Los tacones rojos de Hades

46— “Mi lugar favorito”

Lyla Rosse | Insoportable princesa

No supe en qué momento caí rendida y me dormí hasta que sentí que Asher me movía levemente el hombro para despertarme y poder observar el amanecer.

Su chaqueta cubría mi piel expuesta por lo que no sentía el frío del aire.

Traté de enfocar mi visión frotándome levemente los ojos intentando despertar de mi somnolencia.

El paisaje me maravilló.

Ver un amanecer sentada cerca de una cascada junto con Asher parecía una escena sacada de alguna película romántica y la verdad es que no me podía quejar al respecto.

Los tonos rojizos mezclados con el azul y naranja en el cielo se reflejaban sobre la superficie del agua dándonos una imagen indescriptible.

Me sentía feliz de haber recuperado una parte de nuestra complicidad y poco a poco retomar esa relación que extrañaba.

Solté un suspiro acurrucándome contra su pecho, mientras que me envolvía entre sus brazos.

— ¿Qué sucede? -susurró con dulzura en mi oído.

— Nunca me imaginé que podrías tener un lado tan… romántico. Tu lista tenía muchas actividades en pareja para ser casualidad.

Él rodó los ojos, aunque una sonrisa ladeada lo traicionó.

­— ¿No puedes simplemente disfrutar de la vista?

Sacudí la cabeza levemente en negación.

— No, me gusta este lado tuyo.

Le sonreí con ternura y nos quedamos en silencio por unos largos minutos sin querer romper con el momento.

— ¿Quieres regresar al departamento?

Asentí.

Por mucho que disfrutara la vista frente a nosotros, el aire se sentía cada vez más frío y una parte de mi ansiaba acurrucarse entre las cobijas de mi cama.

Estaba por levantarme por mi propia cuenta, pero Asher se adelantó y me cargó cual princesa en poco tiempo durante todo el trayecto de vuelta a su auto para llevarnos de regreso a nuestro hogar.

Al cabo de unos minutos Asher detuvo el coche en el estacionamiento y bajé del auto junto a él, con nuestras manos entrelazadas.

Unas horas después los rayos de sol que se colaban por mi ventana me iluminaron el rostro provocando que me removiera con incomodidad, pero apenas me moví unos centímetros un brazo me abrazó con fuerza por la cintura causando que abriera los ojos.

— No te levantes -murmuró con su voz ronca chocando con mi oído.

Afortunadamente mi hermano había decidido cerrar la cafetería ese fin de semana, así que no había nada interponiéndose entre nosotros y la tranquilidad que tanto ansiábamos.

Me giré para poder ver su rostro. La sonrisa en mis labios imperturbable.

— No me pensaba ir -le di un corto beso en los labios acariciando su pelo con delicadeza.

Asher entreabrió los ojos en cuanto sintió mi tacto.

— ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara o por qué me miras tanto? -murmuró adormilado.

Reí.

— No, es solo que extrañaba despertar a tu lado.

Sonrió con burla.

— Claro que extrañarías ver a un dios griego al despertar, insoportable princesa.

Rodeé los ojos sin que mi sonrisa se desvaneciera.

— Tal vez sea hora de cambiar tu apodo considerando que dormido dejas de parecer aterrador y “Hades” deja de tener sentido.

Tras un bufido y atraerme más a su cuerpo habló.

— Acabas de arruinar mi reputación.

— Si te hace sentir mejor tomaré la culpa, aunque eso aumente tu ego.

— ¿Crees que soy egocéntrico?

— Tal vez, un poco -intenté provocarlo.

Él soltó una pequeña risa antes de depositar un pequeño beso en mi coronilla.

— Pero te gusto.

— Depende del día -traté de esconder el tono burlón.

Asher abrió finalmente los ojos apenas entrecerrándolos.

— Mentirosa.

Su mano acarició mi cintura por encima de la tela de la camiseta de mi pijama.

Esta vez intenté no esconderme.

— Me gusta esta versión tuya.

Incliné un poco mi cabeza.

— ¿Cuál?

Se acercó a mi oído y con voz baja respondió.

— La que deja de huir si me acerco.

Su rostro quedó a centímetros del mío causando que mi corazón diera un pequeño vuelco.

No contesté.

— ¿No dirás nada? ¿Ni siquiera algo romántico?

Le brindé una sonrisa ladeada.

— ¿Ahora necesitas validación emocional?

— No, pero me gusta cuando viene de ti.

La intensidad en sus ojos no pasó desapercibida, incluso la sonrisa que empezaba a aparecer en sus labios me hipnotizó en tanto enredaba un mechón de mi cabello en su dedo.



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Editado: 01.06.2026

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