Lyla Rosse | Insoportable princesa
— Mañana es el concurso -recordé cambiándome los tenis por las zapatillas rojas.
Hoy tendríamos el último ensayo antes del gran día y planeaba practicar con los tacones que usaría para el concurso.
Asher me miró sentado en el suelo a un lado del mueble donde dejábamos las botellas de agua.
— ¿Estás nerviosa?
— No -admití-, aun cuando ensayamos poco tiempo tengo la corazonada de que saldrá bien.
— ¿Por qué? -curioseó.
Me encogí de hombros.
— No lo sé, simplemente confío en nosotros. Confío en que los dos daremos lo mejor de nosotros.
Me levanté con cuidado y Asher me imitó poniéndole fin a nuestra conversación. Ambos tomamos el lugar de nuestra posición inicial y reproduje la canción para iniciar nuestro baile de práctica.
Esta vez, a diferencia de las últimas dos ocasiones, no bailé en modo automático, tampoco evité sus miradas y mucho menos me sentí incómoda estando tan cerca de él, al contrario, fue más fácil dejarme llevar por la música y sus movimientos.
Bailamos la coreografía otras 4 veces, todas esas prácticas terminaban conmigo a centímetros del rostro de Asher y todas esas veces sentía que mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho por la adrenalina del baile y la intensidad con la que me veían sus ojos azules.
Cada giro, roce de manos, cargada y mirada que cruzábamos se sentía como si estuviera dentro de una escena de película o en un libro de romance, muy lejano a la realidad.
Sus manos tomaban las mías y sentí que encajaban a la perfección, sus ojos perdidos en los míos, mirándome con una dulzura y complicidad que no había visto antes, o quizás no me atrevía a admitirlo hasta este momento.
Probablemente solo me quería convencer de que era una actuación, parte de la coreografía para transmitir tales sentimientos en lugar de reconocer que se trataba de una mirada sincera.
Sin embargo, nada de lo que sentí durante nuestros bailes de práctica se comparaba con el sentimiento que me invadió al bailar para el concurso, no lo supe hasta entonces.
Antes de que nos llamarán para bailar, tanto Asher como yo estábamos en nuestros respectivos camerinos, arreglando los últimos detalles de nuestro aspecto previo a nuestra presentación en el escenario.
El traje que le pedí que usara para el concurso no era otro más que uno de los que mi hermano había dejado guardado en un baúl hace aproximadamente uno o dos años.
Por fortuna ese traje quedaba a juego con el vestido que había elegido usar.
Me mire en el espejo.
Mi cabello estaba recogido en una media coleta con mis ondas cayendo por la espalda, los labios pintados del mismo tono de rojo que mi vestido ceñido al cuerpo con falda asimétrica, lentejuelas y flecos en el borde, el espaldar tenía un escote bastante amplio que podría dejar al descubierto mi piel de no ser por mi melena rubia.
— Tres minutos y te toca salir a bailar -avisó una chica del staff del evento desde el otro lado de la puerta.
— Gracias.
Di una última revisión general a mi aspecto cerciorándome de que todo estaba en orden.
Salí del camerino con una sonrisa amplia en los labios, pero unos infinitos nervios me invadían por dentro. Tan solo di un paso fuera y me encontré frente a frente con mi pareja de baile.
El saco rojo del traje de Asher acentuaba lo oscuro de su cabello y el pantalón. Debía ser un delito que aquellas prendas le quedarán mejor que a mi propio hermano. Una sonrisa adornaba su rostro.
— No te ves nada mal, Insoportable princesa.
— Lo mismo digo, Hades.
Ambos caminamos en dirección al escenario, aquel que se encontraba frente a un jurado que consistía en 3 personas, 2 de ellas mujeres.
— La siguiente pareja son Lyla Rosse y Asher Larren.
Subí los escalones junto con el pelinegro y tomamos nuestra posición en el escenario, una vez que estuvimos listos hice la seña para que iniciasen la canción que bailaríamos y casi de inmediato se empezó a escuchar la canción “¿Una vez más?” de Ela Taubert.
Era nuestro momento de demostrar lo que podíamos hacer juntos, esto era por lo que nos habíamos esforzado tanto en tan solo 5 días de ensayo.
Tomé una inhalación antes de dar dos pasos lentos, pero seguros, al centro del escenario para acercarme a Asher, quien me miraba con sus ojos azules completamente pendiente de mí.
Él extendió su mano izquierda con dulzura y la tomé sin dudar.
Di un paso adelante, luego uno atrás bailando con la misma confianza con la que habíamos ensayado en el estudio.
Ambos nos acercamos y Asher posó su mano en mi cintura pegándome a su pecho, mientras yo posaba mi mano izquierda en su hombro, entonces di un paso atrás, después uno adelante, para luego dar un giro lento y volver a quedar frente a él, encontrando sus ojos fijos en los míos.
Estábamos lo suficientemente cerca como para que pudiera sentir el calor que emanaba de su piel, pero lo bastante lejos para fingir que no todavía no pasaba nada entre nosotros.