Lyla Rosse | Insoportable princesa
— Entonces… ¿No tienes nada que contarnos? -indagó Jess tomando un sorbo de su vaso con agua.
Kyle, Andrew y Mark también me miraban con ojos curiosos, ansiando el chisme.
Alcé una ceja en su dirección.
— Nada que no sepas ya. ¿Crees que no sé qué tú le dijiste que libros conseguir? Me exhibiste muy fácil.
— Lo hubiera averiguado por su cuenta de todas formas. ¿Te recuerdo que él supo tu color, chocolate y banda favoritos sin que tú se lo dijeras?
— Eso sí es amor no como lo que hacía el imbécil de Zed, que ni siquiera se tomó el tiempo de saber tu color favorito -le secundó Mark.
Le miré de reojo dejando pasar su comentario, aunque de todo lo que dijo no había dicho ni una sola mentira.
— ¿Y entonces? ¿Nos dejarás sin saber el chisme, hermanita?
— Tú más que nadie lo debes saber porque seguramente Seren te lo contó en cuanto tuvo la oportunidad.
— Pues no. No hemos hablado desde ayer en la mañana.
Suspiré y me senté en una de las sillas libres del comedor, arrepintiéndome por un segundo el haber sugerido venir al departamento en cuanto terminara nuestro turno en la cafetería.
— Bien, ¿qué quieren saber?
— Todo, con lujo de detalles.
Rodeé los ojos y les empecé a contar todo, desde el concierto hasta el cómo me pidió que fuera su novia.
— ¿Y? ¿Aceptaste o fuiste capaz de romperle su corazón de hielo? -curioseó la pelirroja.
La miré mal. En algún momento creí que Asher era lo más parecido a un rey de hielo o al mismísimo dios del inframundo, ahora ya no lo creía más.
— Sí, Kyle. Acepté ser su novia. ¿Cómo no hacerlo si lo que buscaba en una pareja era a alguien seguro de sí mismo y atento conmigo? -mi sonrisa se amplió-. No es fácil encontrar a alguien que preste atención a los pequeños detalles y que sea tan detallista como para tomarse el tiempo de hacer y organizar sorpresas sin importar si son cosas materiales o citas.
Fue entonces que sentí un brazo rodearme por los hombros causando que mirara a la derecha, justo donde él se encontraba. Estaba tan concentrada en contarles todo con el más mínimo detalle que en ningún momento escuché que la puerta se abriera anunciando su llegada.
— Hola -saludó con una sonrisa casi imperceptible-. ¿Interrumpo algo?
No necesitaba mirar a mis amigos y hermano para saber que tenían una sonrisa en sus labios.
— No interrumpes nada. Solo estaba hablando con un cuarteto de cotillas -le sonreí con dulzura.
Él dejo de rodearme con su brazo para poder sentarse a mi lado.
— Supongo que ya están al tanto de la nueva noticia, ¿no? -preguntó en tono neutral.
Kyle asintió con entusiasmo, no haría el intento de fingir lo contrario.
— Lo estamos.
Mi novio me miró, en sus ojos vi que le divertía bastante la situación y para mi sorpresa estaba disfrutando de ser el centro de la conversación.
— La verdad era cuestión de tiempo -se encogió de hombros Mark tomando un sorbo de su vaso.
Los dos le miramos confundidos.
— ¿Cómo?
— Pues eso, los dos se traían ganas solo no lo admitían -soltó sin chistar- además en el concurso de baile se miraban con más intensidad de la necesaria para que fuera actuación.
Tanto Asher como yo nos quedamos sin palabras, mirándonos entre nosotros.
Yo fui la primera en desviar la mirada.
— Pero míralo. Es todo como… míralo -intenté defenderme extendiendo mis brazos señalándolo-. ¿Quién podría no caer ante ese atractivo?
Quizás debí quedarme callada porque una sonrisa coqueta ladeada apareció en el rostro de Asher, acercándose poco a poco a mí mientras yo sentía mi corazón latiendo frenético ante su repentino acercamiento y la obvia diversión en su rostro.
— Tú -respondió el pelinegro sin dudar.
— ¿Qué?
— Tú no caíste ante este atractivo -aclaró-. Al menos no lo hiciste tan rápido porque te recuerdo, insoportable princesa, que primero te fijaste en Zed.
Abrí la boca con un gesto de incredulidad sintiéndome ofendida por mucho que su declaración fuera verdad.
Incluso mis amigos fruncieron los labios impulsivamente y bebieron el líquido de sus respectivos vasos fingiendo normalidad.
Mi hermano carraspeó para romper la tensión que se empezaba a sentir en el aire, más que nada por mí.
— Todos cometemos errores, el lado positivo es que ella los corrigió tan pronto como pudo.
— Más que un error creo que fue la idealización -reconocí- además en un principio yo no te agradaba como para creer que tendría oportunidad contigo.
— En eso ella tiene razón, Asher -me apoyó la pelirroja- si algo le debemos reconocer a Zed son sus dotes de actor para fingir el papel de “soy perfecto”.