Lyla Rosse | Insoportable princesa
Caminar de regreso a los edificios donde se ubicaban las aulas de clase se sentía como un reto y con cada paso que daba sentía como el peso sobre mis hombros aumentaba.
Asher en ningún momento soltó mi mano, tampoco se molestó en fulminar a los curiosos, sabía que eso no ayudaría de mucho.
En cuanto llegamos al salón que me correspondía Mark estaba rodeando con el brazo el cuello de Selene, mientras que Tyler abrazaba por la cintura a Jess, Kyle seguía con la mirada fija y el ceño fruncido en el celular respondiendo con rapidez cada mensaje que leía. Supuse que seguía viendo las publicaciones.
Jess levantó el rostro en mi dirección y Tyler la soltó para dejarla acercarse a mí y envolverme en un abrazo.
— ¿Cómo te sientes preciosa?
Intenté sonreír sin mucho éxito.
— Tan bien como me es posible.
Jess miró a Asher con una ceja alzada.
— ¿Y tú? Creí que estarías buscando al responsable.
El pelinegro se encogió de hombros con rostro serio.
— Lo haría, pero todos sabemos que fue Zed o alguien cercano a él y buscarlo es caer en sus provocaciones.
Mark se acercó a Asher y colocó una mano sobre su hombro.
— Si en algún momento cambias de opinión me avisas, no me importara ayudarte a darle una lección.
Miré a ambos hombres cruzándome de brazos. Selene me imitó.
— No, nadie hará nada porque puedo solucionar esto por mi cuenta.
Tyler resopló levemente ocultando sus manos en los bolsillos.
— No te ofendas princesa, pero entiende que viéndolo por fuera se ve muy mal.
Suspiré asintiendo, me arrepentía profundamente de haber hecho esa apuesta en primer lugar.
— Lo sé, créeme que no era mi intención jugar con los sentimientos de nadie.
Asher me dio una sonrisa triste que solo yo pude distinguir.
— Sé que no planeabas enamorarte de mí en un inicio y admito que odio un poco eso, pero la gente está hablando sin saber.
Me dolió su confesión, pero agradecía su honestidad.
El castaño ladeó su cabeza un poco.
— Bueno, ese imbécil tampoco dejara de molestar hasta que logre recuperar la atención de Lyla. ¿Eres consciente de eso?
Los dedos de Asher se tensaron en mi cintura dejando claro que no tenía la intención de dejarme ir.
— Tal vez… solo necesitamos ser un poco más astutos que él -intervine.
Traté de fingir indiferencia, pero sabía muy bien que las demás personas alrededor me miraban con recelo o asco haciéndome sentir culpable.
Suspiré cansada.
Solo 8 horas y podrás irte a casa.
— Todavía podemos volver a nuestro hogar -insistió Asher al verme jugar con mi pulsera.
Jess asintió.
— Podemos decirle al profesor que te sentías mal y por eso te ausentaste.
Vacilé.
Era una sugerencia muy tentadora, pero al mismo tiempo era reconocer mi vergüenza y darle más poder a Zed.
Negué con la cabeza reiteradas veces.
— Estaré bien, no puedo esconderme toda la vida por miedo.
Asher me abrazó por el costado como si intentara darme ánimos.
— No puedo creer que en medio de una crisis puedan seguir derramando miel.
Reí secamente al escuchar el comentario de Tyler.
— Déjalo, es su manera de tranquilizarme.
— ¿Y funciona? -indagó el pelinegro con curiosidad.
— Sí, lo hace.
Kyle por fin guardó el celular en el bolsillo trasero de sus jeans y soltó un silbido que llamó la atención de todos.
— No puedo creer que te haya gustado ese idiota.
Me encogí de hombros.
— Ni siquiera yo lo entiendo, quiero decir, Asher me ha demostrado su amor y atención de mil formas que Zed parece alguien insignificante a su lado.
Mi respuesta hizo que mi pareja me jalara contra su cuerpo para poder envolverme entre sus brazos.
— A veces a la gente se le olvida que él tampoco es un santo -resopló Jess a nuestro lado.
Asher y yo le dimos la razón. Kyle sonrió con cierta malicia.
— Bueno, pero ahora tienes a Hades apoyándote.
Mi novio me miró con semblante tranquilo.
— Ella tiene razón, no dejaré que lidies con todo esto sola.
Y antes de que pudiera evitarlo Asher presiono sus labios sobre los míos en un corto beso que me robó una sonrisa genuina.
— Te quiero -susurré sin poder evitarlo.
— Y yo a ti, insoportable princesa.