Los tacones rojos de Hades

25— Aldaia

Asher Larren | Hades

Estaba en casa de mi madre jugando con la pelinegra de 3 años, la menor de los hermanos Larren. Ella me miraba con ternura y dulzura. Toda mi atención era para ella hasta que sonó mi celular.

Encendí la pantalla para ver la notificación. Un mensaje de Seren.

Seren: ¿Tú sabías que Lyla y Zed tienen una relación muy cercana?

No tarde mucho en responder. Eso solo podía significar que se acababa de enterar de su relación por Andrew o que los había visto.

Asher: Sí, a ella le gusta y obviamente es correspondida, aunque no creo que salga ilesa.

Lo que más dolía de la última frase es que era verdad. Hice una mueca y dejé el celular en la mesa de centro intentando concentrarme en los legos gigantes que le habían comprado a Aldaia en su cumpleaños pasado.

— ¿Tas bien? -preguntó la menor con rostro confundido.

— Sí, lo estoy. ¿Por qué?

— No lo pareces -se encogió de hombros y colocó otra pieza encima de la mía.

Me sorprendía lo rápido que aprendió a pronunciar la r en mi ausencia cuando antes de mudarme solía reemplazarlas por una l pronunciada.

Sonreí con dulzura y coloqué un bloque amarillo en el piso.

Según Aldaia estábamos armando una casa, según yo solo apilábamos los bloques sin un orden en específico.

— No es nada, solo la insoportable princesa metiéndose en problemas.

Ella asintió.

— Las princesas siempre lo hacen -hizo una mueca de desaprobación- y esperan que el príncipe las salve.

— Y cuando él salva a la princesa por arte de magia se enamoran y casan con él, esa historia me suena.

Sus ojitos brillaron en mi dirección.

— ¡Tú eres su príncipe! -exclamó emocionada la pelinegra.

— No lo soy Alda, ni siquiera soy parte de su historia.

Ella bufó y el brillo de sus ojos se convirtió en desilusión.

Yo también me siento así, hermanita.

Seguimos construyendo “la casa” con los bloques conmigo un tanto perdido en mis pensamientos.

Solo recordaba que durante esos días Zed se había limitado a darle más regalos y conversar con ella por muy poco tiempo. Sus conversaciones no solían ser largas, así que el riesgo de que sucediera algo entre ellos era mínima, eso me tranquilizaba.

El celular vibro con otro mensaje.

Seren: Eso lo explica, cuando llegue se estaban besando. Creo que ya son pareja.

Creo que ya son pareja… Creo que ya son pareja… Ya. Son. Pareja.

Sentí como si me hubieran dado un pinchazo en el corazón, un nudo formarse en mi estómago y la garganta.

No puede ser cierto.

Lo es.

Apagué el celular y sentí una enorme urgencia de ir al establecimiento y preguntarle a Lyla si mi hermano había malinterpretado todo o no.

Suspiré con pesadez y me levanté del suelo.

— ¿La princesa solicitó un rescate? -preguntó mi hermanita sin despegar la mirada de los bloques que estaba apilando.

— Se podría decir que sí.

Ella me sonrió con cariño.

— Espero algún día encontrar a alguien que me quiera como tú la quieres. Tengo 3 años, pero no soy tonta y no me creo ese cuento de “no soy parte de su historia”.

Le sonreí y deposité un beso en su coronilla.

— ¿Quieres acompañarme? Seren está con ella.

La comisura de sus labios se elevó.

— ¿Puedo?

— Claro, solo tenemos que avisarle a mamá.

Ella empezó a guardar los bloques al cesto de juguetes con premura, dejando todo tal y como estaba antes de que empezáramos a jugar.

Se levantó del piso y se acercó a la cocina siendo seguida por mí, al llegar nuestra mamá estaba guardando los trastes limpios.

— ¿Ya te vas?

— En realidad pensaba ir a la cafetería con Aldaia, si nos das tu permiso -inicié con voz inocente para conseguir su autorización- Seren esta allá y prometo no darle nada que no sea un trozo de pastel.

La mayor sonrió.

— Esta bien, solo le dices a Seren que la traiga de regreso.

— Como diga la reina -sonreí y cargué a Aldaia en mis brazos-. Nos vemos la próxima semana.

— Si es que no tienes otros planes.

Rodeé los ojos y le di un beso en la mejilla de despedida, Aldaia imitó mi gesto.

— Alda, te portas bien, por favor.

­— Si, mami.

Tomé mi celular y mi mochila del sillón y salimos a la calle en dirección a mi auto.

Senté a mi hermana en el asiento trasero y le coloqué el cinturón de seguridad con cuidado antes de subirme del lado del piloto y conducir.

Al cabo de unos 20 minutos llegamos, estacioné el coche, bajé del auto para tomar a Aldaia nuevamente en mis brazos y entramos al local.



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Editado: 01.04.2026

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