Asher Larren | Hades
El grito de Lyla en la madrugada me despertó de forma precipitada. En un principio pensé en entrar a su habitación y reclamarle por haberme despertado, pero en el momento en que encendí la luz y la vi con sus ojos llorosos y abrazando sus piernas como una niña pequeña la molestia paso a convertirse en preocupación.
¿Qué pudo haber soñado como para haber despertado en medio de un grito y con las lágrimas a flote cuándo ella fue creada con la mezcla de azúcar, flores y muchos colores?
Mi mente no encontró una respuesta inmediata, pero quizás sabía de alguien que me la podría dar: Seren.
Antes de iniciar el semestre me había pedido que en caso de que ella estuviera asustada o con miedo sin razón aparente le avisará. No entendía muy bien a qué se refería y tampoco creí que fuera necesario preguntar.
Ahora que la veía así de indefensa e intranquila la duda no me dejaría en paz.
Me acerqué a ella con la intención de abrazarla y tranquilizarla en el proceso. Lo único que estaba al alcance de mis manos fue decirle que solo había sido una pesadilla y que estaba ahí con ella. Mi único plan había sido ese, consolarla el tiempo que fuera necesario, sin embargo, reconozco que su petición de quedarme a dormir con ella en su cama me tomó por sorpresa.
Pude haberme negado, no lo hice.
En su lugar me quedé abrazándola contra mi pecho acariciando sus ondas rubias con suavidad hasta que se quedó dormida entre mis brazos, en cambio yo no pude descansar en lo más mínimo.
La incertidumbre de qué pudo haber causado ese efecto en ella no me dejaba dormir, incluso cerraba los ojos para obligarme a soñar sin éxito alguno.
A pesar de no haber dormido nada, el cansancio no hizo acto de presencia.
Escuché la alarma de mi celular sonar desde mi habitación.
Con mucho cuidado de no despertar a la rubia me levanté de su cama en dirección a mi habitación.
Tomé mi celular de la cómoda, apagué la alarma y le envié un mensaje corto a Seren.
Asher: Lyla tuvo una pesadilla en la madrugada, estaba llorando. ¿Tienes alguna idea del por qué?
Seren: Sí, solo que no es un tema del que podamos hablar por mensaje o llamada.
Asher: Te puedo ver en la cafetería de siempre saliendo de clase.
Guardé el móvil en la mochila con total disposición por iniciar con mi rutina habitual de las mañanas.
Al terminar de arreglarme salí de mi habitación a la cocina y preparé un té para los nervios a Lyla y lo dejé sobre la estufa apagada para cuando se despertará.
Salí del departamento escribiéndole un mensaje de texto para decirle que el té era suyo.
Después de unos minutos pasé a recoger a Selene y Tyler como correspondía y los tres fuimos a la universidad en mi auto.
— Saliendo de clases tengo planes y no podré traerlos de regreso. ¿Está bien?
Ambos castaños asintieron con la cabeza en total silencio, cada uno inmerso en su teléfono hasta que llegamos al estacionamiento de la facultad.
Los tres bajamos del auto y caminamos en dirección a la entrada. Sabíamos que los pasillos estarían con alumnos estorbando sentados en el piso o en grupo frente a las aulas, por eso nos quedamos cerca de la entrada hasta que se empezarán a despejar los pasillos.
Me recargué en el marco de la entrada de la facultad, Selene estaba recargada en la pared respondiendo algunos mensajes y Tyler estaba ocupado buscando a Jess con la mirada.
— Ni la busques, aún no ha llegado -avisé con la vista fija en las publicaciones que aparecían en mis redes sociales.
— Te equivocas, ella está por allá -señaló el castaño a nuestra derecha.
Muy cerca de nosotros estaban Jess, Kyle y Mark, sin señales de Lyla a su lado, supuse que quizás simplemente no tenía las ganas ni el humor de venir y que por ese motivo no había llegado en el mismo auto que las chicas.
Mis suposiciones fueron erróneas.
Jess jaloneo a Kyle emocionada, casi a punto de gritar de la emoción, y Mark las miraba con una sonrisa burlona reteniendo sus ganas de soltar la carcajada de su vida. Kyle, intentaba tomar las manos de Jess y tranquilizarla sin éxito alguno. Los tres miraron en la misma dirección. El auto de Zed Harris.
No comprendí muy bien su interés hasta que la vi descender del auto acompañada del castaño ojiazul, con una sutil sonrisa en los labios. Sus ojos azules enfocados en él, incluso de lejos se podía apreciar como ambos hablaban con la naturalidad con la que se hablan un par de amigos de hace tiempo.
Mi humor neutro se fue transformando en incomodidad y un nudo en la garganta se iba formando.
Caí en cuenta de que mientras a mí se me dificultaba iniciar una amistad con ella, él parecía tener una habilidad innata para acercarse a ella y entablar una relación.
Sé que hay gente que brilla por sí misma y hay quienes saben cómo apagar esa llama.