Zed Harris | El crush
Que la mirada de Lyla estuviera chocando con la mía me daba la ilusión de que en este momento solo éramos ella y yo. Sus ojos eran magnéticos y al mismo tiempo desprendían pureza, dulzura y amabilidad.
La primera en apartar la mirada fue ella, a su lado Kyle le hablaba y la rubia mantenía el sonrojo en sus mejillas. Me parecía tan tierna.
— ¿Aún sigues de testarudo? -preguntó Nathan jugando con la comida sobrante en su recipiente.
— Ella me gusta, ¿cuál es el problema?
— No hay ninguno, a excepción de que, si logras tu cometido, espero que no la lastimes. No creo que Mark se quede con los brazos cruzados si lo haces.
Puse los ojos en blanco, que el rubio dijera eso sobre mí era una insinuación de “no eres alguien fiable en una relación” cosa que no iba conmigo, al menos no esta vez.
Volví la mirada hacia la mesa donde estaban las dos amigas de Lyla y ella, en ese momento me percaté de que se iba a retirar de la cafetería sin compañía.
Si me quería acercar a ella esté era el momento.
Tomé la mochila de mi asiento y la cargué con solo un hombro. Sin decir nada más salí siguiendo los pasos de la chica que me había cautivado.
No se había ido muy lejos, solo al edificio de a lado, la biblioteca. Sonreí, claro que a ella le gustaba pasar tiempo ahí. A tan solo unos metros la vi sentarse en una de las mesas libres y sacar un libro de su bolso, estaba perdida en sus pensamientos, leyendo la sinopsis de la contraportada del libro en sus manos sin percatarse de mi presencia.
Sus ojos recorrían las páginas con gran rapidez y con los audífonos en sus oídos, supuse que para evitar que la distrajeran. ¿Eso me detuvo? Por supuesto que no.
Me acerqué con pasos decididos en su dirección. Ella dejó su lectura de lado un momento, me vio y por inercia se quitó uno de los audífonos para prestarme atención. Pudo haber sido cosa mía, pero creí reconocer la canción en reproducción: “Peligro” de Reik.
— Hola, ¿te molesta si me siento contigo? -pregunté con una leve sonrisa.
Ella negó con la cabeza.
— No, adelante.
Y tras responderme volvió la mirada al libro en un intento por disimular su nerviosismo, el mismo del que me di cuenta después de que en 5 minutos no había cambiado de hoja y de vez en cuando sentía que me miraba de reojo, por mi parte decidí fingir que estaba leyendo el libro “Boulevard” para no parecer un acosador que la siguió con toda la intención de encontrarla sola.
Al cabo de un rato le escuché suspirar frustrada dejando de lado el libro a la vez que captaba mi atención.
— ¿No te gustó? -pregunté con total inocencia.
— ¿Disculpa?
— El libro -aclaré como si no hubiera sido totalmente intencional el mensaje debajo de este mismo- ¿no te gustó?
La rubia bajó la mirada en dirección al libro en su mano intentando retomar el hilo de la conversación, la había desconcertado con solo una pregunta.
— Ah, sí, el protagonista es muy dulce una vez que deja de lado su temperamento de “chico malo” y tóxico. Ese papel no le queda nada bien, me hace odiarlo.
— ¿Ya lo habías leído antes? -pregunté con toda la intención de iniciar una conversación con ella.
— Sí, es uno de los primeros libros que leí -me sonrió con dulzura, como todo ella- lo seguiría leyendo, si no fuera porque he perdido la concentración.
Su mirada se fue a mis manos que aun sostenían el libro abierto, por su gesto supuse que también lo había leído con anterioridad y eso me tenía un poco expectante, lo que sea que dijera me revelaría mucho sobre ella y quizás sus gustos.
— ¿Y tú? ¿Ya lo habías leído?
— Sí -me sinceré- no me agrada mucho el final, pero es de esos libros que no puedes evitar leer.
— Creo que entiendo a qué te refieres. Mi estabilidad emocional puede estar por los suelos, pero vale la pena volver a leerlo por Luke. Aunque Flor ya me debe 5 terapias.
Me reí levemente por su broma, no quería que nos echaran o llamaran la atención.
La chica tomó su celular e inmediatamente empezó a guardar el libro en su bolso, pronto tendría su siguiente clase y estaba cerca de llegar tarde.
— Nos vemos Zed, disfruta tu lectura.
— Gracias, no será difícil tomando en cuenta que los libros son mejores que la realidad, aunque la realidad es superada si estás tú.
Y con su sonrojo siendo aún más evidente salió de la biblioteca al edificio donde tendría su siguiente clase, yo la imité unos minutos después.
Guardé de vuelta el libro en mi mochila y salí en la dirección contraria a la suya, está vez mi clase sería en uno de los auditorios de la institución, sin embargo, mis intenciones se vieron retrasadas al tener a Asher Larren frente a mí.
El mismo chico que hace unos años había sido mi amigo era el mismo que ahora me fulminaba con la mirada con un odio y rencor que no hacia el intento de ocultar. El pelinegro estaba recargado en uno de los árboles aledaños.