pregunté mientras apagaba la estufa y servía el alambre en un recipiente.
— Sí, supongo que me acostumbré a siempre ayudarlo a cocinar, aunque solo fueran quesadillas -una sonrisa nostálgica no tardó en aparecer.
— Creí que estabas acostumbrada a tu propio espacio -admití dejando el recipiente a un lado de ella.
— Lo estaba, pero a veces se siente un poco solitario. Es lindo tener alguien con quién hablar como en este momento -dijo colocando el queso sobre la carne y la verdura para que el calor lo derritiera-. Gracias, Hades.
— Un placer, Insoportable princesa -le respondí y una sonrisa involuntaria se me escapó.
Poco tiempo después apagué la Alexa para no escuchar más música y ambos degustamos de nuestro platillo en la mesa del comedor.
Lyla saboreaba cada bocado y su reacción me hizo sentir una satisfacción similar a la que sentía cuando los profesores reconocían algún trabajo por el que me había desvelado con tal de terminar.
— No creí que fueras tan buen chef -admitió.
— Tengo muchas sorpresas ocultas, quizás la próxima vez podrías cocinar tú y yo seré el ayudante.
— ¿Estás diciendo que empezaremos a comer juntos?
— Solo si tú quieres -respondí llevándome otro bocado a los labios.