Los tacones rojos de Hades

21— Plan en marcha

Zed Harris | El crush

Sabía muy bien que en el momento en el que le confesara que no podía participar en el concurso Asher intentaría aprovechar la situación y tomar mi lugar para quedar como el héroe, mientras que yo quedaba como un mentiroso que no cumple con sus promesas.

Si bien es cierto que yo no soy un príncipe, también es cierto que no soy un villano, así como Asher tampoco lo es.

Los dos tenemos nuestra luz y nuestra oscuridad, la única diferencia es que yo sé ocultar la segunda mucho mejor que él, a pesar de que tengo algunos cabos sueltos que pueden revelar mi verdad. Asher Larren es uno de ellos.

A tan solo unos metros estacioné mi auto, los podía ver con claridad, aunque ninguno de los dos me había visto. Incluso me aseguré de que ambos creyesen que me había ido, solo así podría ver la verdad. Necesitaba saber qué tanta probabilidad había de que Asher se acercará a ella con facilidad, que tanta amenaza representaba en mi conquista.

La respuesta llegó más rápido de lo que pensé.

Mucha, había mucha probabilidad.

Yo tenía la ventaja de que ella estuviera interesada en mí, sus amigas la habían delatado sin darse cuenta, sin embargo, quizás ninguna era consciente de lo fácil que era para Asher atravesar el límite y empezar una relación con Lyla.

No sería una relación romántica, parecía más una fraternidad. Al menos eso había creído hasta que vi cómo se miraban entre ellos.

Aún a la lejanía se podía ver cómo había un brillo en los ojos de ella que nunca salió al sol conmigo y Asher… él la miraba con adoración, dulzura y posesividad.

— Te dije que solo era cuestión de tiempo -soltó un bufido mi acompañante-. No lo comprendo, mi amor. ¿Qué es lo que le ves?

Le miré con indiferencia. Nora no parecía molestarse en lo absoluto, en cambio estaba mirando su reflejo en el espejo colocándose un poco de labial.

— No soy tu amor, Nora. Sabes que no hay nada real entre tú y yo.

— ¿No lo hay? Entonces, ¿por qué no te bajas y lo demuestras? Ve y enfréntalos -no me moví ni un solo centímetro de mi lugar-. Claro, no puedes. Asher te tiene en la palma de su mano.

Volví mi mirada a ese par, parecían a punto de besarse.

Sentí mi cuerpo tensarse, mis nudillos se iban blanqueando por la fuerza con la que estaba agarrando el volante, fruncí mi ceño sin despegar la mirada de ellos hasta que vi a Nora por el rabillo del ojo.

La castaña de pelo largo sonrió levemente, tomó mi mentón con delicadeza y me hizo mirarla, se acercó a mí y sin dudarlo depósito un beso en la comisura de mi labio atrayendo mi atención.

— ¿Y si nos vamos? Tal vez pueda hacerte sentir mejor -sonrió con coquetería pasando su mano por encima de mi playera, esa misma que me quedaba ajustada al cuerpo.

Le sonreí con un dejo de amargura, no por ella sino por la escena que se estaba presentando a unos metros de mí.

— Vamos a mi casa.

Y entonces arranqué de nuevo mi auto, está vez en camino a mi hogar con Nora acariciando mi brazo en cada oportunidad y depositando besos en mi cuello sin ninguna vergüenza.

Sonreí, quizás solo tenía que esforzarme un poco más para tener a Lyla a mis pies.

ELLA SERÍA MÍA.

Asher Larren | Hades

Quizás era cosa mía, pero sentía la mirada de alguien sobre nosotros desde que Zed se había marchado.

Tal vez me estaba volviendo un poco paranoico por querer mantener a salvo a Lyla de cualquier amenaza desde que me enteré de su pasado gracias a Seren y Andrew. No sabía lo mucho que me importaría protegerla o que en algún momento llegaría a sentir la obligación de ver por su bienestar.

Busqué con disimulo el origen de esa mirada pesada sobre nosotros, no había nada, solo autos pasando por la calle con normalidad.

Hice una mueca e inmediatamente regresé a la realidad, esa en la que necesitaba concentrarme y seguir ensayando a solas con Lyla su coreografía.

Bailar con ella era revivir ese momento en el que ella irrumpió en mi habitación sin permiso para bailar conmigo como si fuera algo habitual entre nosotros.

No supe cuánto tiempo estuvimos juntos en ese lugar, tampoco conté las veces que repetimos la coreografía y mucho menos la cantidad de veces en que ella me miro con esos ojos azules llenos de dulzura y un brillo muy particular.

Un brillo que me hipnotizaba al verlo.

Si antes creía que era magnética por su manera de bailar ahora había descubierto una nueva forma en la que ella me cautivaba sin saberlo.

No era lo mismo verla bailar que estar bailando con ella, el sentimiento no se le parecía en nada, era muchísimo mejor. El contacto de su piel con la mía, nuestra cercanía, la coordinación entre nosotros todo eso despertaba una sensación en mí que no podía describir.

Mi única certeza era que quería que esté momento durará por mucho más.

No fue así.

Terminamos de bailar por enésima vez, en cuánto Lyla se alejó de mí se acercó al mueble y bebió de su termo por el agotamiento que representaba haber bailado una y otra vez los mismos pasos. Yo la imité unos segundos después.



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En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 01.04.2026

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