Lyla Rosse | Insoportable princesa
Ver a Asher retirarse con desánimo me hizo sentir de lo peor, aún tenía grabada la imagen de Aldaia abrazándolo con dulzura para reconfortarlo.
El trayecto al estudio para el ensayo se sentía incómodo, tanto así que ni siquiera la música lo podía amortiguar, era una tortura.
Cuando Asher volvió por mí ni siquiera me miró, toda su atención estaba en el celular, solamente me abrió la puerta como si fuera parte de una rutina y en ningún momento cruzó palabra conmigo.
Únicamente al subir de piloto dejó de lado su celular, pero su semblante era el mismo de cuando nos conocimos. Indiferente con matices de amargura.
Después de un mes viviendo juntos habíamos vuelto al principio, ese punto en el que si quiera cruzar miradas era irritante para él. No me gustaba, prefería escucharlo cantar o reír a tenerlo con un gesto imperturbable.
— Asher -su nombre salió como un hilo de voz, casi inaudible, mi mano izquierda jugueteaba con la pulsera en mi muñeca- creo que necesitamos hablar.
Él no respondió, tampoco me miró. Me sentía un fantasma.
— Lo siento -me disculpé, no sabía exactamente la razón de mi disculpa, pero sentía que tenía que hacerlo- Ash…
— Es suficiente, Lyla. No necesito esto.
Suspiré y redirigí la vista a la ventana.
— En ese caso da la vuelta y vamos al departamento -pedí.
— ¿De qué hablas? Necesitamos ensayar, te recuerdo que solo tenemos…
— Me da igual -le interrumpí girándome en su dirección-. No ensayaremos hasta solucionar esto -nos señalé a ambos.
— No pienso darme la vuelta -aseguró.
— Bien, no lo hagas -eso pareció relajarle-. En el siguiente semáforo me bajo.
Asher estacionó el auto en una de las calles sin mucho tránsito y me miró con semblante cansado.
— Está bien, si quieres que hablemos hagamos eso, pero no pienses ni por un segundo que te dejaré ir caminando sola.
Sus ojos azules tenían su mirada fija en los míos y sentí mi corazón dar un vuelco. Tragué en seco y como pude hablé.
— Perfecto, entonces respóndeme una cosa -él me miraba expectante-. ¿Cuál es tu conflicto con Zed? Porque parece que pasó algo entre ustedes y no lo has podido superar.
Cerró sus ojos y pasó su mano por su cabello oscuro, revolviendo los mechones de este.
— ¿Acaso importa? ¿Si te lo contara todo te alejarías de él? -me quedé en silencio, sus ojos se abrieron y me miraban con intensidad-. Yo sé que no. No te alejarías y tampoco me creerías porque lo quieres, incluso más que a mí.
— ¿Cómo puedes saber que…?
— Puedo ver qué lo quieres porque lo miras como me gustaría que me mirarás a mí.
Tan solo esa frase bastó para dejarme atónita, procesando cada palabra porque no podía terminar de creer lo que había dicho.
— No hablas en serio.
— Sí lo hago -su voz sonaba segura-. Eres tan fácil de querer que solo te tomó 1 mes poder tenerme a tus pies.
No dije nada, seguía sin comprender lo que estaba pasando.
— Sé que no soy el príncipe de tu cuento y que solo soy el caballero que procura mantener a salvo a la princesa.
Bajé la mirada.
Me negaba a ver que había bajado sus defensas, y tampoco me sentía valiente para seguir observando la intensidad que había en sus ojos azules, esa intensidad que me hizo comprender algo…
Él me quería.
Y yo también le quería, aunque, tal vez, no de la manera que él esperaba.
— Te quiero, Hades -las palabras salieron sin aviso.
— Y yo a ti, insoportable princesa, pero no eres mía.
La sensación de su mirada sobre mí se desvaneció, al levantar la vista él ya había puesto en marcha el auto nuevamente.
El resto del camino se sintió diferente. Me sentí envuelta en un silencio que solo resaltaba el hecho de que había muchas cosas que no nos habíamos dicho aún.
Cuando llegamos e iniciamos con los ensayos sentí que no estaba bailando con el corazón y en su lugar estaba bailando en modo automático sin prestar atención a la música o al reflejo en el espejo.
Las miradas que se supone debían existir entre nosotros eran furtivas, como si mirarnos fuera lo único que faltaba para que alguno de los dos cruzará un límite.
Sentí el pecho de Asher subir y bajar, sus latidos martillaban contra mí cada que estábamos cerca el uno del otro.
Y por primera vez, después de tantos ensayos sentí que la canción era muy personal.
La letra se podía tomar como una despedida en la que ella reconoce que aún lo quiere pese a saber que regresar con él no funcionará.
Mi cuerpo estaba en el estudio bailando cada paso de la coreografía, sintiendo todo lo que pasaba alrededor y mi mente estaba en el limbo, perdido entre todos los pensamientos y dudas que me rodeaban.