Los tacones rojos de Hades

37— Sustos

Lyla Rosse | Insoportable princesa

Exactamente 24 horas después estábamos en una situación muy diferente, una no tan alegre ni eufórica.

Lo que yo pensaba que sería un sábado tranquilo, en mi habitación, acostada en la cama y con la única tarea de dedicarme por completo a escribir los últimos capítulos de mi libro terminó siendo todo lo contrario.

La única novedad de este momento era una muy mala decisión, la tercera peor en mi vida y, técnicamente, esta vez la culpa era completamente de Asher Larren.

— ¿Dónde se supone que estamos? -pregunté intentando ocultar mi tono alarmado al no reconocer la calle en la que había estacionado el auto.

El pelinegro vaciló antes de responder.

— No tengo la menor idea. ¿Puedes encender tu GPS para saber cómo regresar al departamento?

Me giré para mirarlo con los ojos muy abiertos.

— No hablas en serio.

— Pues bromeando no estoy.

— ¿Por qué no buscas la ruta desde tu celular?

— Porque tiene poca batería, la señal no está agarrando y por eso te pedí que lo intentes desde el tuyo. Creo que nos hemos perdido -su tono de voz era más calmada y serena que la mía.

— ¿Te lo parece? -ironicé con los brazos extendidos al aire, la paranoia empezaba a afectarme-. Estamos en una calle solitaria, en medio de la nada y sin saber cómo salir de aquí a las 10 de la noche.

— No seas tan pesimista, insoportable princesa. No estamos en medio de la nada, solo estamos en una calle que ninguno de los dos conoce, a oscuras y sin nadie cerca a quien preguntarle dónde estamos o cómo salir de aquí.

— Estas describiendo a la perfección lo que yo llamaría “en medio de la nada”.

Suspiré con resignación antes de tomar mi celular para redirigir nuestro trayecto, está vez de regreso. De milagro la aplicación agarró señal y pudimos encontrar la ruta para salir de ese barrio de mala muerte, donde lo único que había era terracería y unos cuantos faroles que alumbraban muy poco las calles debido a que sus focos estaban a nada de fundirse.

Aquella frase de “sustos que dan gusto” no aplicaba con nosotros en lo absoluto, o al menos para mí porque él seguía manejando el auto a lo largo de la calle en completa tranquilidad a la vez que yo era un manojo de nervios con la paranoia invadiendo cada poro de mi ser, eso sin contar que mi mente estaba creando una película de terror.

— La próxima vez que quiera hacer una escapada en carro sin un destino fijo recuérdame que es mala idea -bromeó Asher con una sonrisa burlona en labios, intentaba relajar el ambiente.

— No creo que sea un buen momento para bromas -le corté en voz baja mientras él conducía por dónde el GPS le indicaba.

No podría decir que era peor, si estar en medio de una calle solitaria, en auto, a las tantas de la noche o que de la nada salieran 3 chicos que no me daban buena espina en la misma calle por la que nos mandaba la aplicación.

— Asher -me alarmé-, acelera hacia la otra calle.

— Pero el GPS manda por ahí.

— Pues ya te digo que no me da confianza ir por ahí.

Percibí como aquellas siluetas empezaban a acercarse a nosotros con rapidez y mi pulso se aceleró.

— Hades, acelera -demandé por segunda vez-. No pienso descubrir qué planean esos tres y quiero salir con vida de aquí.

El pelinegro, aún divertido por mi reacción, aceleró en dirección a la calle que le había indicado dejando atrás a esos tres tipos. Una vez que me aseguré que no nos perseguían sentí mi corazón regresar a su lugar retomando un ritmo cardiaco más calmado, pero sin dejar de aferrarme al cinturón de seguridad.

— Estás muy alterada.

— Y tú estás muy tranquilo.

— Es un don, por algo me gustan las emociones fuertes -se burló tomando mi mano en la suya apartándola del cinturón.

Rodeé los ojos sin soltarlo.

¿Cómo es qué él no sintió el mismo pánico que yo?

— De haber sabido que esto pasaría me habría quedado en la comodidad de mi cama, viendo una película romántica o quizás escribiendo.

Él me dio una última sonrisa burlona antes de volver su vista al frente y seguir manejando en dirección al departamento por una calle más alumbrada y segura que la anterior.

— De haberlo hecho te habrías perdido de una experiencia única -contraatacó.

— Y también me habría ahorrado un trauma.

— Tenías que ser testigo de que había cumplido con ese punto.

Después de una hora de trayecto volvimos a la seguridad de nuestro hogar, aquel que estaba lejos de una calle desierta y oscura. Entré en mi habitación para, de forma inmediata, tirarme de espaldas a la cama. Asher me siguió de cerca.

— ¿Sigues molesta? -preguntó acostándose a mi lado, como empezaba a ser costumbre suya.

— No estaba molesta, solo asustada y envuelta en la paranoia.

— Princesa, ¿crees que te pondría en riesgo? -preguntó revolviendo su cabello oscuro con su mano mientras la otra estaba posada en mi cintura atrayéndome a él.



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En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 18.04.2026

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