Zed Harris | El crush
Al sentarme junto a Nathan en una de las mesas mis ojos seguían mirando directamente a la puerta por dónde la rubia desapareció.
— ¿Fue mi impresión o ella se veía nerviosa?
Mi amigo levantó la mirada de su teléfono brevemente.
— No lo sé, pero por tus antecedentes no dudo que así fuera, eres casi el rey de la conquista solo con respirar -se encogió de hombros volviendo su atención al aparato en su mano-. Ya se compraron parte de los insumos para la noche solo hacen falta las botanas, ¿te parece que vayamos a comprarlas saliendo de aquí?
Asentí y le di un pequeño mordisco a mi beso.
La rubia salió acompañada de un chico castaño claro y se sentaron en la mesa junto a una pelinegra y pelirroja.
— Nathan, ¿ellas no son las amigas de Mark? Las que siempre van a los partidos a animarle.
El rubio volteó a ver a su mesa por unos segundos.
— Sí, según recuerdo Jess es la pelinegra, Kyle la pelirroja y Lyla la rubia, ¿por qué tanto interés?
— Es linda, ¿no lo crees? -respondí.
Nathan despegó por completo la mirada de su celular y me lanzó una mirada severa.
— ¿Si sabes que los rumores dicen que Mark es su novio?
— Claro y tú mismo lo has dicho, son solo rumores, significa que existe la posibilidad de que no sea así.
— ¿Y qué piensas hacer para averiguarlo? ¿Preguntarle directamente?
— ¿Por qué no?
— Solo digo que, en caso de que sean verdad, no puedes ser la causa de una infidelidad.
¿Se le podría considerar infidelidad al coquetear con alguien teniendo pareja?
No lo creo. Infidelidad sería tener relaciones no un beso o un coqueteo.
— Además, es tu último semestre, lo que se resume en solo cuatro meses. ¿Te das cuenta de que no tiene sentido porque es poco tiempo? -el rubio le dio una mordida a su bizcocho.
— No, un solo mes basta para que quizás sea mi novia.
— Si es que los rumores son falsos.
Nathan solo siguió comiendo su pan como si no hubiera dicho nada y la campana de la entrada volvió a sonar.
Tal vez lo habíamos invocado. El castaño estaba por dirigirse a la mesa donde se encontraban las chicas, pero le llamé.
— Mark, ¿puedes venir un momento?
Nathan me miró, no sabría describir de qué manera, aunque era muy probable que se tratará de una desaprobación.
Mark se dio la vuelta y caminó en nuestra dirección.
— ¿Necesitas algo Zed?
— Nada en particular, solo tengo una duda. ¿Qué tan cierto es que Lyla y tú son novios?
La sorpresa en su rostro se hizo evidente, tal vez esperaba que le hablara sobre los entrenamientos en lugar de una chica rubia que se encontraba a pocos metros. Nathan parecía querer escapar y su incomodidad era palpable.
— Ella y yo solo somos amigos. ¿Por qué la pregunta?
— ¿Entonces los rumores no son ciertos? -indagó Nathan retomando su alivio.
— No, sin embargo, nos divierte lo que puedan decir cuando nos tratamos como hermanos. ¿Algo más?
Negué con la cabeza.
— No, eso era todo. Gracias.
Mark solo me respondió con un gesto de cabeza y se alejó en dirección a las chicas.
Así que Ly era libre y tenía la oportunidad de acercarme a ella esa misma tarde en la fiesta en mi casa.
Nathan y yo terminamos de comer el pan en los platos y salimos en dirección al súper más cercano para comprar las cosas faltantes para la fiesta.
Tomé algunos refrescos más y las botanas que usualmente consumimos en este tipo de eventos. Tomé algunas bolsas de papas fritas, algunos Doritos, Takis, nachos, cacahuates y para completar algunas botellas de salsa picante.
No soy de las personas que se esmeran a la hora de organizar alguna reunión, está vez sería diferente porque tenía una buena razón para hacerlo.
Era consciente de que nada me aseguraba que Lyla iría, de igual manera me quería asegurar de dar una buena impresión, no perdía nada con intentarlo.
Lyla Rosse | Insoportable princesa
En cuanto Zed y Nathan salieron del establecimiento la conversación en nuestra mesa tomó un rumbo muy diferente al que se había mantenido.
Jess, Kyle y Mark hablaban sobre sus planes con respecto a la titulación y de que les gustaría trabajar una vez que terminarán la carrera.
Aun cuando el tema no tenía nada que ver con Zed se las ingeniaban para lanzarme algunas miradas que insinuaban “Ve y usa de pretexto que trabajas aquí para hablar con él” cada cierto tiempo.
Claramente les ignoré hasta que ambos chicos salieron del establecimiento.
— ¿Qué haremos contigo? La presa viene directo a tus garras y tú la dejas escapar -Jess me recriminó tomando una cucharada de su pastel llevándosela a la boca.