Los tacones rojos de Hades

18— La pesadilla

Lyla Rosse | Insoportable princesa

Mi cita con Mark consistió en simplemente ir a la librería a comprar unos cuantos libros. Él compró unos con relación al diseño y la historia del arte, yo me fui por los libros de fantasía y romance, terminé comprando 5 de los que tenía en mi lista.

Al entrar en el departamento y cerrar la puerta de la entrada lo primero que hice fue caminar a mi habitación y dejar los libros sobre el escritorio. Sentí la mirada de alguien desde el marco de la puerta de mi habitación.

— Hola, Hades -saludé girando a verle.

— ¿Dónde estabas? Normalmente no llegas tan tarde. ¿Tuviste una cita con Zed? -me miró con el ceño fruncido de la cabeza a los pies como si estuviera inspeccionando mi aspecto en busca de algo. ¿Qué cosa? No lo sé.

— No llegué tan tarde, solo fui a comprar algunos libros con Mark, solemos hacerlo cada tres o cuatro meses. ¿Por qué pareces tan preocupado? ¿Mi hermano llamó y te interrogó sobre mi paradero?

— No, simplemente me preocupé por ti -admitió con naturalidad y por su tono de voz descubrí que se había relajado-. Sueles llegar directamente al departamento después de clases.

— ¿Por qué te preocuparía que llegara más tarde de lo habitual? ¿Eres mi guardaespaldas personal y no lo sabía? -intenté bromear.

— Por supuesto que no. ¿Acaso tengo el físico de uno?

No, si bien era cierto que era atractivo, su complexión era delgada y esbelta, su rostro delgado con ojos penetrantes y facciones definidas, ninguno de sus rasgos se prestaba para la descripción que se esperaría de un guardaespaldas, en su lugar parecía más un modelo de revista.

Pude haber respondido simplemente un no, en su lugar lo que salió de mis labios fue…

— La verdad eres bastante atractivo y tienes un físico de ensueño, el único “pero” es que no cuentas con la masa muscular para serlo.

Una sonrisa coqueta ladeada apareció en su rostro.

— Gracias, en cualquier caso, solo venía a decirte que mañana tenemos una cita, tú y yo.

Lo miré con rostro ceñudo. Él sacó su celular con el flyer de un club de lectura que se iba a dar en la misma librería a la que habíamos ido Mark y yo esa misma tarde. En ella se leía que mañana empezarían con un nuevo libro para que se unieran los interesados en participar.

— Puedes tachar el punto 5 de mi lista.

— Mañana no puedo tengo el taller de danza y salgo hasta las 4 de la tarde.

— Lo sé, el club de lectura es a las 4:30, tenemos tiempo suficiente.

Antes de poder decir algo más el pelinegro salió de mi habitación cerrando la puerta detrás de sí.

Él estaba frente a mí, sus ojos me miraban con evidente molestia a unos cuántos metros de mí, en su mano traía una navaja con la que estaba jugando con total tranquilidad, como si fuera inofensivo. Su mirada fija en mí era amenazante, el pánico inmediatamente se apoderó de mí y corrí en la dirección contraria a él, obviamente al ver mi reacción me persiguió.

Busqué desesperadamente un lugar donde refugiarme o algún policía a quien recurrir, después de todo tenía una orden de alejamiento, es irónico que la única solución que me dieron por parte de la institución después de las pruebas en las que me amenazaba con matarme si me alejaba fuera esa.

Corrí por los pasillos vacíos siendo perseguida muy de cerca por él hasta que encontré un local y me acerqué al oficial, el mismo que me dijo que me escondiera en los probadores, cosa que hice. Escuché su discusión y a los pocos segundos, silencio, pero se empezaba a formar un charco de sangre que se iba extendiendo al interior del probador en que estaba escondida.

Entonces me desperté, en medio de un grito y las lágrimas amenazando con salir.

La puerta de mi habitación se abrió precipitadamente y la luz fue encendida por el pelinegro que estaba mirándome con evidente preocupación y confusión, yo me límite a abrazar mis piernas y esconder mi rostro en las rodillas.

Asher se acercó sentándose en mi cama a un lado de mí, abrazándome y acariciando mi cabello, seguí sollozando sin poder levantar la mirada.

Si en algún momento creí que podría llevarme esa mala experiencia en secreto hasta la tumba me equivoqué.

— Estoy aquí, tranquila. Solo fue una pesadilla.

Deje de abrazarme para envolver su cuerpo en mis brazos escondiendo mi rostro en su cuello.

— Lo siento, no pretendía despertarte —solté en un hilo de voz.

— Está bien, estabas asustada —me correspondió al abrazo y acaricio mi espalda para tranquilizarme.

Poco a poco mis sollozos se fueron desvaneciendo hasta una tranquilidad extraña. Mi rostro seguía escondido en su cuello sin muchas ganas de separarme de él, su cercanía de alguna manera me hizo sentir segura.

— ¿Estás mejor?

— S-sí -tartamudeé-. ¿Puedes quedarte conmigo por esta vez? Prometo responder todas tus preguntas si lo haces, solo te pido que no me dejes sola.

Está bien.

Asher se acomodó con habilidad para meterse debajo de las sábanas conmigo acurrucada en su pecho, su mano seguía acariciando mi cabello con suavidad, su gesto me transmitía tanta paz que no tardé en quedarme dormida otra vez.



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En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 11.03.2026

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