Los tacones rojos de Hades

22— La cascada de la esperanza.

Lyla Rosse | Insoportable princesa

Otra vez estaba dentro del auto de Asher, está vez la canción que nos hacía compañía durante nuestro trayecto no era otra que una de Morat, algo que definitivamente me tomó por sorpresa.

Lo peor es que no era solo una, tenía dos álbumes descargados en su celular: Balas perdidas y Ya es mañana.

Durante el trayecto su celular iba reproduciendo cada una de las canciones en el estéreo.

No sabría decir que me sorprendió más, si el hecho de que la canción en reproducción era “Acuérdate de mí” o si era el hecho de que Asher la estaba cantando sin despegar la vista de la carretera.

— Acuérdate de mí, por si tú corazón busca algún dueño o si quieres un beso en algún sueño o si quieres más noches en las que no te den ganas de dormir.

Le miré con extrañeza. Mi cara debería estar mostrando mi confusión de manera palpable.

— ¿Desde cuándo escuchas Morat?

Él se encogió de hombros.

— No tiene mucho. ¿Por qué la duda? ¿Te sorprende que me sé la letra?

— Sí, usualmente escuchas canciones de Starset o The Phantoms. No es para nada tu estilo de música.

— Entonces no me conoces muy bien que digamos -aseguró-. Si te dieras la oportunidad de conocerme te darías cuenta de que hay más en mí de lo que crees.

Él siguió con la mirada al frente.

Si te dieras la oportunidad de conocerme…

Quizás él no había puesto un muro entre nosotros, quizás ni siquiera existía tal cosa y solo era una excusa mía para no cruzar la delgada línea que nos separaba, esa en la que tenía que bajar mis defensas, mostrar mis vulnerabilidades y mis miedos para conseguir una confianza mutua.

Quizás, solo quizás, era yo la que no se atrevía a mostrarse frente a él, era hora de cambiar eso.

— Hace tres años estuve en una relación muy tóxica, Asher -empecé sintiendo un nudo en la garganta-. Lo consideré mi mejor amigo por mucho tiempo porque era la persona con la que más convivía entre clases -tragué en seco obligándome a continuar-, le quise, pero no de la manera que él quería. Se obsesionó conmigo y para mantenerme a su lado amenazó con matarme si se me pasaba por la mente alejarme de él. Esa noche que desperté llorando fue porque tuve una pesadilla que lo involucraba.

Él detuvo el auto en un semáforo en rojo y con su mano derecha buscó la mía, la tomó y fue haciendo círculos con su pulgar. Ese gesto me transmitía tranquilidad.

— No era necesario que me lo contarás, lo sabes, ¿no?

— Sí, es solo que te debía una explicación, también es la razón por la que no tengo una vida social muy activa, Mark fue la primera persona en quien confié después de ese evento traumático y de cierta forma tú eres el segundo.

Me sonrió antes de retomar el camino hacia quién sabe dónde. No tenía ni idea de a dónde me llevaba, mi plan era ir al parque que quedaba a 25 minutos del departamento, Asher tenía un plan completamente diferente al mío, ya llevábamos 15 minutos de trayecto y aún no habíamos llegado a nuestro destino.

— ¿A dónde vamos?

Él sonrió divertido, irónicamente la canción que estaba empezando era una de Morat con ese mismo nombre.

— Es una sorpresa que sé que te encantará.

Otros 15 minutos más de trayecto y por fin habíamos llegado al lugar que Asher había previsto para nuestro picnic, parecía más un plan suyo que mío porque no me dejó hacer absolutamente nada. Mi único mérito fue dar la idea, él se hizo cargo de la planeación del resto.

Planeaba tomar algunos emparedados y postres de la cafetería antes de venir, él se negó rotundamente. ¿Por qué? Pues había preparado toda una merienda sin decirme y la tenía en la cesta que se encontraba reposando en el asiento trasero del auto. Junto con nuestros libros del club de lectura, las notas adhesivas y una cartuchera con bolígrafos y marcadores.

Desgraciadamente su decisión hizo que maldijera mi elección de zapatos de esa mañana.

Llevaba puestos los tacones rojos de la desgracia, esos que me harían caer si daba algún mal paso.

Asher vio cómo me tambaleaba al pisar las rocas, sin dudarlo ni un segundo me cargó con habilidad de un solo brazo, el otro lo tenía ocupado cargando la cesta del picnic, yo le rodeé el cuello con mis brazos para evitar caerme.

— ¿Así está mejor, insoportable princesa?

— Sí, gracias. Tal vez la próxima vez podrías avisarme a donde vamos para elegir un mejor calzado.

— Tal vez, o tal vez no.

Una sonrisa coqueta se le escapó de los labios por unos segundos antes de continuar caminando hasta quedar frente a una cascada cuya agua cristalina iba descendiendo con una belleza cautivadora.

Asher me bajó de su brazo con cuidado y mi agarre a su cuello se fue debilitando hasta dejar de rodearle.

Me quedé en mi sitio maravillándome por la vista que tenía frente a mí, por el rabillo del ojo divisé al pelinegro colocar una manta sobre el suelo y colocar la cesta encima de esta.



#3391 en Novela romántica
#141 en Joven Adulto

En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 01.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.