Lyla Rosse | Insoportable princesa
Definitivamente no debí decirle a Jess que hablaríamos hoy porque no iba a perder la oportunidad de venir y darme un sermón que se resumía en “¿Por qué diablos no estás aprovechando tu momento para decirle a Zed que te gusta?” y no sabía cómo responder a esa pregunta.
Estaba apoyada en la barra con la pelinegra frente a mí sus ojos avellana lanzándome una mirada de inconformidad.
— ¿Sabes que empiezo a creer que en realidad no te gusta Zed?
— ¿Y llegaste a esa conclusión solo porque no fui a la dichosa fiesta? -ella niega.
— No, llegué a esa conclusión porque de las dos ocasiones en que le mencionamos Mark y yo en ninguna te emocionaste, casi te parecía indiferente.
— No iba a gritar y brincar de la emoción como una adolescente, te recuerdo que tengo 20 años, obviamente no voy a tener las mismas reacciones que a los 15.
Y no estaba mintiendo, así reaccionaba a esa edad con tan solo una mirada del chico que solía gustarme.
— No esperaba que lo hicieras, lo que esperaba era a una Lyla que aprovecharía esa información para acercarse a él y que se arriesgaría a intentarlo. Además, ¿qué estabas haciendo que te llamé 5 veces y no atendiste la llamada? No sueles tardar tanto para contestar.
Vacilé antes de responderle. Eso activo su modo chisme y yo rogaba porque llegará un grupo de amigos para atenderles o a una familia y evadir el tema. Obviamente nada de eso pasó.
— ¿Qué era tan importante como para ignorar a tu mejor amiga? ¿Un nuevo crush?
Le miré con seriedad, no me gustaba lo que estaba insinuando.
— Yo no soy del tipo de chica que cambia de crush cada semana. Te recuerdo que estuve enamorada del mismo chico durante 3 años y...
— Y después te gustó uno de sus amigos sin saber que lo era. Tremendo plot twist me diste en esa ocasión.
Mis mejillas empezaron a sonrojarse, no me gustaba recordar el detalle de que me gustaron un par de amigos y quizás hubiera preferido no haber stalkeado su cuenta y haber encontrado esa foto de ambos juntos, recuerdo el shock que me dio cuando descubrí ese dato. Claro que después de eso me alejé de ambos.
Andrew me miraba con sus ojos azules burlones, él también estaba al tanto de ese acontecimiento.
Y entonces un pelinegro de ojos verdes entró por la entrada de la cafetería interrumpiendo la conversación.
Los tres miramos a Seren Larren acercarse hasta nosotros con una sonrisa amplia en sus labios.
El hermano de Asher se acercó primero a mi hermano, dándole un saludo de choque de manos, siguió con Jess y finalmente me saludó con un beso en la mejilla, ya estaba acostumbrada a ese gesto por lo que no me tomó por sorpresa.
— Hola, princesa. ¿Cómo va todo con mi hermano? ¿Ya se adaptaron el uno al otro?
— Sí, aunque me tomó por sorpresa que Asher sea tu hermano menor -admití encogiéndome de hombros. En cuanto mencioné el nombre de Asher, Jess me miraba con un gesto en sus ojos muy particular, uno que me daba a entender “ya te atrapé”.
— Sé a qué te refieres. Asher y yo no somos iguales en carácter era de esperar que no creyeras que teníamos algún tipo de relación -me dio una sonrisa encantadora, una que hace 3 años me hubiera acelerado el corazón.
Gracias a Seren había descubierto que era muy buena disimulando mis sentimientos si los hacía pasar por timidez, claro que con el tiempo y las constantes invitaciones por parte del dúo para incluirme en sus planes esa excusa dejaría de ser creíble y traté de enfocarme en otra persona para evitar lo incómodo de reconocerlo.
Además, era muy extraño que me hubiera llegado a gustar precisamente el mejor amigo de mi hermano. Andrew también me compró la excusa gracias a lo reciente que era el acontecimiento del innombrable y lo inestable que estaba en ese momento.
El castaño y el pelinegro se alejaron para sentarse en una mesa que daba a la ventana, les gustaba ponerse al día y pedir opinión del otro para los planes que estaban desarrollando en sus respectivos trabajos.
Volví mi atención a Jess.
— Asher Larren -susurró para sí misma-. No lo puedo creer, la persona que tiene más importancia que Zed y yo es Asher Larren.
¿De qué me perdí? ¿De qué está hablando está loca pelinegra que tengo por mejor amiga?
— Pero ¿de que estas hablando? -podía jurar que mi voz salió muy parecida a la de Edna Moda cuando está “consolando” a Helen Parr en la película “Los increíbles”.
— Tu tono de voz… fue muy sutil, pero hubo un cambio en ella al mencionar su nombre, algo que no pasaba.
— Jess, creo que sigues algo tomada o te está haciendo efecto retardado el alcohol. ¿Qué podría haber cambiado en tan solo una semana? Nada, solo una tregua.
Ella se encogió de hombros con la sonrisa intacta en sus labios mientras bebía un sorbo de su té de canela.
— Tú sabrás qué es lo que estás haciendo cuando estás a solas con él -me alzó sus cejas de manera insinuante.
La indignación se iba apoderando de mí.