Los tacones rojos de Hades

10- La primer meta y reflexión conjunta

Lyla Rosse | Insoportable princesa

Estaba sentada en el asiento de copiloto del auto de Asher, se trataba de un Nissan Versa negro, no me extrañaba en lo absoluto el color ya que la mayoría de las cosas que le veía usar eran de este mismo.

El silencio entre ambos no tardó en ser interrumpido por él.

— ¿Hiciste algo interesante mientras no estabas conmigo? -su voz soltó un dejé de diversión, uno muy sutil.

— Nada fuera de lo común, en una cafetería no suelen suceder cosas interesantes -respondí sin decirle la novedad que involucraba al castaño de ojos azules que me gustaba, no había razón para hacerlo-. Lo único nuevo es que tu hermano hoy no apareció como otras veces.

— ¿Seren? -asentí. ¿De qué otro hermano podría estar hablando?-. Supongo que sigue concentrándose en la organización del próximo concierto a su cargo.

Sabía que Seren trabajaba dentro del área de Gestión y Producción de Eventos, mi hermano se había graduado de la carrera de Administración de empresas, supongo que al estar dentro del equipo de americano y tener carreras a fines crearon esa amistad que tanto les caracteriza.

— ¿Algún concierto de mi interés?

— Tal vez sí, tal vez no. La verdad no suelo preguntarle sobre su trabajo -el pelinegro se encoge de hombros con la mirada al frente con rumbo a no sé dónde.

— ¿Puedes decirme a dónde vamos?

— No, esa es una sorpresa.

Poco después nos habíamos quedado sin temas para hablar y la incomodidad me invadió, no me gustaba nada el silencio. Aun así, no quise poner música y perturbar el espacio.

Asher pareció notar mi reacción y encendió el estéreo, la música empezaba a invadir el silencio sepulcral en el que nos encontrábamos e identifiqué con facilidad la canción que estaba en reproducción. "Die for You" de Starset estaba calmando mi incomodidad.

Miré por un momento al pelinegro, parecía que esa canción se armonizaba con él y me daba la impresión de que era una muy personal para él, si estaba en lo cierto me parecía increíble porque eso significaba que estaba bajando una de sus defensas conmigo y confiando su parte más vulnerable al ser una canción que demostraba mucho de él, aunque se tratará de una revelación accidental.

Lo que Starset me dejaba conocer de Asher era su parte rota, esa que no quería o atrevía a mostrar.

El chico carraspeó un poco llamando de vuelta mi atención.

— Sé que no es muy acordé a tus gustos, la puedes cambiar si gustas.

— Está bien, es muy... tú -al parecer no entendía a que me refería porque su mirada expresaba confusión-. Quiero decir que te representa demasiado, es como si hubiera sido escrita para ti.

— Si, yo también lo siento así. Es una de mis favoritas, aunque no todos tienen el privilegio de escucharlo -me sonrió.

No parecía ser una sonrisa sincera, tampoco una divertida o irónica, más bien la describiría como una sonrisa triste.

Después de una hora y media de camino me encontraba a su lado frente a un lago, me habían dado un par de zapatos especiales y un chaleco salvavidas para poder ingresar. El instructor se encontraba frente a nosotros, hablaba con un tono de voz animado.

— Verde arranca, rojo frena y con esto aceleras -el instructor señalaba cada cosa a la par de la indicación. Asher parecía encantado con su plan, incluso confiado, como si no fuera la primera vez que se subía a una.

Empezaba a creer que era mucho mejor haber ido a la fiesta de Zed que subirme a una moto acuática.

— Esa es la que usará la señorita -señaló la moto que estaba al frente- y está la suya.

Negué, no me subiría a una moto acuática sola. Si no me subía a una en tierra, mucho menos lo haría en el agua.

— Lo siento, no me subiré a una de esas yo sola.

El instructor miró a Asher, esperando su respuesta.

— Está bien, súbete conmigo.

Le sonreí con agradecimiento y alivio.

Él se subió primero para ayudarme a subir con un poco más de confianza.

— ¿Estás bien? -preguntó sentado frente a mí con las manos en el volante de la moto.

— Sí, lo estoy. ¿Puedo...? -No terminé mi pregunta, con el gesto de mis manos y la situación era obvia.

— Claro, a menos que quieras correr el riesgo de caerte -respondió con un tono juguetón.

Le abracé por la cintura, mis piernas pegadas a las de él. El calor de su espalda pegaba contra mi pecho a pesar de las capas de ropa y accesorios que ambos usábamos.

Sin mucho problema Asher maniobró la moto acuática.

— No es la primera vez que manejas una, ¿cierto?

— No, es la segunda -sentí su cuerpo vibrar bajo mi pecho, se estaba riendo-. Aunque hace tiempo que no me subía a una, no he perdido el toque.

Sonreí levemente aprovechando que no podía ver mi rostro.

— Felicidades, insoportable princesa. Ya puedes tachar de tus pendientes el salir de tu zona de confort al subirte en la moto. Seren juraba que primero te morirías antes de subirte a una.



#3164 en Novela romántica
#124 en Joven Adulto

En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 11.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.