Lyla Rosse | Insoportable princesa
— ¡Feliz cumpleaños, insoportable princesa! -me despertó una voz conocida desde la puerta de mi habitación.
Una semana después de contarme su historia con Raine y Zed las cosas entre nosotros no podrían estar mejor porque, en lugar de distanciarnos o hacerme sentir insegura, hizo que apreciara la confianza y complicidad que empezábamos a tener en nuestra relación, sintiendo que, de alguna forma, se había fortalecido.
Me reincorporé chocando mi espalda con el cabecero de mi cama, formando una tenue sonrisa en mis labios. La verdad es que quería seguir acostada un rato más en lugar de ir a la facultad, pero ser despertada por mi propio novio en mi cumpleaños tampoco estaba mal.
Baje la mirada a las manos de Asher, las cuales sostenían un pastel que supuse sería de triple chocolate con el logo de Morat hecho de fondant al frente y una vela encendida al centro. Mi sonrisa se ensanchó.
— Gracias, Hades. ¿Puedo desayunar eso? -pregunté señalando directamente al pastel.
— Por supuesto que no, solo lo traje para que pidas tu deseo de cumpleaños.
— ¿Puedo desear no ir a la universidad y quedarme aquí contigo?
— Me encantaría, pero no podemos porque tenemos clase y tienes el taller de baile.
Hice un mini puchero que él ignoró acercándose a mí para colocar el pastel sobre mis piernas.
— Bien, cambiaré de deseo.
Consideré mis opciones hasta que una me pareció la mejor.
Deseo que mi relación con Asher dure por mucho tiempo.
Y entonces soplé la vela.
— ¿Me dirás tu deseo? -preguntó tomando el pastel de su lugar para dejarlo encima de mi escritorio.
— Claro que no -me quité las cobijas de encima, bajé de la cama y busqué la ropa que usaría en el día-. Dicen que cuando lo cuentas no se cumple.
Asher se giró en mi dirección para observarme de pies a cabeza con una sonrisa ladeada.
— Lindo pijama de Ironman.
Bajé la mirada a mi atuendo que, efectivamente, consistía en un short y una playera con el diseño del traje de dicho superhéroe.
Le lancé una mala mirada y con uno de los ganchos libres que había en mi closet lo amenacé.
— Una palabra más y te saco a patadas de mi habitación.
Él levantó las manos con inocencia y una curvatura burlona en los labios, acercándose a la puerta por la que había ingresado en primer lugar.
— Se vería mejor en el suelo.
Abrí mis ojos de la sorpresa.
— ¿Cuándo te volviste tan descarado y coqueto?
— En el momento en que aceptaste ser mi novia. Siéntete privilegiada.
Y dejándome con la palabra en la boca se encerró en su propia habitación para cambiarse antes de irnos a la universidad.
Tendí mi cama en 5 minutos, me di una ducha breve y terminé saliendo a la cocina a dejar el pastel en el refrigerador y desayunar algo rápido.
— ¿Estás lista para irnos?
— Sí, solo voy por mi bolso y nos podemos ir, pero que te quede claro que lo hago en contra de mi voluntad -pronuncié, señalándolo con mi dedo índice.
Él emitió una risa leve.
— Prometo que no te arrepentirás de ir.
Confíe en que así sería y volví a la habitación por mi bolso con los cuadernos y bolígrafos que usaba para tomar mis apuntes. Me acerqué con rapidez a su lado y salimos de nuestro hogar al estacionamiento.
Me dirigí al auto de Asher cuando él me detuvo por la muñeca negando con la cabeza.
— No, está vez iremos en el tuyo -avisó mostrándome las llaves de mi auto en su mano.
Cómo siempre, abrió la puerta del copiloto y me ayudó a subir designándose a sí mismo como el conductor.
Una vez dentro observé que se había tomado el tiempo de llenar los asientos de atrás con globos y algunos regalos que no me dejaría abrir hasta terminadas las clases.
Tras llegar a la facultad, bajar acompañada del pelinegro y acercarnos a nuestros amigos fui recibida con muchos “Feliz cumpleaños” y abrazos de su parte, incluso Selene y Tyler se habían unido a la felicitación.
— ¿Oficialmente tienes veintiuno? -inició la conversación el castaño con sus ojos verdes en mí.
— Sí.
Él se lo pensó un segundo y tras sonreír con diversión miró a mi novio.
— ¿Ya podemos decir que te gustan mayores?
Selene, quien se había quedado al margen hasta ahora, vio la oportunidad de unirse al juego.
— No, Ty, eso ya se sabía desde el principio.
— ¿Por qué será? ¿Le gustará sentirse más joven?
Asher caminaba a mi lado, tomándome por la espalda baja durante todo nuestro camino, giré levemente mi cabeza en su dirección encontrándome con que en lugar de molestarse se limitó a regresarles la sonrisa con el mismo gesto, aunque no se quedó callado.