Lyla Rosse | Insoportable princesa
Mentiría si dijera que todo se relajó después de nuestro encuentro con Zed.
Para ser sincera dudé regresar en el mismo coche que él y consideré seguir con el proyecto en la casa de Kyle, pero hacerlo implicaba huir.
Estar bajo el mismo techo que Asher se sentía extraño tomando en cuenta que yo estaba sentada en la mesa del comedor mientras que él se encontraba en el sillón de la sala fingiendo interés en su propio proyecto.
El sonido del teclado de ambas laptop era lo único que resonaba por el lugar, incluso le miraba por ratos con la esperanza de que nuestros ojos se cruzaran.
No sucedió.
Abrí la boca varias veces, sin encontrar algo que decir que sonara correcto.
Resignada volví a bajar la mirada a la pantalla del computador.
El cursor seguía parpadeando desde hacía varios minutos, no lograba avanzar siquiera una línea a la presentación.
Suspiré frustrada, no estaba logrando nada con quedarme, por un lado, Asher seguía evitándome y, por el otro, no me estaba concentrando como debería en el proyecto.
Él seguía en la misma posición. Ni una sola vez se dignó a mirarme.
Me sentía un fantasma dentro de mi propio hogar, algo que, hasta hace poco, parecía imposible.
Asher solía acercarse a mí, buscaba cualquier pretexto para besarme o abrazarme por la espalda, incluso le recriminaba entre risas por estarme distrayendo.
Ahora parecía pensar demasiado cada vez que se acercaba a mí.
Hice una mueca. Ese simple pensamiento me revolvió el estómago porque nunca imaginé que podríamos perder nuestra complicidad con tanta rapidez.
Cerré la laptop con más fuerza de la necesaria.
El sonido bastó para que levantara la mirada en mi dirección.
Sus ojos azules se encontraron con los míos apenas una fracción de segundo.
Odié que volviera a apartar la vista.
Tomé mis cosas con rapidez, dispuesta a ir a mi habitación.
Estaba cansada de ser la única que buscara acercarse.
La silla rechinó en el momento en que me puse de pie, causando que Asher elevara la cabeza.
— ¿A dónde vas?
— A mi habitación, es obvio que necesitas espacio -solté con más resentimiento del que me hubiera gustado.
Escuché el sofá rechinar.
— No es eso -por su tono parecía agotado.
Dio un paso hacia mí provocando que contuviera la respiración.
Quería que se acercara y al mismo tiempo me molestaba tener que esperar a que lo hiciera.
Él se pasó la mano por la nuca antes de detenerse a pocos pasos de mí, dejando un espacio entre nosotros que antes no habría existido.
— No sé qué decirte o hacer -admitió.
Su honestidad provocó que abrazara aún más los papeles y la laptop contra mi pecho.
— Podrías empezar por dejar de evitar mirarme a los ojos.
Tal como pedí sus ojos subieron a los míos, denotando cansancio y algo más que no pude nombrar.
— Intento no arruinarlo.
El nudo en la garganta regresó.
No estaba viendo a alguien enojado, en su lugar lo vi asustado.
Lo peor era que tenía miedo de sí mismo y no sabía cómo podría ayudarlo.
Nuevamente dejé mis cosas sobre la mesa sin apartar mis ojos de él.
— Hades -la suavidad en mi tono me tomó desprevenida.
Di un paso hacia él acortando la distancia.
Esperaba que hiciera lo mismo, en lugar de eso permaneció inmóvil.
Sin embargo, lleve mi mano a su brazo con cuidado, sintiendo como se tensaba bajo mi toque.
— Asher, no soy de porcelana. No me vas a romper.
Él cerró los ojos solo un instante.
— No estoy seguro de eso.
Escuchar aquello me congeló en el acto.
— Entonces, ¿por qué cuando me acerco te alejas y si me voy me retienes?
— Porque eres lo más cercano… -se interrumpió a sí mismo bajando el tono de su voz- que he estado de ser amado -concluyó.
La sinceridad de sus palabras me dejó atónita.
Olvidé cualquier respuesta que hubiera pensado, porque Asher nunca hablaba así.
Él pasó su mano por su cabello apartando la mirada.
— No quería que vieras esta parte de mí -soltó una risa sin humor-. Ni siquiera yo sé qué hacer con ella.
Sentí una presión en el pecho que me obligó a reducir la distancia que tanto odié desde que llegamos.
— Es una lástima, porque ya la vi -el azulado de sus ojos volvió a verme-, y no pienso irme de aquí.
Asher permaneció inmóvil unos segundos más, como si le costará confiar en mis palabras.