Los tacones rojos de Hades

28— Venganza

Lyla Rosse | Insoportable princesa

— Zed -le llamé- necesitamos hablar.

Lo primero que hice al bajar del auto de Jess fue mentirles a mis dos amigas diciéndoles que tenía que regresar un libro a la biblioteca cuando en realidad lo estaba buscando a él.

El castaño que hasta hace unos segundos tenía una amplia sonrisa me miró con el rostro ceñudo y se acercó a mí dando grandes zancadas.

— Amor, ¿pasa algo? Ayer no respondiste mis mensajes -me saludó con naturalidad, casi le creo su papel de enamorado.

No le respondí, simplemente le tomé de la mano llevándolo a un lugar un poco más privado, lejos de las miradas curiosas y juzgonas que empezaban a invadir los pasillos.

— ¿Puedes dejar de fingir y mostrarme tu verdadera cara, por favor?

— No sé de qué estás hablando, hermosa -sonrió con dulzura pasando su mano por algunos mechones que se habían escapado de mi peinado.

Me aparté antes de que pudiera tocarme. Este era el momento de hacer lo que había planeado o me arrepentiría.

Saqué el celular, busqué el contacto archivado y le mostré las fotos que me habían llegado esa misma mañana, las mismas fotografías que vi al despertar. Fotos que habían sido tomadas el día anterior porque usaba la misma ropa besando a una chica castaña.

Al verse evidenciado su rostro se desarmó, ya no poseía la misma seguridad del principio.

— Son falsas. Eso nunca pasó.

Arqueé mis cejas.

— ¿Pretendes mentirme incluso en la cara? Ayer escuché tu conversación con Nora -admití con tono calmado mientras guardaba el celular en el bolsillo de mi pantalón.

Tragó con dificultad.

— Terminamos, no quiero estar en una relación donde a la primera oportunidad mi pareja se estará besando con otra y quizás llegar a más.

Saqué de mi bolso un paquete con todos los regalos que me había dado hasta ese momento, incluido el que usó para pedirme ser su novia.

— Quédate con todo, no quiero nada tuyo, además ni siquiera me gusta ese color -reconocí dándome media vuelta para regresar sobre mis pasos y alcanzar a Jess o Kyle.

— ¿Usarás a Nora de excusa? ¿No piensas reconocer que tú sientes algo por Asher y haces exactamente lo mismo con él?

Me detuve en seco y me giré a enfrentarlo.

Antes de poder defenderme y decir palabra alguna me interrumpió.

— ¿Crees que no vi cómo te miraba durante los ensayos? ¿Que no sé qué ayer te fuiste de la universidad en su auto? Así no se tratan ni miran un par de amigos.

Sonreí con frialdad, la adrenalina subiendo por mi cuerpo.

— Estas muy equivocado si piensas proyectarte en mí. Yo no soy como tú porque, a diferencia tuya, sí sé respetar a mi pareja en una relación -las palabras salían como veneno-. No quieras culparnos por tus propias decisiones -me acerqué a él-. No busques culpables donde no los hay.

Volví a caminar para salir de aquel sitio con toda tranquilidad. Sentía la mirada molesta de Zed seguirme en cada paso que daba.

En cuanto llegué al edificio en el que tendría mi primera clase me encontré con Jess, Kyle y Mark, todos ellos mirándome con una sonrisa que se desvaneció en el momento en el que les conté lo que había pasado antes de que los rumores llegaran a sus oídos.

— ¡¿Qué tú hiciste qué?! ¡¿Porque qué?!

Jess estaba con rostro descompuesto, parecía a punto de querer matar a alguien de nombre Zed.

— Dije que terminé con Zed porque se besó con otra estando conmigo -repetí cruzándome de brazos.

Kyle no tenía mejor aspecto, con su cabello rojizo incluso se veía aún más amenazante.

— ¡Será imbécil! ¿Acaso no sabe lo que significa una relación monógama o la palabra fidelidad?

— ¿Qué más da si lo sabe o no? -intervino Mark con tono molesto-. Quiso tener a otra a escondidas y ni siquiera pudo asegurarse de eliminar cualquier evidencia.

— Lo dices como si fuera lo normal.

— Por supuesto que no, lo normal es que estando en pareja le seas fiel a esa persona, pero si piensas ponerle el cuerno y no planeas que esa persona se entere por lo menos te aseguras de que no haya evidencia.

— Sí, bueno, bien dicen que después de un cucaracho viene un buen muchacho -solté mirándome las uñas.

— Pues conociéndote ese buen muchacho tardará en llegar 3 o 4 años, eso sí bien te va.

Le miré ofendida y la boca abierta en una “o”.

— Si quieres no me alientes, Jess.

— Ly, eres la diosa del desastre, la mejor amiga de la mala suerte y tampoco eres de salir y conocer gente nueva como para que sea factible verte en una nueva relación en uno o dos meses.

— Pero…

— Los personajes literarios no cuentan, eso incluye a Jack Ross, Dash, Axen Danet, William Benedict, Xav Benedict, Yves Benedict, Alex, Luke, Ryshand, Xaden, Harry, Adam, o cualquier otro que me haya olvidado mencionar.



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En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 01.04.2026

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