Los tacones rojos de Hades

24— Traición en las sombras

Lyla Rosse | Insoportable princesa

Cada domingo lo primero que encontraba en mi celular era un mensaje de Zed con la leyenda “Buenos días, espero que tengas un día perfecto” y tiempo después me visitaba en la cafetería como si fuera parte de su rutina.

Parecía querer ser el primero en llegar o al menos serlo después de Jess, Kyle y, en ocasiones, Mark. Hoy no estaba ninguno de ellos en la cafetería. Solo Andrew, él y yo.

— ¿Ya se te volvió costumbre venir cada mañana, Zed? -preguntó mi hermano extendiéndole la taza con el americano que había pedido con una sonrisa amigable-. Vienes cada fin de semana y que yo recuerde eso solo es habitual en Jess o Kyle.

El castaño le sonrió devuelta tomando un sorbo de su taza con inocencia, se limitó a negar con la cabeza.

— No es lo que crees, simplemente está es la única cafetería que sirve algo de calidad, enhorabuena -levantó su taza como si de un brindis se tratase antes de llevarlo a sus labios y beber del líquido.

Andrew elevó una ceja de manera divertida demostrando su incredulidad, sin embargo, no le contradijo o cuestionó.

Mi hermano me lanzó una mirada cómplice.

— Voy por otros postres. Por favor no hagan nada mientras yo no esté -la indicación parecía ser más para mí que para Zed.

Puse los ojos en blanco alcé las manos con las palmas en su dirección como si fuera inocente de cualquier acusación. Andrew me sonrió divertido antes de meterse a la cocina dejándonos a solas.

Bajé las manos y el silencio solo era interrumpido por la música de fondo, ni siquiera así me sentí cómoda.

Normalmente me sentía nerviosa por la presencia de Zed, incluso sentía sudar mis manos y volverme un poco más torpe con mis movimientos estando él cerca.

Esta vez no tenía una razón clara para justificar mi incomodidad tenía una razón clara. Simplemente se sentía… incorrecto.

— ¿Estás molesta conmigo por lo del concurso?

Levanté mis ojos en su dirección.

— No estoy molesta.

— Pareces molesta, me has estado evitando toda la semana.

— No es así, sé perfectamente que no estaba en tus manos. ¿Por qué tendría que estar molesta si no es tu culpa?

Él sonrió sin captar mi media mentira.

Era cierto que no estaba molesta, lo que sentía no era enojo ni molestia, era desilusión porque ahora tendría menos tiempo conviviendo con él.

— Te tengo una sorpresa -sacó de su mochila una caja con un moño y me la extendió por el mostrador causando que mirara el regalo con ojos curiosos-. Ábrelo, quiero ver tu reacción.

Sin decir nada más tomé la caja y la abrí dejando ver los chocolates que había acomodado en forma de un corazón y alrededor más flores artificiales azules.

No era lo único en la caja.

En el centro había colocado una tarjeta escrita a mano en letra cursiva una interrogante…

¿Quieres ser mi novia?

Sentí mi corazón dar un vuelco. Y por un momento creí haber leído mal, volví a leerla una, dos, tres veces más.

Levanté la mirada. Mis ojos azules mirando directamente los suyos. Una sonrisa muy dulce era protagonista en su rostro.

— ¿Y bien? ¿Quieres ser mi novia, Ly?

Esa era la pregunta qué había estado esperando que dijera en tres años, estaba viviendo lo que tanto anhelaba y lo que siempre me pareció imposible.

Salí como pude de mi estado de shock.

— Sí, sí quiero ser tu novia.

Él sonrió ampliamente y acercó su rostro al mío. Cerré los ojos por inercia y sentí como nuestros labios se rosaron por unos milisegundos antes de fundirnos en un beso. Zed me había tomado mi rostro con delicadeza para profundizarlo. Este beso no era para nada como lo imaginé, creí que sería dulce, tierno y delicado. No fue así.

Zed me estaba dando un beso que parecía desesperado, apresurado e intenso, aun así, no duró mucho.

En medio de mi ensoñación escuché la campana de la entrada sonar, anunciando la llegada de un nuevo comensal.

Creí que serían Jess o Kyle, no fue ninguna de ellas.

El pelinegro frente a mí parecía haber perdido el brillo característico de sus ojos, ahora parecía tener el mismo gesto de molestia de Asher, al final si tenían algo en común además del ADN.

— Seren -aludí su nombre de forma involuntaria separándome de Zed como si su contacto me quemará.

Mi hermano salió de la cocina con dos charolas llenas de postres que iba a acomodar en la vitrina.

El castaño miró a su mejor amigo, quien no había despegado su mirada del lugar en el que nos encontrábamos Zed y yo. Su entrecejo fruncido como si tuviera una batalla interna que duro tan solo unos segundos.

Dando pasos seguros se acercó a la mesa en la que usualmente se sentaba, aquella que quedaba en un tanto alejado de la barra.

Andrew se acercó a atenderle con un poco de extrañeza por su actitud, la misma que me había desconcertado lo suficiente como para no haber acercado a saludarlo con inmediatez.



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Editado: 01.04.2026

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