Lyla Rosse | Insoportable princesa
La notificación en mi celular seguía mostrando el nombre de Asher y su último mensaje además de dos llamadas perdidas.
Suspiré tomando con demasiada fuerza el celular entre mis dedos.
Nuevamente vibró.
— ¿No piensas contestar? -cuestionó el castaño con cautela.
Miré la pantalla por tres segundos que se sintieron una eternidad.
— No sé qué decirle y tampoco quiero pelear.
— Entonces no lo hagas.
Alcé una ceja.
— ¿A qué te refieres?
— No todos los conflictos o discusiones deben terminar en gritos, Ly.
Sus palabras fueron un bofetón de realidad.
Cuando terminé con Zed caí en la misma dinámica, le enfrenté, buscó herirme con palabras, nos gritamos y me alejé de él.
Con Asher no quería ese mismo desenlace para nosotros.
La pantalla de mi celular me mostraba una amplia lista de llamadas perdidas, provocando que inhalara antes de regresarle la llamada.
Al primer tono me recibió su respiración pesada.
— ¿Dónde estás?
— En el departamento de Mark.
El silencio del otro lado erizó mi piel, traté de continuar.
— Necesitaba alejarme un momento.
Mark sonrió levemente, encaminándose a su habitación. En cambio, Asher se mantuvo en silencio hasta que soltó un suspiro.
— Tú… ¿Estás bien?
La pregunta me desconcertó, esperaba reclamos no preocupación.
— Sí.
— Me asusté cuando te vi bajar del auto -admitió.
Froté la mano libre contra la tela de mi ropa.
— Me lastimaste.
— Lo sé -su respuesta llegó con rapidez-. No debí reaccionar así.
— ¿Por qué lo hiciste?
Escuché un ruido, quizás se estaba acomodando.
— Pensé que estabas terminando con lo nuestro por miedo a que me fuera cuando intentaba decir lo contrario.
Cerré los ojos, sus palabras aflojaron el nudo en mi estómago.
— No quise compararte con Zed.
— Pero lo diste a entender.
Recargué mi cabeza en el respaldo del sillón cerrando los ojos.
— Es que, cuando mencionaste el tema de perder el control, pensé que estabas arrepintiéndote.
— No es así -se sinceró-, solo me aterró porque me importas, más de lo que crees.
Di un suspiro largo y volví a abrir los ojos centrando mi atención al techo.
— No sé cómo estar con alguien sin esperar que todo se derrumbe.
— Ninguno lo sabe.
Nos quedamos en silencio por algunos segundos. Asher lo rompió.
— ¿Aun necesitas espacio?
Me lo pensé.
Lo fácil habría sido un “sí”, aun sentía una necesidad de mantener la distancia, pero un impulso me hizo mirar hacia el pasillo por el que Mark se marchó y recordé sus palabras.
— No. Estoy cansada de seguir escapando y hacernos daño.
— ¿Mark está contigo?
— Sí, pero solo intentaba calmarme… -me interrumpió.
— Me hubiera gustado que eligieras quedarte en lugar de correr hacia alguien más.
Relajé mis hombros, pese a sentir un pinchazo en el corazón.
Tal vez hice mal al no quedarme y salir corriendo a casa de mi mejor amigo.
Tragué saliva con dificultad.
— No estaba huyendo de ti, solo necesitaba un consejo.
— ¿Funcionó?
— En parte.
No supimos cómo seguir la conversación, aun así, ninguno colgó.
— Lyla, gracias por llamar.
Sonreí apenas.
— Gracias por seguir aquí.
— ¿Volverás al departamento o quieres que vaya por ti?
Alejé el celular de mi oreja para ver la hora, ya era muy tarde para regresar por mis propios medios y pedirle ese favor a Mark no estaba en mis planes.
— Ven, por favor.
Escuché como soltaba aire aliviado.
— Estaré ahí en 10 minutos.
La llamada terminó poco después, sin embargo, me quedé mirando la pantalla negra por más tiempo.
No todo estaba solucionado y a pesar de ello los dos elegimos quedarnos intentando no destruirnos.
Asher Larren | Hades
Si hace algunos meses me habrían dicho que una llamada me dejaría exhausto probablemente lo habría tomado como una mala broma.